Aprender a morir

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Aprender a morir

La revista Telva publicó una interesante entrevista de Pilar Cambra al Dr. –Oncólogo Manuel González-Barón y como habla de un tema siempre actual como es el de la muerte me pareció oportuno entresacar algunas ideas:

“No podemos olvidar es que el sufrimiento y el dolor forman parte de la condición humana, y tienen también una dignidad propia. En una enfermedad larga, crónica, como es el cáncer, el proceso de morir es lento; y el organismo se deteriora tanto que, a veces, sin necesidad de narcóticos ni de nada, el enfermo casi no se da cuenta de que se apaga su vida en ese preciso momento, aunque sí lo sepa antes... El proceso de la muerte supone una tempestad metabólica; pero también solemos encontrara paz en la guerra y en las tempestades.

“Dice un filósofo contemporáneo –Carlos Cardona– que hablar mucho de la muerte y de que nos tenemos que morir es la base del hedonismo. Afirma este pensador que los moralistas tendrían que insistir, más que en que nos tenemos que morir, en la gozosa certeza de que somos inmortales. Y la inmortalidad –feliz o desdichada– nos la jugamos aquí abajo... Si el precio de la felicidad eterna es el dolor y el sufrimiento, no me parece muy alto”.

Ante la pregunta: ¿Se aprende a morir, hay un entrenamiento para la muerte? El Dr. González-Barón responde: “Estoy convencido de ello... Todo hombre, a lo largo de su niñez, su juventud y su madurez, aprende a vivir; se nos forma y se nos educa para que aprendamos a vivir, a luchar, a ser hombres de provecho, como se decía en otros tiempos... Pues bien: a partir de cierta edad, el hombre tiene que aprender a morir... ¿Cómo?: la vida misma da oportunidades, que son las renuncias de todo tipo: a las cosas moralmente ilícitas y aun a las lícitas, las nobles... Los pequeños y grandes fracasos, las decepciones, las frustraciones: aceptar todo eso es aprendizaje para la muerte”.

“Y cuando se le pregunta: ¿Qué distingue el dolor físico del sufrimiento? Su repuesta es: El sufrimiento es el dolor moral. No proviene sólo de la enfermedad: la persona amada sufre por la ausencia o el desprecio; el empresario sufre por el fracaso económico... Y el sufrimiento, bien encauzado, es cimiento, es base sobre la que edificar la vida. Y enriquece... Y debo recordar que lo que se opone a la alegría no es el sufrimiento ni el dolor, sino la tristeza; por consiguiente, hay sufrimiento alegre, que se decanta en alegría... Los cristianos, por ejemplo, podemos decir que nuestra alegría «tiene raíces en forma de cruz»...

“Yo he tenido pacientes que se han instalado en el dolor y eso es tremendo... Hay que sacarles de ese estado; hacerles ver que una cosa es el dolor provocado por la enfermedad y otra, muy distinta, el dolor de una persona neurótica... Víctor Frankl, dijo: «La eliminación del dolor a toda costa no puede ser norma de la actuación médica. La misión del médico no es, únicamente, hacer al hombre apto para el trabajo y el placer, sino que se trata de conseguir hacerlo también capaz de sufrir...» ¡Esto es tremendo! Pero así la aceptación del sufrimiento es madurez, la verdadera madurez de la personalidad ... ¡No hay que asustarse, ni uno mismo, ni ante los demás, por la debilidad! Somos así, y lo tenemos que reconocer: no existen los superhombres.

“Yo les diría a los partidarios de la eutanasia y de la «muerte digna» que el único que tiene que mantener la dignidad ante la muerte es precisamente, el moribundo. Y puedo asegurarle que, habitualmente, el moribundo es quien mejor suele mantener la dignidad... Es la gente que rodea al enfermo la que debería plantearse, como una meta a alcanzar, mantener también su dignidad y la serenidad ante ese ser querido que está agonizando... La familia se pone nerviosa e inicia un torbellino de movimientos; se va a Houston, tratan de purificar, con gastos económicos innecesarios, lo que, tal vez, no hicieron durante la vida de ese ser querido...”.