Acciones que indignan

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El grupo de indignados que ocupó la plaza San Pedro llegó pensando que podían usar sin más la gran plaza del Vaticano como plataforma de lanzamiento de las propuestas de su movimiento. Una de las plazas públicas más famosas del mundo convertida en plataforma de lanzamiento de sus pretensiones, pero con el claro fin de llamar la atención mundial, cosa que lograron.

 

¿Se puede presumir como un derecho el ir a ocupar espacios de la plaza para lanzar cualquier tipo de consignas o mensajes? Se suponía que los indignados iban en plan pacífico para manifestarse en público, como otras personas lo hacen. Pero hay que ver qué tipo de consignas gritaban. Entre los eslóganes que lanzaban: «libertad», «no a la violencia», pero también «iglesia corrupta», «Papa criminal» o «que el Vaticano pague impuestos como todos». No era todo, uno de ellos, que llevaba una túnica con la frase «corazón indignado» también mostraba una pancarta que decía «álzate y anda». Por lo visto, son estas algunas de las consignas que gritan al mundo los indignados aprovechando la popularidad del momento.

 

¿Qué está pasando con muchos jóvenes que se adhieren a estos grupos novedosos de activistas; qué ideales tienen y qué pretenden enseñar o imponer a la sociedad? Creyeron que sería muy fácil ir a acampar, pero además algunos iban con toda la intención polémica de insultar la misma persona del Papa, a pocos metros de donde imparte sus mensajes. Hablan de la Iglesia («iglesia corrupta»), con los viejos y resabidos eslóganes, repetidos hasta la saciedad por mucha gente que los oye, pero sin reflexionar los transmite de boca en boca.

 

Uno de ellos hace el teatro vestido de túnica y muestra una pancarta con el escrito «álzate y anda», alusión clarísima a unas palabras de Jesús. Por mucho menos que eso en el mundo islámico ese joven ahora sería perseguido y tendría que esconderse.

 

¿Tienen derecho estos a “indignarse” (pero ¿de qué cosa?) o llamarse tales? ¿Hay algún derecho al insulto, a la descalificación gratuita donde siempre –o casi- el dedo apunta hacia la Iglesia católica y sus representantes? Es curioso que si se habla mal de otras religiones es un delito y la cosa resulta peligrosa para los culpables, pero en cambio si se habla mal del cristianismo y se insulta a sus representantes, entonces solamente se trata de libertad de expresión.

 

Lo que sí parece es que les gusta el título de víctimas y presentarse así ante la opinión pública pero culpando a los “demás” de quién sabe qué cosas ellos reivindican. Lo que sí parece es que toda persona con sentido común tiene derecho a indignarse ante acciones como estas donde ciertos individuos utilizan el insulto, las formas vulgares, la violencia verbal, como elementos comunes de sus protestas. Fueron precisamente algunos indignados quienes en agosto del año pasado en Madrid, insultaron y acosaron con bajezas a los jóvenes católicos que asistían a la Jornada Mundial.

 

Hace algo más de una década surgieron los grupos de protesta, que invadían las calles de las ciudades donde se llevaba a cabo alguna de las reuniones de los países del G-8. Algunos de esos grupos se hicieron más violentos hasta desembocar en los tristemente célebres “Black blocks”. Ahora, el año pasado surgieron los ocupistas de las plazas con el nombre de “Indignados del 15M”. Unos y otros surgieron en momentos de crisis económica mundial, donde mucha gente ha perdido sus trabajos pero las grandes bancas salen a flote por los macro-rescates de gobiernos. ¿Simple coincidencia?