De Barcelona 2004 a Monterrey 2007: ¿Un foro de las culturas o una cultura para los foros?

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De Barcelona 2004 a Monterrey 2007: ¿Un foro de las culturas o una cultura para los foros?

 Los juegos olímpicos de 1992 convirtieron a la ciudad condal en el centro del mundo por aquel entonces. Acoger ese evento de carácter planetario posibilitó que Barcelona explotara su condición de puerto y rehabilitara su aspecto urbano: además de construir recintos deportivos, mejoró su infraestructura (hoteles, restaurantes, centros de diversión, medios de transporte, etc.) y tal fue el éxito que creó su propia marca.

 En poco tiempo Barcelona consolidó su imagen. Sin embargo, una parte de la ciudad no había sido atendida, así que el pretexto les llevó a la búsqueda de una nueva receta que ayudara a atraer más inversión económica. 

En octubre de 1996 la alcaldía barcelonesa presentó el proyecto del foro de las culturas con la idea de comprometer a la sociedad global en la resolución de máximas preocupaciones a través del diálogo y el desarrollo justo. Barcelona se presentaba a sí misma como el espacio donde podrían discutirse temas como la diversidad cultural, el desarrollo sostenible y las condiciones para la paz. Para septiembre de 1997 el gobierno de España respaldaba el proyecto así que lo presentó a la asamblea general de la UNESCO quien lo aprobó por unanimidad. En julio de 2004 se creó el órgano regulador: la “Fundación Forum”. De mayo a septiembre del mismo año Barcelona se convirtió en la primera ciudad sede del Foro universal de las culturas, un evento que, en su segunda edición, ha acogido este año Monterrey. 

Ciertamente no se puede negar la seria y real utilidad que un foro de las culturas puede presentar como plataforma de ideas que se encuentran en búsqueda de una sola verdad. Pero como están las cosas, tanto en la primera como en esta segunda edición, si algo está faltando, es el encuentro con esa verdad necesaria, punto de referencia y orientación para toda cultura que se precie de serla. 

La palabra foro proviene del latín forum y, en la antigua Roma, era la plaza donde se trataban los negocios públicos y donde el pretor celebraba los juicios. El foro, podemos decirlo, era la reunión para discutir asuntos de interés ante el pueblo que a veces intervenía en la discusión. La significación de entonces sigue teniendo vigencia hoy.  

Obviamente toda discusión presuponía una formación previa y poseía un fin que era llegar, a través de pautas de orientación que encausaran su camino, hacia una conclusión verdadera. Discutir por discutir no tiene sentido. Toda discusión lleva implícita la llegada a una verdad sobre el tema que se está discutiendo. Sin embargo, parece que estos “pequeños detalles” cada vez vienen siendo menos necesarios si bien la problemática y confusión que se genera entonces es de grandes magnitudes. 

Un mercado de opiniones 

En “Cartas del Diablo a su sobrino”, de C.S. Lewis, Escrutopo ofrece a Orugario una radiografía muy actual del hombre de hoy: “Tu hombre está acostumbrado, desde adolescente, a mantener una docena de filosofías incompatibles danzando dentro de su cabeza. No le preocupa si una idea es verdadera o falsa, sino si es “académica” o “práctica”, “retrógrada” o “moderna”, “conservadora” o “actual”.

Las dos ediciones del foro han sido un magno mercado de opiniones donde los puntos de referencia no se han asomado  y donde la única autoridad ha sido la dictadura del relativismo, el imperio de las opiniones comunes. El foro de las culturas ha buscado un cambio de actitudes y conductas a partir de la democratización de las ideas; es decir, no importa si son verdad o no sino si son útiles y las quieren la mayoría.  

Concretamente este año el foro de las culturas de Monterrey se ha vuelto a agrupar en tres bloques de actividades: diálogos (talleres, mesas redondas, conferencias, paneles, etc.), expresiones culturales (conciertos, bailes, obras de teatro, etc.) y exposiciones (muestras que buscan enfatizar los temas del foro). Las temáticas pilares siguen siendo diversidad cultural, desarrollo sostenible, condiciones para la paz y conocimiento. A estos se les agregan doce sub-temáticas que van desde paz y espiritualidad, pasando por derechos humanos, medio ambiente y recursos naturales, hasta población, políticas culturales, salud y calidad de vida.  

Llama la atención que ninguna de las temáticas a tratar sea, por ejemplo, “la verdad en las culturas” o “pautas de discernimiento para la valoración de las culturas”; llama la atención que en actividades como los diálogos no se haya concedido espacio para un solo taller, mesa redonda o conferencia sobre  temas parecidos. Sí abundan, en contraste, temáticas especiales como “La mujer frente a los conflictos”, “Religión y paz”, “Diversidad cultural”, “Principios y valores para la sustentabilidad”, “Retos de la medicina pública”, “La reunión mundial del consejo de sabios”, “Justicia y violencia de género” o la “presentación de la carta universal de los derechos emergentes”; ponentes como Leonardo Boff, la bióloga panteísta Lynn Margulis o la feminista Jamila Sajid evidencian lo viciado del foro. 

Detrás de todo esto, aparentemente bueno, está un plan que pone al mismo nivel a todas las religiones y culturas (relativismo), que justifica el aborto, que impone la esterilización masiva de sectores pobres de la sociedad (salud reproductiva) o quiere hacer pasar como nuevos derechos las formas de unión homosexual, borrar la diferencia sexual de todo ser humano sustituyendo la palabra sexo por género (política de género: el ser humano no nace como hombre o mujer -así piensan-, eso lo decidirá cada uno después) o que busca la equiparación de derechos del hombre respecto a los gorilas (derechos emergentes), por mencionar un caso. 

Diversidad cultural 

Es innegable reconocer los valores universales que muchas culturas poseen (la amistad, la honestidad, el respeto a la autoridad, la constancia, etc.). Todas las culturas merecen respeto. Sin embargo, no queda dicho que todas las expresiones propias sean dignas de él y mucho menos que debamos promoverlas y tolerarlas. Y aquí ya no aludimos a simplificaciones de antaño como el canibalismo (¿estarías dispuesto a que se coman a su madre sólo porque en la cultura de los caníbales eso está bien visto?) sino a manifestaciones concretas de culturas de nuestro presente: ¿Permitiría que apedrearan a su hija porque tuvo una relación fuera del matrimonio sólo porque esa es una manifestación de la cultura islámica? ¿Haría estallar a su esposa sólo porque en la cultura “X” inmolarse es una muestra de fe? ¿Está bien que maten a las niñas sólo porque en tal cultura prepondera el patriarcado o se pueden tener sólo cierto número de hijos? ¿La pena de muerte deja de ser un asesinato sólo porque en tal cultura es el castigo habitual para ciertos crímenes? ¿Vale lo mismo la vida de una vaca que la un ser humano por muy sagrada que sea la figura de esos bovinos en la India? Las culturas no son iguales. Unas son más perfectas y otras son perfeccionables; unas son ricas y otras pueden enriquecerse. No es imponer el proponer la verdad a quienes aún no la conocen en plenitud. Al contrario, es un rasgo de solidaridad e interés por el hombre. 

Desarrollo sostenible 

Bajo el nombre de desarrollo sostenible se defienden las políticas de control de la natalidad y de la naturaleza. Es decir, según su entimema, “somos muchos y hay poco: bajemos el número de la población”. En el fondo la realidad es diversa: no se trata de un desarrollo sostenible sino de sostener a los desarrollados, según sus intereses, conveniencias y proyectos. No es tanto el prurito de ayudar a los nativos de África, por traer a la mente un caso, a través de programas de salud (que es lo mismo que decir imposición de esterilizaciones sin su conocimiento y consentimiento) sino la conciencia de que a menor número de habitantes, en las condiciones de miseria en las que se encuentran, mayor número de tierras para explotar. Tampoco es el interés por la conservación de la naturaleza sino el afán de propiedad sobre ella. Así, el que más tiene mejor vende. 

Condiciones para la paz 

Con condiciones para la paz todo es muy sencillo: los países poderosos penetran (violando las soberanías nacionales) las fronteras de los pobres -que coincide que son los más ricos en recursos naturales- para “ayudarles” a mantener la paz. Sí, luchan por la paz, una paz que significa endeudamientos, explotación y aplicación de los programas que faciliten el “desarrollo sostenible” que, como ya dijimos, significa sostener a los desarrollados. 

Conocimiento 

El cuarto punto es de los más importantes. Se aplica a través de dos vías: o se evita dar una buena educación (pues el que se forma es capaz de alzar la voz), o se enseña mucho pero sin criterio, sin una referencia a la verdad. Y así, de esta segunda forma, el hombre queda sometido a los vaivenes de las opiniones. No importa quién sabe la verdad sino quién opina más. 

¿Un foro de las culturas o una cultura para los foros? 

No está de menos un repaso profundo y reposado en los temas que se están abordando en el foro de las culturas. En buena parte, el foro viene a ser un discurso extra de 80 días (comenzó el 20 de septiembre y finaliza el 8 de diciembre) sobre temas que se vienen tocando aquí y allá en conferencias, libros y programas de radio y t.v. en todos los países.  

Lo que sí es manifiesto es que no basta organizar eventos de este tipo si no hay una formación previa del auditorio y si no existe una cultura para que se desarrollen como deben. Pero aquí se puede aplicar aquello que escribió Pablo de Tarso a los Tesalonicenses: “Júzguenlo todo y quédense con lo bueno”.