La aguja que llevaba el hilo. Habla la hermana de un Legionario de Cristo.

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La aguja que llevaba el hilo. Habla la hermana de un Legionario de Cristo

Su primera respuesta fue: “Julieta, la Legión es de Cristo; la Legión es una gran costura al servicio de la Iglesia y el único autor es Dios nuestro Señor”. Me lo dijo con tanta paz y serenidad, con tanta bondad y seguridad, que no dudé que era mi hermano el que me respondía. Esas fueron sus primeras palabras. Después vinieron otras contestaciones que hoy, en honor a la verdad y a la caridad, me permito compartir junto a algunas reflexiones personales.

Ya es de sobra conocida la noticia acerca de la relación del padre Marcial Maciel con una mujer de la cual procreó una hija. Yo no pertenezco al Movimiento Regnum Christi pero es innegable el dolor que como hija de la Iglesia me produjo también a mí esa información. 

Cuando hablé con mi hermano, que es Legionario desde hace 8 años y conocido en el mundo del periodismo católico en español, le invadí con preguntas, pues en ese momento mi desconcierto no era para menos: ¿entonces también eran verdad los rumores de años anteriores sobre el padre Maciel?, ¿conocían toda esta situación los Legionarios y lo habían encubierto?, ¿cómo entender todo este meollo y qué sucedería con la congregación en el futuro? Jorge Enrique me las fue respondiendo con esa claridad de mente y cordialidad de palabra que siempre ha tenido.

Desde un comienzo me llamó mucho la atención el reconocimiento público que la misma Legión de Cristo hizo de las informaciones que ahora conocemos. En los diferentes países, los voceros dejaron claro que el dato sobre el padre Maciel era incompatible con su condición de sacerdote. Y me golpearon y me conmovieron profundamente las palabras de perdón que el padre Álvaro Corcuera, actual superior general, expresó en una carta del 4 de febrero de 2009

Según me dijo mi hermano, él conoció la información acerca de su fundador hace poco más de un mes. En la conversación que tuvimos no me ocultó el dolor natural que experimentó cuando su provincial, en un ambiente de confianza y bondad paternal, se lo comunicó. A esa primera reacción de dolor, que le arrancó no pocas lágrimas, le siguió una certeza de fe que le ha mantenido incólume: “Dios me llamó a seguirlo a Él y por eso hoy más que nunca renuevo mi amor al plan de Dios en mi vida como religioso cofundador Legionario”, me enfatizó.

Los Legionarios de Cristo confiaban plenamente en el padre Maciel. Nadie había encubierto nada porque ninguno fue testigo presencial de hechos negativos. Al contrario, todos veían el bien que el fundador hacía y si únicamente apreciaban esto tangiblemente, ¿podía dudarse de una persona así? Además era el director general. En este contexto, resulta comprensible el aprecio que muchos otros hombres de Iglesia sentían también hacia el fundador de la Legión.

Cuando pregunté sobre las acusaciones de abusos sexuales que pesaban sobre el padre Maciel, mi hermano me recordó que en 2006 la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) decidió no iniciar un proceso canónico y pidió al implicado retirarse a una vida de oración y penitencia. Al actuar así, se podía entender que la CDF dio credibilidad a algunas acusaciones. No obstante, no hubo un proceso ni se emitió un juicio. Al respecto, sigue sin haber evidencias conclusivas sobre casos concretos. También me hizo recordar que el padre Maciel dejó de ser superior general en 2005.

Después del comunicado de la Santa Sede del 19 de mayo de 2006, durante la enfermedad anterior a la muerte del padre Maciel (30 de enero de 2008) y después de finado, instancias competentes de la misma Legión de Cristo, en cercanía y dependencia de los organismos correspondientes en la Santa Sede, vieron la necesidad de investigar sobre la vida del fundador. Conocidos los resultados que hoy sabemos, y dado que ante todo se trataba de un asunto de familia y de una persona difunta, se informó personalmente a los Legionarios y miembros consagrados del Regnum Christi. 

Como era de esperarse, no pocos medios informativos hicieron eco de la nota sobre la “otra vida” del padre Maciel y dedicaron amplios espacios a comentar el acontecimiento. Salvo contadas excepciones, la mayoría de los comentaristas, ya de forma escrita, ya de modo hablado, desviaron su atención hacia la Legión de Cristo y así comenzó el encarnizamiento.

Me ha llamado la atención la cobertura que se ha brindado a este suceso puntual. También soy periodista –locutora de radio para más señas–, y como tal jamás me he contentado con fuentes imprecisas, con datos inexactos, con informaciones parciales, con juicios premeditados. Me ha costado constatar que algunos colegas han llenado de odio sus expresiones, de mofa sus palabras y de prejuicios sus razonamientos. 

En no pocas columnas y artículos, en no pocos programas y noticieros, he vuelto a leer y a escuchar ese estigma que pesa sobre las obras que son de Dios. No justifico al padre Maciel, pero como creyente me queda claro que la Legión de Cristo, una congregación religiosa reconocida y apreciada por la Iglesia, no es sinónimo del fundador: Legión de Cristo no es igual a Marcial Maciel. Ante todo, porque el fundador fue el instrumento, pero no el autor de esta gran obra. La Legión es de Cristo.

Aprovechándose pues de este suceso, he leído a quienes cuestionan el origen de la Legión, a quienes arremeten contra los Legionarios acusándoles de retraídos mentales bajo la bota de un modelo de pensamiento impuesto a fuerzas de lavados de cerebros, tanto para ellos como para los miembros del Regnum Christi; he leído difamaciones como que sus centros de formación son lupanares de vicios y las obras de apostolado que impulsan meros monumentos de egolatría colectiva. He leído graves acusaciones que van más allá de la evidencia y de la verdad (por ejemplo que algunos Legionarios sabían de la otra vida de Maciel y que lo ocultaban). 

No, no es todo. También he leído a quienes, so pretexto de su papel como formadores de la opinión pública, se han constituido en tribunales eclesiásticos dictando sentencias y pontificando sobre el futuro de la Legión en caso de no seguir sus consignas infalibles. Abundan los comentarios negativos, privados del más mínimo rastro de caridad cristiana, ya no sólo hacia un muerto, que ya se presentó ante el tribunal más justo de todos, sino también hacia una institución católica cuyos frutos de entrega y generosidad de todos los que la componen superan por mucho cualquier falaz intriga. Se habla de ella como congregación sin norte, como entidad sin apoyo de la Santa Sede y de los obispos. 

Sí, me ha pesado. Me ha pesado que juzguen a personas inocentes, a quienes desde siempre se han mostrado, a pesar de su fundador (o acaso he decir, sin temor ni temblor al hacerlo, gracias a él), a la vanguardia del amor y de la fidelidad al Magisterio de la Iglesia y al Papa. 

El error de uno no es el error de todos. Esto es más que comprensible. Me ha dolido constatar que algunos de esos comentarios vengan de “católicos” como George Weigel, quien la “fama” le ha convertido en poco menos que dictador de la política eclesial, señalando qué debe –y qué no–  hacer la Iglesia con la Legión y atreviéndose a afirmar que el carisma propio de esa familia religiosa está en decadencia (olvidándose así que el carisma también lo da y mantiene el Señor).

Y también me he quedado estupefacta cuando al leer algunos blogs que abordan este caso, y las notas que en ellos dejan los cibernautas, hallo sentencias todavía más escalofriantes que ponen en duda incluso la santidad de Juan Pablo II al considerarlo protector consciente de las así llamadas “fechorías de Maciel”. 

Y me pregunto, quienes así conceptúan, ¿viven al menos coherentemente su fe? En no pocos casos, quienes han abordado este tema, ni siquiera son creyentes y otros tantos, aún considerándose tales, están más lejos de la enseñanza moral de la Iglesia que el mismo caso particular que ponen en tela de juicio. Nunca podemos olvidar, incluso en situaciones concretas como ésta, que el principio rector del cristianismo es el amor hecho perdón y que una ley de la lógica es aquella que dice: “toda afirmación universal en materia contingente, es falsa”.

Sorprende que ahora muchos digan que conocen a un Legionario de Cristo y que él les haya declarado que hay una crisis interna en la Legión y miedo por el futuro. ¿Por qué no citan el nombre? 

Admira toparse con hipótesis que se aventuran a decir los orígenes de la relación de Maciel y del conocimiento de la hija por parte de los superiores Legionarios desde hace años. Lo raro es que muchos “ya lo sabían” (¿y por qué no nos lo habían dicho antes?), pero no nos dan ni los nombres ni las fotos de la otra parte implicada. Es tan fácil adulterar las cosas, hablar o escribir tan a la ligera, sin ofrecer referencias, fechas y nombres precisos que sustentes las opiniones.

¿Por qué las afirmaciones no están acompañadas de datos tangibles y verificables? Si son tan dados a “confirmar” que ya algunos Legionarios, supongo que fuera de la confesión, conocían la otra vida del padre Maciel, ¿por qué no dicen quiénes son, desde cuándo lo sabían y cómo lo supieron? Si en los centros de formación se les adoctrina y son núcleos de enseñanza inmoral, cómo entender el elevado índice de perseverancia (cotejen cualquier anuario estadístico de la Iglesia) y por qué tantos jóvenes siguen entrando cada año a los noviciados, centros vocacionales de los Legionarios de Cristo y a los centros de formación para consagradas y consagrados.

No, a mí nadie me pidió escribir todo esto. Mi hermano piensa con su cerebro y yo con el mío. Respeto su autonomía y él la mía. 

Yo misma estuve en dos convivencias vocacionales en el centro de formación para consagradas del Regnum Christi, en Monterrey, y en una Semana Santa de misiones con ellas, y yo sólo vi que ahí se vivía la caridad y la benedicencia. 

Mi hermano Felipe de Jesús, que no es legionario, estuvo en una convivencia vocacional en 2002 y no se quedó en la Legión por decisión personal. Siempre reacio a una vida de fe más efectiva, cuando regresó se desvivió en elogios para con los religiosos y novicios que lo atendieron y que tanto lo habían edificado con su testimonio de vida, por su amor a la Iglesia y celo apostólico. 

Mis papás tampoco son del Regnum Christi, sin embargo siguen valorando el testimonio de vida que les dan otras familias, amigas suyas, que sí lo son y que mucho les estimulan con su ejemplo a mejor vivir como esposos, como padres y como cristianos.

Desde hace 8 años mi hermano Jorge Enrique es Legionario de Cristo. Lo conozco bien, muy bien. Recuerdo su mente inquieta, el responder “está leyendo en la biblioteca” cuando mamá me preguntaba por él en casa al no verlo. No a él nadie le podría lavar el cerebro ni sería capaz de decir una mentira. Yo lo he visitado en el centro de noviciado de Monterrey y en el centro vocacional de León y sólo vi buenos testimonios en sus compañeros y formadores. He estado en los centros legionarios de Guadalajara, del Ajusco, y en tantos otros. En todos el mismo espíritu, el de unión y familia; los religiosos siempre con una sonrisa, de esas que sólo se dibujan cuando se está en unión con Dios. 

Por eso, me dan risa esas afirmaciones sobre el coco wash. Bastaría ir con buenas intenciones a una casa de legionarios o consagradas y constatar personalmente, viéndolos, que todo eso que “se dice” son mentiras y descalificaciones gratuitas. 

Sí me llama la atención el que nadie informe cómo están viviendo todo esta peripecia ya no sólo los religiosos y consagradas sino también los seglares del Regnum Christi. La inmensa mayoría se ha apiñado como familia, con dolor ciertamente, pero con los ojos fijos en Cristo. Unos se han apoyado en los otros y así, de esta trifulca, han resultado más unidos. Y no es de extrañarse si consideramos que su espiritualidad es eminentemente cristocéntrica.

La Legión cuenta con el cariño y cercanía del Papa y de no pocos cardenales y obispos de todo el mundo. Baste como botones de muestra al prefecto para la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, el cardenal Franc Rodé, a los cardenales Darío Castrillón Hoyos, Antonio Cañizares, Norberto Ribera, Angelo Sodano, Leonardo Sandri, Stanislao Rylko y tantos otros. Que no se olvide que el Santo Padre ha estado muy cercano a los Legionarios en todo este tiempo previo y por eso recibió en audiencia privada al superior general el 16 de junio de 2006 y el 15 de marzo de 2008 y también les saludó a todos en la primera audiencia general de enero de 2009 en el aula Pablo VI.

Ahora se acusa a la Legión de poca transparencia cuando ha sido precisamente la congregación la que reveló el caso. De no ser por ella, ¿con qué hubieran llenado sus espacios o sus tiempos los periódicos, portales, radios y canales de televisión? En este sentido, los Legionarios y miembros del Regnum Christi pueden estar orgullosos de estar viviendo la plenitud de su carisma, y es que la caridad es la verdad.

Sí, me apena un poco que todo este asunto, doloroso y triste, nadie lo niega, se haya manejado como suceso de revista rosa del corazón donde vende más el que más dice, aunque a veces precise decir de más y sin constancia, para elevar las ventas. Da pena ajena el manejo viciado y morboso sobre la situación de una persona que ahora ya está muerta. Es desolador mirar cómo unos se constituyen en jueces, ya no sólo del Maciel occiso, sino de una obra que no deja de ser de Dios. 

Quizá en todo esto, ha faltado releer el Evangelio, ir a versículos como el 1 y 2 del capítulo 7 de san Mateo y encontrarse con palabras fuertes y claras de Jesús como aquellas que dicen: “No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá”. Se ha olvidado que las palabras deben estar inspiradas y guiadas por la caridad.

La Legión Y EL Movimiento Regnum Christi tienen mucho futuro. La Iglesia reconoce su benemérito apostolado (Cfr. Comunicado de la Sala de Prensa, 19.05.2006) y esta cercanía y solicitud materna debe darles mucha paz y tranquilidad para seguir mirando hacia el futuro y viviendo el presente con más entrega.

Después de este tsunami, yo me quedó con la imagen de la costura de la que me habló mi hermano en nuestra conversación. Y es que, efectivamente, la Legión y el Regnum Christi son una costura compuesta de muchos bellos hilos. Nadie puede perder de vista que el fundador –la aguja– a pesar de sus limitaciones e imperfecciones, fue el instrumento que ayudó a Dios a hilvanar el conjunto. Pero jamás se puede perder de vista que el costurero, a pesar de la aguja misma, siempre ha sido Dios. Y esta es una seguridad que no se debe ni puede perder de vista.

Nunca mejor recordadas aquellas palabras del apóstol san Pablo que hoy los Legionarios y miembros del Regnum Christi bien pueden hacer suyas: “Ante esto ¿qué diremos? Si Dios está por nosotros ¿quién contra nosotros? […] ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada? […] Pero en todo esto salimos vencedores gracias a aquel que nos amó. Pues estoy seguro de que ni la muerte ni la vida ni los ángeles ni los principados ni lo presente ni lo futuro ni las potestades ni la altura ni la profundidad ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro”. 

Sí, la aguja ya se no está. Pero se queda la costura y se queda el costurero con nuevas agujas e hilos que seguirán enriqueciendo la hermosura de esta obra que siempre le ha pertenecido a Jesucristo.