La Biblia

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INTRODUCCIÓN
Le llamé desde la ventanilla del carro y le pregunté el camino hacia Tangancícuaro. Me dijo que tomara la primera desviación a la izquierda. Pero añadió: « ¿Me permite mostrarle algo que traigo?». Le dije que sí. Y volvió con uno Biblia, « ¿Ha leído usted alguna vez la Biblia?». Me preguntó. «Alguna vez...», respondí sin decirle que era sacerdote. Y me dio una larga explicación sobre el Argamenón, sobre el fin del mundo... y que sólo me salvaría si seguía las enseñanzas de los setenta ancianos que guían o los auténticos Testigos de Jehová. Yo le oía entre divertido y compadecido. Sin dejar de mirarle, le dije: «Explíqueme el texto de Mt. 16, 15-19»,
Este texto no lo tenía subrayado, como los otros que había comentado. Le costó leerlo. Y cuando llegó a la frase «Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia», ante mi ansiosa pregunta sobre quién era esa piedra, dijo: ¡Cristo, la única piedra angular!. Y siguió citando el Salmo 117 y no sé cuantas cosas más. Entre una sonrisa y las cejas levantadas por el desconcierto, arranqué el carro. Me despedí cortésmente y le dejé con su tarea de peón caminero. Pero una pregunta me ardía en las sienes.
Este buen hombre fue alguna vez católico. ¿Conocía entonces la Biblia en la misma cantidad, al menos, que en su actual secta? pero hay más, ¿Cómo es posible sacar a la Biblia tantas conclusiones erróneas como él me propuso en sólo diez minutos? Y ¿qué fuerza recibe de la Palabra de Dios, aunque sea mal interpretada, que le hace llevar al camino de su trabajo la Biblia para desgastarla con sus manos sudorosas y comentarla con quien se acerca, en medio de la humedad de una carretera en la montaña? Pero intuí respuestas a estas preguntas mientras bajaba tomado del volante.
La Biblia es un regalo de Dios para mejorarnos como cristianos. Pero podemos utilizarla mal. Dios es así. Como con su Cuerpo en la Eucaristía, pone su Palabra en nuestro mundo con el riesgo de recibir olvido. Indiferencia o manipulación para nuestros intereses caprichosos. El lector de estas líneas no tendrá estas intenciones, pues se interesa por aprender cómo acercarse a la Biblia. Pero tanto equivoca el camino quien no quiere seguirlo como el ciego. Necesitamos leer la Biblia e interpretarla correctamente para conocer mejor lo que Dios piensa sobre nosotros, sobre nuestra vida y sobre El mismo. Pero ¿cómo? ¿Todos los métodos serán útiles?
Este libro sigue un método preciso. Tiene dos grandes partes. La primera pone las bases generales necesarias para leer la Biblia desde la distancia correcta. Porque es un libro muy distante de nosotros, en el tiempo, en la cultura, en la mentalidad, en los avances o retrocesos científicos, etc. La segunda parle nos introduce directamente en los libros bíblicos, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, pero este acercamiento lo hace desde cuatro ángulos. ¿Por qué?
Porque una mesa con cuatro patas es muy firme. Es decir, si un estudio de la Biblia carece de los cuatro aspectos que exponemos, es un estudio cojo. Porque los renglones de la Biblia no pueden correr ante nuestros ojos como un libro de historia, o de poesía, o de enseñanzas espirituales o de teología. ¿Es una afirmación atrevida? Puede ser. Pero lo importante es destacar que la Biblia debemos leerla desde todos estos ángulos. Es decir, un buen estudio bíblico debe hacerse desde estos cuatro aspectos:
• Aspecto histórico: conocer la historia que rodeó la vida del escritor bíblico para comprender por qué escribió esas palabras y el verdadero sentido de sus enseñanzas. Por ejemplo, ¿qué nos quiere decir exactamente el escritor sagrado cuando nos narra la salida del pueblo hebreo de Egipto? es un hecho histórico, pero ¿cómo debemos interpretarlo hoy? ¿Igual que la salida de unos refugiados por causas militares o políticas?
• Aspecto literario: conocer el estilo en que escribía cada autor, para no cambiarle el sentido a sus escritos. Es decir, no podemos interpretar Igual la palabra "peña" en la frase del Cantar de los Cantares «amada mía, sal de la peña» con el mismo sentido de la frase en el éxodo