Blog de Jaime Septién

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Jaime Septién, periodista católico
Updated: 1 hour 38 min ago

Depende de nosotros

11 December, 2012 - 13:37

México tiene un nuevo Presidente. El viejo PRI vuelve a Los Pinos. Muchos dicen que se trata del mismo partido pero de una nueva sociedad. No estoy tan seguro de que esto sea así, aunque quiero creerlo.

Recién acabo de leer México sin sentido, del filósofo Guillermo Hurtado. En él habla de una reforma moral que es la única que puede sacar a México de la postración material, humana y social en la que se encuentra. Hurtado no es un filósofo católico. No necesita serlo: está a la vista de todos que «en México el valor está supeditado al poder, cuando debería ser al revés».

Hurtado propone «organizar nuestra educación moral en torno a las virtudes», lo cual tomaría tiempo, exigiría sacrificios y, sobre todo, exigiría que el poder fuera noción de servicio. ¿Está preparado el poder para dejar de serlo? ¿Está preparada la sociedad para supeditar al poder y hacerle contrapeso?

Hasta el momento ni uno ni lo otro. Porque hemos sustituido la doctrina social cristiana por un «posibilismo» pragmático en el que todo vale porque no hay nada superior al deseo de los hombres. Y nos dividimos en optimistas o pesimistas. En ambos casos el futuro va a ir mal o va a ir bien sin nuestra participación. Lo cual es servirle al autoritarismo nuestra cabeza en bandeja de plata.

Para recuperar el sentido, México ha de dar el brinco hacia una organización social virtuosa, donde cada uno ponga lo que está de su parte por el bien de los demás. Eso es la democracia entendida como una forma de vivir (y no como un método de elección política). En ese sentido, la Iglesia tiene mucho qué decir. El asunto es que la oigan. Y que nos hagamos oír.

Publicado en El Observador de la Actualidad

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¿Por qué tan poca euforia?

11 December, 2012 - 13:34

Muchos se preguntan hoy –incluso priístas— ¿por qué si el presidente Enrique Peña Nieto se impuso con tanto margen a sus contrincantes y pudo hacer gabinete a modo, cuenta con un Congreso más o menos a modo y tiene toda la fuerza de los gobernadores del PRI, el ambiente no es de euforia, ilusión, mínimamente de esperanza?

Yo tengo mi propia respuesta, que va mucho más allá del fraude en las urnas, la imposición del Trife, las tarjetas pre pagadas o el sketch de Televisa. En realidad, los mexicanos no es que estemos pesimistas u optimistas con respecto a la vuelta del PRI a Los Pinos (antes era esto sinónimo de haber o no haber obtenido hueso), es que no sabemos cómo estamos. Lo peor: no sabemos ni siquiera qué pasó el pasado mes de julio.

Sí, claro, el texto breve aquel de Tito Monterroso: despertamos y el dinosaurio estaba ahí. Nunca se fue. Todos llevamos un priísta dentro… Los 100 mil muertos de Calderón, las frivolidades de Fox, los controles de Elba Esther y las incapacidades del “gabinetazo” o del club de amigos de los sexenios anteriores. La buena percha del presidente, su romance de telenovela, el manejo del innombrable… Pero: ¿son ese cúmulo de lugares comunes explicaciones convincentes para entender el raquitismo, la anemia y la pesadumbre que invade miles de corazones en México?

No lo creo. Hay algo mucho más de fondo. Y es mi hipótesis. Dice Christian Salmon (Storytelling, 2010) que detrás de las campañas electorales victoriosas “se esconden las aplicaciones técnicas del storytelling”. Y que “el Imperio ha confiscado el relato”. Un par de afirmaciones que pasarían por esotéricas de no dar —creo yo— en el clavo. ¿Qué es el storytelling? El nuevo arte de la mercadotecnia, ya no para vender una marca (un partido político) o un producto (un candidato), sino para contar un relato al público (al consumidor, al votante). Casi como si dijéramos, el arte de contar un cuento al mercado (de compradores, de ciudadanos con credencial) sobre una ficción que nada tiene que ver con la marca o el producto que se promueve, sino con la emoción o el sentido de vida que suscita en los demás.

En el tema político-electoral, el storytelling ejemplifica el triunfo de Bush (una nación poderosa), de Sarkozy (una nación que defiende su identidad), de Merkel (una nación locomotora de Europa) o de Obama (una nación de inmigrantes que vuelve a creer en sí misma). Es por eso, porque se trata de verdades a medias (o mentiras completas pero muy bien dichas), por lo que “el imperio ha confiscado el relato”. Antaño la lucha por el poder se ganaba con artimañas propias del poder (las amenazas, las dádivas, el puesto, el presupuesto). Hoy se gana contando historias para que la gente recite una letanía: el PRI es el partido oficial de México y Peña Nieto el abanderado del nacionalismo posmoderno; es capaz de reescribir la estrategia de Sherezade: la construcción de la ilusión (de que vamos a tener paz, salir de pobres, caminar por alfombra roja con el país de la mano).

La poca euforia que se percibe en estos días no tiene que ver con que el dinosaurio estaba ahí cuando despertamos. Tiene que ver —creo yo— con lo que sucede cuando vemos un anuncio de televisión que nos encanta (por los paisajes, la escenografía, los actores, la música, el diálogo, la iluminación, el eslogan…) y nos invita a comprar algo que no alcanzamos a saber para qué nos sirve, pero que parece necesitarnos rabiosamente.

Publicado en el periódico El Universal Querétaro

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Perspectivas de un nuevo sexenio

11 December, 2012 - 13:29

Enrique Peña Nieto es, desde el 1 de diciembre, nuevo Presidente de México. Nuevo por su triunfo en las urnas. Antiguo, pues proviene de un modelo de acción —el del PRI— que se basa en la hegemonía de la política sobre la sociedad y del Estado sobre el ciudadano. Está en su ADN el control. Y el manejo siempre puntual, siempre profesional, de esa cosa tan difusa pero tan efectiva que se denomina en el argot “los tiempos”. Es decir, el uso y el abuso de lo políticamente correcto.

No dar brinco sin huarache, pues. Peña Nieto como Carlos Salinas o Ernesto Zedillo, pertenece a una nueva camada priista. La de los formados en el liberalismo económico y en el estatismo virtual. La solidaridad y la subsidiaridad, principios básicos de una sociedad que quiere crecer, están codificados por un rasgo de posibilismo que las remite al rango de políticas secundarias. Si esto es así, en todos los ámbitos, los medios de comunicación no habrán de ser excepción, brillará por su ausencia el cambio y campeará por sus respetos la componenda.

Los concesionarios estarán muy contentos. Y le echarán toda la carne al asador para que la sociedad esté contenta. Pan y circo. Por lo demás y este hecho no lo puede pasar por alto ningún analista medianamente informado de qué va la cosa en México, Peña Nieto llega a Los Pinos tras un montaje televisivo maravilloso, casi se diría, un montaje digno de la mayor casa relojera suiza. Las piezas del storytelling embonaron a la perfección: el chico bueno que salió de Atlacomulco, que vino de la nada política a suceder a su padrino en la gubernatura, que creció como la espuma, enfrentando una muerte penosa de su mujer, una boda casi real con artista de telenovelas, haciendo de tripas corazón el asunto de los hijos y las aventuras fuera de casa, bien parecido, que recita su lección, que perdona a doña Josefina y a don Andrés Manuel los exabruptos en su contra, que gana sin despeinarse y que va a proyectar a México a los grandes titulares de las revistas del corazón…

Nada podría ser más atractivo para una sociedad educada a la manera de Televisa. La seguridad de que tenemos por fin a alguien que puede disputarle a Felipe de Borbón la exclusiva de Hola! abona y rinde frutos en grandes capas de la sociedad. Existe la esperanza —muy flaca— de que la frivolidad de este storytelling diseñado por avezados despachos de publicidad, se convierte en una vida buena para el cincuenta por ciento de la población mexicana que vive en condiciones de pobreza.

Sin embargo, el problema de guiones tan bien redactados es que los actores no se pueden salir del papel ni improvisar un rato. Tienen que seguir el hilo del parlamento sin desviarse una coma. Y la historia que nos contaron, con final feliz el pasado mes de julio, adolece de un asunto fundamental: peso. Es liviana, endeble, fragilísima. México no está para eso. De la frivolidad de Fox a la tozudez de Calderón a la nada. La democracia está en un pantano. Glamuroso, pero pantano. Espero equivocarme. Espero que ya nos decidamos a crecer. Por nosotros mismos.

Publicado en Revista Siempre!

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No condenar

3 December, 2012 - 13:22

Durante mi doctorado en Madrid, tuve un profesor comunista que se burlaba de la Iglesia a troche y moche. Pero cuando llegaba a hablar de Juan XXIII, invariablemente decía que ese Papa si era creyente, porque si no lo fuera, no habría nunca convocado al Concilio Vaticano II. El Papa Juan creía en la Providencia. Y se atrevió a lanzar la iniciativa del concilio no porque fuera un revolucionario, sino porque era profundamente conservador. Sabía muy bien que los verdaderos progresistas son los grandes conservadores: los que ven adelante desde la raíz.

Las reformas radicales nunca han tenido sentido. La visión de Juan XXIII y de Pablo VI fue la misma: la Iglesia tiene que ver al mundo y dejar a un lado la noción simplista y un poco burocrática de que es el mundo el que está obligado a ver a la Iglesia.

Hay un tema fundamental que, yo creo, marca el «espíritu» del Vaticano II: la ausencia de condenas. Unos días antes de la apertura del concilio, 1962, al Papa Juan le fue comunicado que tenía cáncer. Nombró a su confesor, monseñor Cavagna, asesor en los trabajos previos y en las primeras sesiones del concilio. Una ocasión le llevó un borrador y el Papa sacó su regla de doble decímetro. Midió la longitud de condenas y de alabanzas que el borrador contenía. Y le dijo a monseñor Cavagna:

–Aquí se contienen quince centímetros de condenas y sólo dos de alabanzas. ¿Así es como vamos a entendernos con el mundo?

Ni condenar ni hacernos víctimas. El mundo espera de nosotros lo que Dios espera de nosotros: avanzar en el amor. Hubo un concilio ecuménico hace 50 años. Y ésa fue su consigna. Hoy debemos, todos, volverla a poner en práctica.

Publicado en El Observador de la Actualidad

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Un gesto

3 December, 2012 - 13:15

El presidente municipal de Colón, Alejandro Cabrera, ha puesto un ejemplo que, sin temor a equivocarme, merece el aplauso. Sucede que Cabrera encontró un “precipicio financiero” (le llaman “boquete”) de 30 millones de pesos —y contando—, fruto del buen ejercicio que la anterior administración del municipio queretano había llevado a cabo. Lejos de lamentarse ante los medios o ir con el gobierno estatal a ver qué le daban, él y los regidores decidieron unilateralmente reducir su salario en un 20%; 50% en participaciones y 10% adicional a los funcionarios de “primer nivel”.

Nada más con esta medida, Alejandro Cabrera, regidores y funcionarios van a ahorrar un millón de pesos mensuales. En 30 meses, sin endeudarse, sin morirse de hambre, sin quitarle a la gente la poquita obra que se puede hacer en los municipios del interior del estado, lavarán las culpas de la gestión anterior y pondrán de nuevo a Colón en capacidad de exigir que otros (gobierno estatal y federal) se pongan las pilas y revisen sus políticas de asignación de recursos públicos hacia ese municipio, que resguarda, entre otras maravillas, la Basílica de Nuestra Señora de los Dolores de Soriano, patrona de la Diócesis de Querétaro y centro nacional de peregrinaciones.

Bien mirado, Alejandro no va a mermar su Hacienda. Su ingreso de 100 mil pesos bajará a 79 mil pesos al mes; salario bastante competitivo, sobre todo si miramos el escalafón de sueldos en un país con 62 millones de pobres (cuyos ingresos no llegan a los 4 mil pesos mensuales). Pero también es cierto que los políticos de este país no se distinguen por sus ejercicios de austeridad y enmienda de los errores (o aciertos) de sus antecesores. Echan la culpa muy campantes. Luego, a chillar para poder vivir del presupuesto. Cabrera ha puesto el dedo en la llama: si quieres servir, lo primero que tienes que hacer es dejar a un lado tu propio interés y ver el de la comunidad. Punto. Lo demás son lamentos y jeremiadas.

Hay otras medidas que está propiciando el presidente municipal de Colón, de las que dio cuenta EL UNIVERSAL el sábado pasado. No creo que sea el sitio para discutirlas. Quiero, simplemente, tomar un par de aspectos relevantes que, ojalá, cundieran en otros lares, en presidencias municipales o gubernaturas en que los funcionarios se sirven con la cuchara grande, viendo que el país se les desgaja y se les cae frente a sus narices.

“La palabra mueve pero el ejemplo arrastra”, dice el refrán popular. Y es así. Sin testimonio no hay valores. Los valores no son nada si no hay alguien que dice “yo”. Alejandro Cabrera lo ha dicho. También sus regidores y funcionarios. Enhorabuena. No es populismo. Es realismo. Lo segundo: se es presidente de un municipio, no de una empresa personal. Los fallos o los aciertos de la anterior administración son cuestiones que el nuevo ayuntamiento debe asumir. Se trata de instituciones públicas y, como tales, deben responder.

No hay nada más horroroso que una presidencia que niega el pasado, que hace depender todo del presente y que deja colgados a miles que hicieron tratos con una institución. Eso esconde ganas de seguir delinquiendo. De lo contrario, como también ha sido ejemplo Colón, se demanda penalmente a los que robaron y se aprieta uno el cinturón.

Publicado en el periódico El Universal Querétaro

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Balance de un sexenio

3 December, 2012 - 12:48

Al concluir el sexenio de Felipe Calderón, queda un resabio de transición frustrada. Por lo menos en lo que cabe decir de los medios de comunicación de masas y de la regulación estatal de las concesiones a los medios electrónicos. En ningún lado apareció la democratización de la democracia.Es decir, no hizo fuerza la idea del cambio o de reforma a un sistema de privilegios que dona a pocas manos —casi dos— la posibilidad de expoliar la economía y abaratar la conciencia de millones de mexicanos.

Desde luego, en este sexenio destaca la ominosa muerte de periodistas de ambos sexos, reporteros, camarógrafos y un largo etcétera, fue la nota brutal del ámbito de la comunicación pública. La puesta en marcha de un modelo de guerra frontal en contra del narcotráfico y del crimen organizado, el discutido sacar el Ejército y la Marina a las calles, trajo aparejada la muerte de más periodistas que nunca en nuestra historia moderna, convirtiendo a México en uno de los países más peligrosos del mundo para el ejercicio de esta tarea. El más peligroso en el Continente.

Lo he dicho a lo largo de los años, en esta columna, cada vez que un nuevo caso se agregaba a la ristra de sangre: si el periodismo se ejerce bajo amenaza de muerte, la sociedad está tocada, también, de muerte. La desconfianza cunde. Y el miedo. Son los dos grandes elementos (antidemocráticos) que hacen naufragar todo intento de participación social en los asuntos de la “polis”. En lo que respecta a la televisión abierta, nada se hizo en contra del aberrante estímulo consumista que ésta detenta en exclusividad (mejor sería decir: en impunidad).

Los 148 mil millones de pesos gastados por la gente en el último buen fin, demuestran a quien quiera verlo que México se ha convertido en un gran casino. Su contraparte, las casas de empeño, ha crecido hasta abarrotar las ciudades medias del país. La invitación al consumo irresponsable, que día a día bombardea nuestras casas, ha motivado, colateralmente, la proliferación de la usura disfrazada de dinero en minutos. Las familias se endeudan hasta la saciedad. No pueden pagar los altísimos intereses del plástico. Tienen que acudir a lo que antaño se denominaba el Montepío. Quedan contra la pared. Viven pensando en qué cosa podrán empeñar mañana para poder retener el nuevo icono del prestigio postmoderno: la pantalla de plasma en la pared del tugurio.

Felipe Calderón puede haber tenido aciertos, como por ejemplo la propuesta del apagón analógico. Pero su paso —como el de Fox— al frente del Ejecutivo en lo que respecta a las comunicaciones sociales, quedó deslavado por la fuerza de la costumbre de darlo todo a las alianzas por conservar el poder y el mando. Y encima, perdió Los Pinos.

Publicado en Revista Siempre!

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Locura

19 November, 2012 - 09:20

Un día cualquiera, por ejemplo, el pasado martes 13 de noviembre:

• En la localidad del Pilar, en Andalucía, un hombre encontró a su hijo muerto en el refrigerador de su casa. Lo mató mamá.

• Las procuradurías estatales de México reportan entre 2008 y 2011, 14 mil 300 personas reportadas como “desaparecidas”.

• En un cine del oriente de la capital de México, la policía confirmó que un niño de 10 años fue asesinado de un balazo… mientras veía una película con su padre y su hermana.

• En el DF, 7 de cada 10 consumidores de drogas han sido extorsionados por la policía y 2 de cada 10 han pensado en suicidarse estando drogados.

• En Estados Unidos, el titiritero de un personaje de Plaza Sésamo salió del programa infantil tras reconocer que mantuvo una relación sexual… con un niño.

• En Inglaterra, dos altos directivos del área de noticias de la BBC renunciaron a sus cargos, acusados de abuso infantil.

• Ahí mismo, en Londres, el cantante Elton John y su «esposo», David Furnish, anunciaron a la prensa que «esperan» su segundo hijo…

• Académicos proponen que haya clubes sociales para fumar mariguana en el Distrito Federal porque en EE. UU. algunos estados han legalizado fumarla «con fines recreativos» (NOTA: Mientras México pone los muertos, ellos se divierten).

Es, apenas, un breve paseo por el mundo actual y nuestra circunstancia. Crímenes, drogas, infanticidios, abusos, corrupción, cinismo… Esto es lo que los «progres» llaman «progreso». Que cada quien haga lo que quiere y que, por encima de cada quien, no haya nada ni nadie. Libertad absoluta, reclaman los «progres» y sus corifeos, los idiotas. No saben que la libertad es conciencia de los límites. Y que es obediencia a Dios. ¿Cuándo la locura de hacer «lo que me nace» ha sido libertad?

Publicado en El Observador de la Actualidad

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Doble moral, palabrotas y asesinatos

19 November, 2012 - 09:08

Las televisoras estadounidenses pueden pasar lo que quieran en horario nocturno, pero son vituperadas si a un actor se le sale una grosería en horario matutino. En una serie de la Warner vi que un actor decía: “No disfruto matando gente, pero lo hago bastante bien”. Mientras tanto, el canal nacional ABC y el actor Tom Hanks tuvieron que disculparse públicamente porque Hanks dijo una palabrota en vivo, durante el programa matutino Good Morning America.

El Consejo de Padres para la Televisión, un organismo social que se esmera en rechazar lo que ellos llaman una intromisión en los hogares norteamericanos, puso el grito en el cielo porque Tom Hanks fue exigido por la conductora de Good Morning America, Elizabeth Vargas, a hablar como habla su personaje en la nueva película del astro del cine llamada Cloud Atlas. Aunque balbuciendo, Hanks dejó escapar una grosería, de las miles que los conductores mexicanos dejan escapar cada mañana (imaginen a Brozo sin palabrotas). Parecía como si Hanks, la ABC y Elizabeth Vargas hubieran emprendido un complot para volar las estructuras del lenguaje estadounidense (Chesterton solía decir que Estados Unidos e Inglaterra eran dos países separados por una misma lengua). Todos tuvieron que disculparse.

El canal televisivo retiró sus emisiones para el centro y el oeste del país, y quitó siete segundos de la entrevista con Hanks. El Consejo de Padres pidió, finalmente, que esta conducta no vuelva a repetirse. Amenazaron con boicotear la emisión. Y ante tamaña amenaza, no hay quien no quiera pedir perdón. Allá sí funciona un consejo de usuarios. Aquí, ni de relajo. Cierto que se trata de una nimiedad. Se cuela el mosquito y se deja pasar el camello.

Las series estadounidenses cada día son más enredadas. Cada vez proliferan más las matanzas gratuitas, las parejas atípicas, las groserías y las palizas, el uso de mujeres-objeto, de hombres-objeto, del consumo insensato. Todo eso pasa sin la menor restricción, suponiendo que los niños ya están en la cama. Pero saben muy bien que no es así. Saben que los niños son los que principalmente guían las decisiones de compra de la familia norteamericana.

Y en la televisión abierta, sólo se trata de vender. “Ésta es solamente una más en la larga lista de, tristemente, muchas otras situaciones similares. Las cadenas han permitido muchas veces este contenido inapropiado y ofensivo que llega a cada una de las salas del país a través de sus canales de televisión”, señaló Dan Isett, director de políticas públicas del Consejo de Padres. Es cierto, pero uno quisiera un poco más de congruencia.

Centrarse en una grosería y no considerar un crimen el parlamento de un sujeto que dice que se le da bien matar gente, es tirar petardos en el bosque. Y dejar que el poder corruptor de la industria de la imagen prevalezca como el poder verdadero del siglo XXI.

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Un “caballero” a la medida del nuevo capitalismo

19 November, 2012 - 09:03

Cuando el secretario estatal del Trabajo, Tonatiuh Salinas, ordenó el cierre temporal de la empresa coreana Sam Won, proveedora de Samsung y situada en el parque industrial Querétaro, estaba aplicando, sí, una medida cautelar en contra de la planta y de su supervisor Kim Jaeoak, pero también en contra de un malestar intangible que recorre el modelo de trabajo del nuevo capitalismo, mismo que Richard Sennett analiza y define en un libro fundamental llamado La corrosión del carácter.

La agresión con golpes de artes marciales de Kim Jaeoak en contra de su “compañero” Jorge Alberto Zamora Esparza, ha dado la vuelta al mundo. Captado por las cámaras internas de la empresa fue trading topic de YouTube en poco tiempo. Y no era para menos. El “caballero coreano”, sin decir agua va, le pega un par de patadas y un golpe en la cabeza a Zamora Esparza, le manotea, lo insulta (supongo) y encima, valiéndose de su condición de “superior” coreano, en una empresa de capital coreano, hace que lo echen del trabajo. Cuando menos, en lo que se ve, Zamora Esparza es, más bien, un tipo pacífico.

Se ha procedido contra el coreano por las vías laboral y penal, pero Kim Jaeoak no se ha tomado el tiempo de presentarse a rendir declaración. Ni para presentar nada de nada. A lo mejor él piensa —junto con sus jefes— que hizo bien al patear al mexicano. Al fin y al cabo, ¿qué es lo que los liga a uno con el otro? Una escena como la que hemos visto en el interior de Sam Won es el reflejo de las consecuencias brutales en el carácter del trabajo y de los trabajadores en el nuevo capitalismo, ése que puede situar en el corazón de Querétaro un capital que proviene de Seúl y que tiene que responder a los intereses de Seúl. Hay 350 trabajadores más en Sam Won. Seguramente ninguno —quizá ni Kim Jaeoak— saben para quién trabajan. El nuevo capitalismo —dice Sennett en su investigación— hace desaparecer bajo las nubes de la indiferencia la pregunta fundamental de todo ser humano en el trabajo: ¿quién me necesita?

En realidad, nadie. Soy prescindible como un peón en el ajedrez. Peor aún, como mexicano en una empresa coreana, ¿qué pitos toco yo aquí? Debo trabajar ciegamente para ¿quién? Los nuevos amos, escribe Sennett, han rechazado las carreras en el antiguo sentido inglés de la palabra, como caminos a lo largo de los cuales la gente puede viajar; los caminos de acción duraderos y sostenidos son territorios desconocidos. Esto es lo que le pagamos. No le vamos a respetar nada de las leyes laborales de su país. Tampoco le aseguramos que vaya usted a ascender a ningún puesto. Si se queda aquí es bajo su responsabilidad. Cierto que no está bien que le peguen patadas voladoras, pero tampoco está tan mal. Después de todo, usted puede largarse en cuanto quiera…

El carácter de los trabajadores —su conexión con el mundo, su visión íntima de ser necesario para los demás, su posibilidad de ver en la compañía, en la empresa, en la fábrica un destino compartido— se va corroyendo hasta llegar a los exabruptos del “caballero” Kim Jaeoak y sus trancazos. Es lo que está colectando un régimen de propiedad que no les da a las personas “ninguna razón profunda para cuidarse entre sí”. Un modelo despiadado que, para preservar su legitimidad, medra con la necesidad y aprovecha la reiterada abulia de países como el nuestro para crear empresas, fomentar carreras y construir horizontes de vida buena.

Publicado en el periódico El Universal Querétaro

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El espíritu de la cristiada sigue vivo

5 November, 2012 - 13:20

Tras el éxito de la película Cristeros , protagonizada por un reparto multiestelar, se está exhibiendo la película Los últimos cristeros , del joven cineasta mexicano Matías Meyer. Un filme poético, que recupera el relato de Antonio Estrada, Rescoldo, sobre los ecos de la guerra cristera en el estado de Durango, cuando ya todo parecía «arreglado» entre la Iglesia católica y el gobierno.

Hijo del gran historiador de la cristiada, Jean Meyer, Matías Meyer respondió a este breve cuestionario sobre su película:

En México, con la desaparición del «último cristero», ¿Se ha esfumado el noble espíritu de la cristiada?

–El espíritu de la cristiada yo diría que es un espíritu libertario y de resistencia, no creo que haya acabado, pero sí se hace más rara hoy en día la valentía.

¿Es posible, en su película, descubrir «el corazón cristero»? ¿Cómo es ése “corazón”?

–Yo creo que en mi película está mi interpretación del corazón cristero; es una visión subjetiva, desde mi punto de vista. El corazón cristero es uno, con una convicción pero también con dudas.

José Luis Martínez, Juan Rulfo, Jean Meyer han dicho que Rescoldo es la mejor novela cristera, ¿usted aspira a que la adaptación que hizo de la novela sea la gran película que esperaba la cristiada?

–No me atrevería a decir esto. Desde luego, hay un entendimiento que busca traducir de manera auténtica la esencia del movimiento. Pero va más allá de la cristiada, es una lucha mítica, como la lucha de David contra Goliath por ejemplo.

¿Cómo el cine puede revivir no la historia sino una epopeya que ha tratado de sepultar la historia oficial?

–No la revive, pero le da una representación a lo que no había sido representado.

El Observador de la Actualidad

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La guerra y el humanismo

5 November, 2012 - 13:01

Si don Efraín González Luna —fundador e ideólogo del PAN— hubiese sido consultado por el hijo de uno de sus mejores amigos sobre si se justificaba, desde la plataforma de su partido, emprender una guerra contra los enemigos de la patria o contra el crimen organizado, hubiera respondido, tajante, que no.

Don Efraín había tenido contacto, en 1942, con el gran filósofo cristiano Jacques Maritain. Habían trabado, incluso, amistad a partir del encuentro que tuvieron ese año, durante el Congreso Interamericano de Problemas Sociales, celebrado en Estados Unidos. Pero ni la fama ni el indudable influjo que tuvo Maritain —autor de Humanismo Integral en la concepción del “humanismo político”, piedra angular del PAN propuesta por González Luna— impidieron que éste se opusiera a la tesis de Maritain —influido, en 1943, por la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial— a la inhibición, así fuera temporal, de la norma jurídica.

Maritain se planteó en un artículo si la guerra obligaba a los agredidos a la justa represalia y a prescindir, aunque fuera por un lapso corto, de “ciertas reglas jurídicas”. Hoy diríamos a prescindir, momentáneamente, del respeto a los derechos humanos. El filósofo francés decía que la respuesta debería quedar en suspenso porque la guerra de Hitler estaba en su apogeo y no tenía capacidad para dar una solución de fondo a esta interrogante del corazón cristiano. Sin embargo, en un artículo de La Nación (número 67, 23/I/1943), don Efraín señalaba que ese simple titubeo de Maritain era un signo ominoso de lo que estaba pasando en el mundo, que arrastraba a las mejores mentes a abrir, así fuera de manera subrepticia, las puertas a la violencia y al crimen.

El combate a los agresores —sustentaba González Luna en su escrito— debe hacerse basado en la justicia. La justicia no carece de armas; un eficaz sistema de prevenciones y sanciones contra los transgresores de la norma era, y en esos momentos más que nunca, una tarea indeclinable de los servidores del espíritu (Cinco Cristianos en Política, Imdosoc 2005). El fin, nobilísimo y necesario de librar a la sociedad de sus enemigos, no justificaba los medios. Era echarle leña al fuego. El razonamiento del humanismo político, del humanismo integral, del humanismo cristiano de Maritain y del propio PAN tenía (y tiene) que estar muy arriba de cuestiones personales, de banderas y de actos circunstanciales, aunque urgentes. La guerra no exime del respeto a los derechos humanos. Más bien lo exige, para no prolongarla. Sujetarse a lo transitorio puede significar cancelar lo trascendente. Mirar el árbol hace perder el bosque. No está en juego algo menor durante una guerra, sea en contra quien sea: está en juego el alma humana.

Se diría que González Luna teorizaba desde México y que Maritain padecía lo que estaba sucediendo en Europa. ¿Eso invalidaba su pensamiento? ¿Invalidaría hoy que, en la guerra contra los cárteles de la droga, se exigiera el primado de la justicia sobre el recurso pragmático de la superioridad de fuego? Cientos de críticos de la estrategia seguida por el hijo de don Luis Calderón Vega piden la superioridad de fuego contra el crimen. Otros, que se meta el polvo debajo de la alfombra. Pocos hablan de las armas, de la justicia. ¿Será porque no le ven armas? ¿O porque, como don Felipe Calderón, se prohíben usar las buenas y viejas armas del humanismo para enfrentar una guerra?

Publicado en el periódico El Universal Querétaro

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Amanda Todd

5 November, 2012 - 12:53

El pasado 10 de octubre, sin que mediara una acción delictiva, según el parte rendido por la policía montada de Port Coquitlam (Columbia Británica) de Canadá, “apareció” en su casa el cadáver de la jovencita de apenas quince años de edad Amanda Todd. Suicidio por causas no conocidas, reiteró el parte policiaco. ¿No conocidas?

Desde hacía tres años, la vida de Amanda, ventilada por Internet, era un infierno perfectamente conocido por varios cientos, quizá miles, de usuarios de la red en su distrito, en su país. La historia detrás de esta tragedia es la siguiente: Amanda Todd fue convencida, a los doce años de edad, de mostrarles sus senos a un pederasta de los que abundan en Internet. Un año más tarde, el mismo acosador le exigió con chantajes de “colgar su foto” en Facebook si no posaba desnuda para él. La chiquilla —amedrentada, solitaria, indefensa ante la maldad del estúpido hostigador— lo hizo. Y su foto fue colgada, al día siguiente, en el perfil del sujeto (a quien la organización colectiva de piratas informáticos Anonymous descubrió) y distribuida a sus familiares, a los maestros y alumnos de su escuela. El calvario de Amanda estaba servido.

Hija de padres divorciados, sola en el mundo, trató de burlar el cerco que le había tendido la red en su versión perversa. Cambió de escuela, de nombre, de ciudad. Nada le hizo alejarse del estigma. Cada paso que daba la hundía más en el hostigamiento. Fue golpeada por sus compañeras, fue expulsada de las escuelas donde se inscribió, fue arrojada al cepo de Internet, donde no hay piedad ni cercanía sino persecución, mofa y salivazos.

El padre de Amanda, el único que parecía darse cuenta de algo, aunque muy remotamente, iba por ella a la escuela y la depositaba en la casa. La dejaba picarse los brazos, tomar alcohol hasta embrutecerse, usar drogas. Una vez bebió lejía para matarse, pero la salvaron a tiempo purgándola en un hospital. Otra vez más intentó suicidarse tomando pastillas.

Hizo el video —un mes antes de suicidarse— que hoy es una referencia en You Tube: “Mi historia: lucha, acción, suicidio, daño”. En nueve minutos, sin una sola palabra, a través hojas tamaño carta cortadas a la mitad, narró todo lo que sabemos de ella. Al final, lanzó un SOS al mundo: “No tengo a nadie, necesito a alguien. Mi nombre es Amanda Todd”.

Silencio. Más burlas. Más brutalidades. ¿A quién sorprendería que un mes más tarde, su cadáver apareciera tirado en cualquier rincón de su casa? A nadie, salvo a la policía canadiense, que todavía está investigando las causas del suicidio…

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Cuando la tele enseñaba a rezar

29 October, 2012 - 13:52

Los de mi generación se habrán de acordar de La Familia Telerín, seis niñitos de caricaturas, que cantaban «Vamos a la cama que haya que descansar, para que mañana podamos madrugar…». La caricatura duraba un minuto y la música era del español Antonio Artea, quien fue autor, entre otros temas musicales, de la serie de dibujos animados «Don Quijote de la Mancha». Me viene a la mente esto, pues Artea recientemente murió.

El «Vamos a la cama» lo cantamos la primera generación de niños televidentes. Unas imágenes que concluían con los hermanitos de La Familia Telerín arrodillados en la cama, rezando. También en la canción de Topo Gigio, el ratoncito que pedía a Raúl Astor su «besito de buenas noches» y se iba «a la camita», daba gracias a Dios por el descanso y por el día siguiente.

¡Qué tiempos aquéllos! Ahora parecería imposible que la televisión mexicana pusiera a las 9 de la noche un aviso a los niños de que es hora de acostarse. Lo mejor es que estén pegados hasta las tantas, viendo puro sexo, crimen, abusos y estupideces disfrazadas de comicidad. Lo mejor es que vean, desde chiquitos, anuncios de condones, de disfunciones eréctiles y de mujeres usadas como objetos de atracción sexual.Uno de los efectos colaterales de esta exposición brutal a la televisión «adulta» de los niños es la violencia a la que asiste, entre perplejo y humillado, nuestro país.

En 1993, el filósofo liberal Karl Popper clamaba por la existencia de una «patente» para producir televisión. Como un título médico. Porque tiene a millones de conciencias en sus manos. Nadie le hizo caso. La tele que enseñaba buenas costumbres, la tele que enseñaba a Dios, quedó ocupada en otras cosas: anunciando sexo y frituras.

El Observador de la Actualidad

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La forma de ser de las noticias

22 October, 2012 - 12:39

Las noticias televisadas, ¿son una parte cualquiera de la programación? En México, la televisión comercial, así lo ha querido dar a entender. Y así lo ha querido “vender”. Al igual que en los programas de entretenimiento, se escudan en el dicho de que “es lo que la gente pide”. Pero no es lo mismo un albur que la promoción de un candidato o la remoción de una iniciativa de ley. No, no es lo mismo; ni es igual.

En su ensayo Noticias y ciudadanía; el telespectador, el poder y el debate público, Hugh O’Donnell interpreta el hecho noticioso de la televisión, quitándole el velo de inocencia. Los noticiarios responden a una “lógica” diferente a la de la mera información. Quieren hacerse pasar por “testigos” de la realidad cuando, en muchas ocasiones, son ellos los que construyen una percepción de la realidad que la modifica en los términos en los que se la da al público. Se trata de dos verdades paralelas.

La primera, la que vive la gente; la otra, la que ensambla el medio informativo. La estructura narrativa de las noticias está inexorablemente ligada a la suma de las fuerzas hegemónicas dentro de la sociedad. El medio no es el mensaje por sí mismo. El medio se ha convertido en el definidor de lo que debe ser correcto pensar y creer de algo o de alguien. Es, pues, el creador de una forma distinta de percibir que, a la larga —por ejemplo, en las urnas— se convierte en una forma diferente de actuar de la gente (con respecto a lo que “podría” hacer o decir si no fuera televidente continuo). Generalmente no les creemos a los noticiarios televisivos. El nivel de confianza en los conductores, salvo Carmen Aristegui, anda por los suelos. Pero eso no es “culpa” ni de los conductores ni del público. Es producto de la forma en la cual interactúan los diversos poderes que se dan cita en nuestra sociedad: el poder político, el económico, el mediático, el sindical, el patronal… Y que trabajan por encima de ellos —de los conductores— y de nosotros —los espectadores.

Por eso, dice O’Donnell, “aquellos que desean un cambio deberán pensar en cómo alterar esa correlación de fuerzas más que en dónde situar la culpa”. Dicho en términos más llanos: que la información televisada sea un manipuleo de la conciencia hacia determinados fines de consumo (de prospectos políticos, de inversiones bancarias, de objetos cotidianos, coches, casas, terrenos, jabones) o determinados caminos de acción (votos, confianza política, asistencia a estadios) poco tiene que ver con los emisores y los receptores, y mucho con aquellos a los que AMLO refiere como “los de arriba”. Son los que definen la agenda de lo significativo y lo intrascendente. Significativo es cómo quedó la bolsa hoy; intrascendente es una reforma constitucional sobre derechos humanos en México.

Publicado en Revista Siempre!

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La apuesta por el otro

22 October, 2012 - 12:18

La nota corrió como reguero de pólvora en las redacciones de medio mundo: “se va el Newsweek”. Tras casi ocho décadas de existencia, tirajes espectaculares, formar criterio de revista informativa, crear parte del género, la revista estadounidense Newsweek, buque insignia del imperio del norte y de su forma de entender los asuntos del mundo, dejará de circular en su versión impresa en diciembre de 2012.

Va a dar el brinco hacia el continente digital. ¿Qué significa esto?, se preguntaron los periodistas de todo el mundo, sobre todo los de la “vieja guardia”, los que todavía traen las manos olorosas a tinta y al lápiz de la libreta de apuntes. Es, dicen los enterados, la nueva tendencia de los medios impresos, que son ya como elefantes en cristalería: caros, difíciles de producir, de almacenar, de distribuir. Aunado a que la gente “ya no lee”, el coctel está servido. Si se va Newsweek del mercado, ¿qué nos queda a nosotros?

Salvo Time, no había otra revista más poderosa en Estados Unidos que Newsweek. Se cuenta que las dos pierden dinero. Los lectores y los agentes de publicidad están migrando hacia lo digital. La apuesta está perdida, se rumora en los corrillos de prensa. Todo es una cuestión de tiempo. Nadie está peleado con su dinero, y menos Newsweek (como buena empresa estadounidense). De nada valió la compra de Sidney Harman a The Washington Post Company en agosto de 2010 y la fusión con la empresa de noticias de internet The Daily Beast tres meses después. El papel cae y la revista digital crece: el sitio web de Newsweek tiene más de 15 millones de usuarios únicos cada mes: aumentó 70% comparado con el último año.

En un comunicado, los responsables de la revista de noticias afirman que “dejar el formato impreso es un momento extremadamente difícil para todos los que amamos lo romántico del formato impreso y la camaradería semanal única de esas horas intensas antes del cierre del viernes por la noche (…) Pero ya que estamos a punto de llegar a nuestro octagésimo aniversario en un año, tenemos que mantener el periodismo que le da a la revista su propósito y alistarnos para el futuro totalmente digital (…) La decisión no tiene que ver con la calidad de nuestra marca o nuestro contenido, que son tan poderosos como siempre. Es sobre las dificultades económicas de imprimir y distribuir la revista”. Newsweek Global, la versión digital, estará disponible vía suscripción a partir del mismo mes. Y va a representar una segunda etapa del semanario, ahora dirigido a usuarios de tabletas y smartphones, más que a los que buscan noticias desde su propia computadora.

¿Es el destino fatal de todos? No lo sé, ni puedo saberlo. Solamente creo que se quedarán los que justifiquen el impreso. Es decir, los que vuelvan a las viejas maneras de hacer periodismo. Por ejemplo, aquellos que, como Ryszard Kapuscinsky, se dediquen a hacer periodismo literario, un tipo de periodismo en el que importa el otro, en el que el periodista se siente solidario y responsable del otro. No responsable de su vida, ciertamente; sino responsable de su camino. Del camino conjunto. Se quedarán los que sepan que mientras haya vida habrá libertad de leer. Porque la lectura en papel, tan vieja y tan rica, es eso: libertad absoluta. Regalo divino. Un lector de papel es 10 mil lectores digitales que pasan por encima de la nota, como una nube veloz por encima de un campo baldío. Al menos esto creo yo.

Publicado en el periódico El Universal Querétaro

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La sombra del Nobel

17 October, 2012 - 12:09

La literatura china me es totalmente ajena.  Cuando nombraron al Premio Nobel de este año, el escritor de 57 años Mo Yan, personalmente di vuelta a la página.  Como con Gao Xinjang, premiado en el 2000 y cuya obra La montaña del alma  me pareció inaccesible, Mo Yan estaba muy lejos de mí.  Y digo «estaba» porque una entrevista suya me reveló que es un escritor con el que puedo tener afinidad.

En 2010, Mo Yan concedió una entrevista a Phoenix TV, un canal de Hong Kong, en la cual hizo esta confesión: «Personalmente creo que la política del hijo único es una mala política. Si no hubiera habido la política del hijo único, yo habría tenido dos o tres hijos». Y es que el segundo embarazo de su mujer coincidió con su ascenso a oficial en las fuerzas armadas. Otro oficial compañero suyo acababa de ser degradado por tener un segundo hijo: «Temí recibir el mismo castigo, así que decidí no tener más. Si no hubiera sido por mi egoísta ambición, le habría dejado a mi mujer tener un segundo o incluso un tercer niño. Pero empleé un elevadísimo argumento para convencerla de que abortase: debíamos seguir la política del Partido y la política de la nación. Ese aborto se convirtió en una cicatriz perpetua en lo más profundo de mi corazón, se convirtió en una gran sombra en mi corazón».

Mo Yan, en su última novela, cuenta la historia de un ginecólogo rural que se dedica a dar a luz a unos niños y a abortar a otros para ejecutar la política del hijo único…  Una política atroz, que muchos alaban porque no viven dentro de ella.  O porque les importa más la economía que la vida.  O que la libertad.

Publicado en El Observador de la Actualidad

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Cuidado

17 October, 2012 - 11:58

Decía hace poco, en su sermón, un padre franciscano de La Cruz que el diablo es “aquél que divide”.  Crear división entre los hombres y entre uno mismo y el corazón, es parte de su objetivo primordial: es como “gana almas” para el infierno.  La mayor astucia del diablo es hacernos creer que no existe, según algunos pensadores. Yo creo que su mayor astucia es hacernos creer que es intrascendente, que se puede jugar con él, que nada o muy poco tiene de maligno.

Nuestro idioma tiene muchos juegos de palabras y bromas que involucran al diablo, y hasta lo hacen simpático.

Hay personas que dejan que se les diga “El diablo”, alguna de ellas dirige una de las empresas más grandes del país.  Hay equipos de futbol que son “Diablos” (generalmente rojos),  Y si un jugador burla a su contrario, los cronistas califican el lance como “una diablura”.  Por supuesto, el refrán “más sabe el diablo por viejo que por diablo”, ayuda a darle características de anciano sabio, bonachón, poco pendenciero.

Nos equivocamos.  Dejamos abierta la puerta para que entre a nuestra intimidad.  Si lo creemos poca cosa, se va a disfrazar de poca cosa, hasta que haya tomado posesión de su víctima.  Y entonces comprobará su crueldad.  Mientras tanto, decimos al niño travieso; “es un diablillo”, y en las pastorelas lo ponemos como un verdadero imbécil.

Hay que saber que existe y es enemigo.  Sin embargo, lo que difundimos no es su maldad, sino aquello que nos han pintado con cuernos y cola: un monigote de trapo al que cualquiera le puede encender el rabo.  No es así. Mejor cuidemos el lenguaje.  En las palabras cotidianas se nos puede meter el diablo y va a ser difícil sacarlo de nuestra vida.

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Miguel de Cervantes y nosotros

17 October, 2012 - 11:17

El mes de octubre, para el mundo de la cultura en México, tiene una estación definida: Guanajuato. Un nombre: Miguel de Cervantes. Un apelativo: el Cervantino.

¿Quién de nosotros no ha acudido al menos una vez a las plazuelas y los templos; a los callejones y las escalinatas del Teatro Juárez o al jardín de La Paz a dejarse envolver por la magia del inmortal autor de Don Quijote? La mayor parte de los asistentes no conoce a Cervantes, habrán leído algún pasaje del Quijote, el de los molinos de viento, contarán en su acervo de citas algunas del “Caballero de la Triste Figura” como aquella de “ladran los perros, Sancho…” Pero nada de esto impide el goce del espíritu. Porque las buenas iniciativas culturales son eso: un goce mayor al que aspiramos todos los seres humanos.

La extensión del Cervantino a los estados como Querétaro, más que un premio de consolación, debería convertirse en un reto para los gobiernos y para la sociedad. Lo mismo que la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Construir una identidad cultural requiere de talento, más que de recursos. El problema es que el talento que hay en los estados se pierde, generalmente, en los laberintos de las decisiones burocráticas: casi siempre hay “algo más importante que hacer” en la agenda gubernamental que traer teatreros, malabaristas y saltimbanquis a infestar las calles de libertad.

No quiero cerrar los ojos a lo que, en sus 40 años (lo inició en 1972, oficialmente, el maestro Enrique Ruelas, impulsor de los Entremeses Cervantinos) ha tenido de superfluo el festival. Miríadas de borrachos se dan cita para hacer otras cosas diferentes a la cultura. Escaparate de veleidades políticas, de gobiernos corruptos y de creadores insulsos, el FIC ha podido conservar prestigio gracias al propio Cervantes. Ha convertido a Guanajuato —con la ayuda de personajes como Eulalio Ferrer— en la capital cervantina de América.

Comparada con otras obras de relumbrón en el país, la cita cervantina no es cara. Sin embargo, a los gobiernos estatales, cuando se les presenta un proyecto cultural digamos, 75% menor en costo, se les hace un dispendio. Poco o nada saben los funcionarios de lo que es invertir en cultura. Saben —y mucho— de invertir en captura de votos y en promoción audiovisual de carreteras y puentes. El tránsito rodado por encima de la lectura, la expansión del espíritu, la elevación de la dignidad y del desarrollo humano que es lo que se cuece alrededor de festivales como el de Guanajuato o de ferias como la de Guadalajara.

Mi maestro y admirado Pedro Laín Entralgo solía decir que la lectura nos hace ser nosotros mismos, nos hace ser de otro modo, nos hace ser más… Lo mismo puede decirse de espectáculos como el Festival Internacional Cervantino. A más de alguno llegará a tocarlo; a muchos los ha tocado, aunque sea de manera tangencial. El recuerdo de una plaza iluminada con farolas y unos actores aficionados haciendo El retablo de las maravillas quedará grabado en la memoria del más alejado de Cervantes. Algo lo cambiará.

En 1972 Echeverría quería un festival brilloso. Pugnó por ir a Acapulco. La comunidad cultural y los guanajuatenses pelearon para que la experiencia del maestro Ruelas tuviera subsidio federal. Lo lograron. No sé si valga el ejemplo. Igual ahora se va a Toluca… ¿Y Querétaro? Ya es tiempo de algo grande y fuerte aquí. El barroco no tiene emblema. Y la poesía religiosa menos.

Publicado en el periódico El Universal Querétaro

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Apertura, mercado y competencia

17 October, 2012 - 11:12

Ignoro si éstas hayan sido las palabras exactas de Eduardo Pérez Motta, presidente de la Comisión Federal de Competencia (CFC) durante su intervención en la Semana de Políticas Pro Consumidor, porque habló con un tono inusual en quienes tienen ese tipo de representación. Dijo que sería bueno que el sector telecomunicaciones se abra a la inversión extranjera para mejorar la oferta y la competencia “con jugadores clave”.

Los monopolios han de haber recibido con frialdad las declaraciones de Pérez Motta. En telecomunicaciones, como en tantos otros sectores de la economía mexicana, la concentración en pocos “jugadores” ha sido la estrategia seguida por el gobierno federal para asegurar el control político. Y, de paso, cubrirse las espaldas unos a otros: los gobernantes y los dueños de los monopolios.

Pérez Motta, según lo reproduce el periódico electrónico Animal Político, subrayó su condena de la poca competencia que hay, por ejemplo, en televisión abierta. Dos “jugadores”, dijo, “concentran todo el mercado”. Más adelante señaló que “en este país donde hay 55 millones de gente muy pobre que no tiene acceso al mundo mas que la TV abierta, no podemos darnos el lujo de no abrir”.

La oscura declaración del titular de la CFC es reflejo de lo que, en general, se considera a la televisión: un pasatiempo y una “ventana al mundo”. Pero tiene la virtud de poner en cuestión el que necesita un revulsivo: “mucha gente dice que no caben más de dos (cadenas), bueno, pero que lo diga el mercado”. El mercado mexicano está teledirigido. No hay conciencia de la necesidad de abrir la televisión, porque los monopolios le han enseñado que ellos les dan todo lo que necesita: la prueba está en que los gobiernos los siguen “favoreciendo” con sus concesiones en todo el país.

Sin embargo, puede cambiar este nivel de conciencia: no porque vengan algunos monopolios extranjeros —que serían más de lo mismo—, sino porque se abriera un debate nacional para introducir el tema de la televisión pública, de la televisión regional, de la subvención del Estado a modelos alternativos de programar y distribuir imágenes.

Mostrar a la gente que otra televisión sí es posible. A lo mejor Pérez Motta no estaba pensando en eso cuando dijo: “hagamos un buen diseño de licitación y que sea el mercado el que defina si quieren entrar o no, pero no nosotros los burócratas”. Bueno, es casi seguro que no estaba pensando en eso. Pero dejó entrar algo de aire a una habitación cerrada a piedra y lodo. Y eso es ganancia. Sobre todo entre los burócratas de las telecomunicaciones.

Publicado en Revista Siempre!

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Código 750

11 October, 2012 - 09:32

Hace unos cuantos días recibí un mensaje de correo electrónico que captó mi atención desde el principio.  Se trataba de ser mexicanos de tiempo completo, adquiriendo productos cuyo código de barras comenzara con el 750.

¿Qué hay detrás de esto?  Productos hechos en México.  El código de barras de los alimentos, las bebidas, la ropa, los enseres domésticos, no es una etiqueta más.  Esas barras verticales con números inferiores y diversas separaciones entre una y otra, a nuestros ojos dicen muy poco.  A lo sumo que el producto está controlado y no circula a la buena de Dios.  Pero a los ojos del lector óptico dicen muchísimo: de dónde proceden, qué clase de producto es, sus características de inventario…

Lo que interesa ahora es el código del principio.  Los que inician con 690 hasta el 695, son productos chinos.  No se trata de declarar la guerra comercial al país del Oriente.  Se trata de proteger nuestros empleos y a nuestras familias, no a las de ellos (no entro en las condiciones infrahumanas en las que muchos chinos trabajan y producen, ni en el dumping con el que llegan a México).  Esto no es un nacionalismo inútil: es solidaridad de la más pura y madura.

El mensaje de correo electrónico decía: «Si cada mexicano consumiera al mes 800 pesos de productos nacionales (en vez de importados) estaríamos invirtiendo 70 mil millones de pesos al mes en nuestra economía».  No sé si el número es exacto.  Lo que sí sé es que representa una manera sencilla de contribuir a mejorar las cosas en el país.  Y quienes tenemos el mínimo poder adquisitivo deberíamos comenzar por hacerlo.  En lugar de quejarnos todo el tiempo de lo mal que estamos y de las injusticias del TLC.

Publicado en El Observador de la Actualidad

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