Cantidad y calidad de tiempo

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Daniel
y Lucía tienen pocos años de casados y desde el principio de su vida en
común, se han visto en la necesidad de trabajar ambos, pues las
exigencias del ambiente en el que viven los obligan a ello.

Lucía se siente mal por el poco tiempo que pasa con su esposo y con sus hijos (Daniel, de 6 años y Fernando, de 4).

Cuando Lucía llega del trabajo, siempre tiene algunos pendientes de
la casa y compromisos sociales o familiares por atender y, aunque a
veces se lleva con ella a los niños, el sentimiento de culpa persiste,
¿Quién resentirá más esa escasez de tiempo, el esposo o los hijos?

No siempre se puede

Aunque lo ideal sería que los padres se hicieran cargo de sus
pequeños, sabemos que existen circunstancias de todo tipo que
dificultan ¡y hasta impiden! que esto ocurra.

¿Es posible combinar cantidad con calidad?

Para los padres sigue siendo un sueño estar en todo momento al lado
de sus hijos pero se lo impiden sus mil y una ocupaciones, además tal
vez eso no sería tan sano para el desarrollo y formación de los niños.

Entonces... ¿Qué pueden hacer los padres par dar a sus hijos tanto
cantidad como calidad de tiempo? ¿Es posible esta combinación?

En cuanto a la calidad, todos estamos de acuerdo en que lo ideal es
que sea óptima. Esto quiere decir que aquellos momentos que pasemos con
los hijos sean realmente un tiempo de ellos y para ellos.

Que aprendamos a escucharlos con todos nuestros sentidos. Esto no
quiere decir que los padres tengamos que ser perfectos, sino que
nuestro interés y atención sean reales, en lugar de que sólo haya
presencia física.

Y el marido... ¿qué onda?

En una familia el matrimonio es primero. La pareja ocupa el número uno en la jerarquía.

El matrimonio es el principio para crear una familia y es quien la
sostiene, por lo tanto, está destinado a continuar aún cuando los hijos
se vayan.

Hay muchas personas que se comportan como si la relación
padres-hijos fuera la más importante de la familia, y ésta es una de
las causas por las cuales existen muchos matrimonios destruidos.

Los padres que se preocupan porque el tiempo que dedican a sus
hijos sea un tiempo de calidad, deberían preocuparse de la misma manera
por el tiempo que se dedican uno a otro como pareja, ya que, si el
matrimonio vive en armonía, el resto de la familia vivirá en armonía.

Cuando mamá y papá se llevan bien, los hijos se sienten protegidos
y seguros. Tienen un sentimiento firme de identidad y las bases
necesarias para edificar la autoestima.

La edad es clave

La distribución del tiempo de los padres también va relacionada -
en forma especial - con las edades de sus hijos y su etapa de
desarrollo. Un hijo de 4 años, por ejemplo, no necesitará la misma
atención que uno de doce.

Parte de nuestra labor como padres es establecer los límites en la
cantidad de atención que conviene consuma cada hijo en el interior de
la familia.

La adolescencia es quizá una de las etapas del desarrollo de los
hijos donde se requiere una mayor atención por parte de los padres, ya
que en esta edad sufren los mayores cambios: el descubrimiento del
propio yo, la tendencia a autoafirmarse y un impulso hacia la madurez.

La meta esencial de nuestros hijos es ser independientes de sus
padres y nuestra tarea es ayudarles a lograrlo. Permitirles que crezcan
bajo una excesiva atención familiar es impedir que establezcan sus
deseos.

Si nos necesitan verdaderamente hay que estar a su alcance y
ayudarlos. Pero si pueden hacer las cosas por sí solos, hay que
enseñarlos y dejar que las hagan aunque a veces cometan errores. Claro
que habrá necesidad de corregirlos en su momento y de enseñarlos, con
mucho amor, a volar con sus propias alas.