Amores verdes

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Amores verdes

-Oiga Padre: ¿Desde qué edad se puede tener novio?

-Pues; desde los 8 años.

-¿Y es pecado darse un beso?

-Mira. Te voy a contestar con una fórmula de Teología Moral que te dejará muy claro si es pecado o no: “Pos, a según”. ¿Verdad que te quedó claro?

En otra ocasión cuando les contaba a unas mamás el tipo de respuestas que suelo darles a las adolescentes cuando están estrenando sus corazones, me topé con el tremendo susto de algunas quienes escandalizadas me cuestionaban: ¿Qué-que-qué? Óigame Padre no. ¿En serio, usted les dice eso a las niñas?

Sí, sí se los digo.

Pero: ¿Desde los 8 años?

Sí, mujer. A esas edades el noviazgo es un juego, y me parece fundamental no asustarnos de algo tan normal, y a la vez tan maravilloso, como la posibilidad de amar que tenemos los seres humanos. Por otra parte, considero de gran importancia que las jovencitas y los chavos puedan abrir sus corazones con quienes deseamos orientarlos, sin perturbarnos por ello, pues no podemos encadenar esa capacidad de querer, y les haríamos perder la confianza por miedo a ser regañados, cerrándonos las puertas para ayudarlos en todo momento.

Si se pone tanto empeño y medios económicos para formar profesionistas y técnicos elaborando programas de estudio, capacitando profesores y construyendo planteles, me parece absurdo no capacitar a los niños y pubertos para que puedan llegar a ser buenos esposos. Lo cual deberá comenzar, por lógica elemental, educándolos en el ejercicio de algunas virtudes indispensables en el noviazgo y no prohibiéndoles que se enamoren.

Habrá que enseñarles que el amor se da en diversas etapas y modos: Hay un amor de baja calidad y escaso contenido comprometedor como la simple afinidad, con frecuencia ésta surge de la admiración. Después viene el amor de amistad donde hay mucho que aprender y, por lo mismo, mucho que enseñar en temas como: conocer, comprender, dialogar, excusar, perdonar, ser leales, interesarse, ayudar, aconsejar, acompañar, corregir y exigir. Más tarde viene el enamoramiento -que no es todavía “el amor”-, “porque todos sabemos querer, pero pocos sabemos amar”, como bien dice la canción, y de esta etapa surge el “noviazgo menor”, es decir, el más frecuente en las primeras etapas de la juventud, al cual algunos acceden por el típico: “y que le digo, ¿tons qué? ¿sí andamos?” y que me dice que sípi”.

Ningún entrenador profesional metería al campo, en un juego de campeonato, a un jugador no preparado técnicamente y sin la debida condición física y psicológica. Siguiendo este ejemplo, hemos de recordar que el matrimonio, la amistad y el noviazgo exigen las mismas virtudes aunque manifestadas en modos distintos. Por ello quien no ha demostrado con hechos, y durante largo tiempo, que es un buen amigo, no tiene derecho a ser aceptado como novio y, mucho menos, como esposo. Qué pena que el amor de muchas jovencitas esté en barata.

Por lo mismo, después de un periodo conveniente de profunda amistad se podrá formalizar un noviazgo más serio, encaminado a un entendimiento profundo que dé elementos de juicio para formar una futura familia. Aquí conviene insistir en el tema de la sinceridad en definitiva: jugar limpio; dándose a conocer no sólo en cuanto a las cualidades, sino siendo capaces de informar de los defectos con frases como: “Mira, soy flojo, egoísta, muy orgulloso, desobediente, celoso, inseguro, etc., para no actuar con la falta de ética de quienes hacen la publicidad de los automóviles cuando anuncian: Acelera de 0 a 100 kilómetros por hora en siete segundos; pero no dicen cuánta distancia se necesita para frenar en caso de una emergencia.

Quienes forman a sus hijos en temas tan importantes como el respeto, la fortaleza, la constancia, la humildad, la sinceridad, la amabilidad, la solidaridad, y el espíritu de servicio -tan necesarias en la vida matrimonial- recibirán muchas alegrías en su calidad de padres, suegros y abuelos. Pero, quienes no lo hacen no tendrán derecho a sentirse decepcionados al verlos fracasar en sus matrimonios.