Catecismo de la Iglesia católica. El combate de la oración

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CUARTA PARTE
LA ORACIÓN CRISTIANA

PRIMERA SECCIÓN 
LA ORACIÓN EN LA VIDA CRISTIANA

CAPÍTULO TERCERO
LA VIDA DE ORACIÓN

ARTÍCULO 2
EL COMBATE DE LA ORACIÓN

2725 La oración es un don de la gracia y una respuesta decidida
por nuestra parte. Supone siempre un esfuerzo. Los grandes orantes de la Antigua
Alianza antes de Cristo, así como la Madre de Dios y los santos con El nos
enseñan que la oración es un combate. ¿Contra quién? Contra nosotros mismos
y contra las astucias del Tentador que hace todo lo posible por separar al
hombre de la oración, de la unión con su Dios. Se ora como se vive, porque se
vive como se ora. El que no quiere actuar habitualmente según el Espíritu de
Cristo, tampoco podrá orar habitualmente en su Nombre. El "combate
espiritual" de la vida nueva del cristiano es inseparable del combate de la
oración.

I Las objeciones a
la oración

2726 En el combate de la oración, tenemos que hacer frente en
nosotros mismos y en torno a nosotros a conceptos erróneos sobre la oración.
Unos ven en ella una simple operación psicológica, otros un esfuerzo de
concentración para llegar a un vacío mental. Otros la reducen a actitudes y
palabras rituales. En el inconsciente de muchos cristianos, orar es una
ocupación incompatible con todo lo que tienen que hacer: no tienen tiempo. Hay
quienes buscan a Dios por medio de la oración, pero se desalientan pronto
porque ignoran que la oración viene también del Espíritu Santo y no solamente
de ellos.

2727 También tenemos que hacer frente a mentalidades de
"este mundo" que nos invaden si no estamos vigilantes. Por ejemplo: lo
verdadero sería sólo aquello que se puede verificar por la razón y la ciencia
(ahora bien, orar es un misterio que desborda nuestra conciencia y nuestro
inconsciente); es valioso aquello que produce y da rendimiento (luego, la
oración es inútil, pues es improductiva); el sensualismo y el confort
adoptados como criterios de verdad, de bien y de belleza (y he aquí que la
oración es "amor de la Belleza absoluta" (philocalia), y sólo se
deja cautivar por la gloria del Dios vivo y verdadero); y por reacción contra
el activismo, se da otra mentalidad según la cual la oración es vista como
posibilidad de huir de este mundo (pero la oración cristiana no puede escaparse
de la historia ni divorciarse de la vida).

2728 Por último, en este combate hay que hacer frente a lo que
es sentido como fracasos en la oración: desaliento ante la sequedad, tristeza
de no entregarnos totalmente al Señor, porque tenemos "muchos bienes"
(cf Mc 10, 22), decepción por no ser escuchados según nuestra propia voluntad,
herida de nuestro orgullo que se endurece en nuestra indignidad de pecadores,
alergia a la gratuidad de la oración... La conclusión es siempre la misma:
¿Para qué orar? Es necesario luchar con humildad, confianza y perseverancia,
si se quieren vencer estos obstáculos.

II Necesidad
de la humilde vigilancia

Frente a las dificultades de la oración

2729 La dificultad habitual de la oración es la distracción.
En la oración vocal, la distracción puede referirse a las palabras y al
sentido de éstas. La distracción, de un modo más profundo, puede referirse a
Aquel al que oramos, tanto en la oración vocal (litúrgica o personal), como en
la meditación y en la oración contemplativa. Salir a la caza de la
distracción es caer en sus redes; basta volver a concentrarse en la oración:
la distracción descubre al que ora aquello a lo que su corazón está apegado.
Esta toma de conciencia debe empujar al orante a ofrecerse al Señor para ser
purificado. El combate se decide cuando se elige a quién se desea servir (cf Mt
6,21.24).

2730 Mirado positivamente, el combate contra el yo posesivo y
dominador consiste en la vigilancia. Cuando Jesús insiste en la vigilancia, es
siempre en relación a El, a su Venida, al último día y al "hoy". El
esposo viene en mitad de la noche; la luz que no debe apagarse es la de la fe:
"Dice de ti mi corazón: busca su rostro" (Sal 27, 8).

2731 Otra dificultad, especialmente para los que quieren
sinceramente orar, es la sequedad. Forma parte de la contemplación en la que el
corazón está seco, sin gusto por los pensamientos, recuerdos y sentimientos,
incluso espirituales. Es el momento en que la fe es más pura, la fe que se
mantiene firme junto a Jesús en su agonía y en el sepulcro. "El grano de
trigo, si muere, da mucho fruto" (Jn 12, 24). Si la sequedad se debe a
falta de raíz, porque la Palabra ha caído sobre roca, no hay éxito en el
combate sin una mayor conversión (cf Lc 8, 6. 13).

Frente a las tentaciones en la oración

2732 La tentación más frecuente, la más oculta, es nuestra

falta de fe
. Esta se expresa menos en una incredulidad declarada que en unas
preferencias de hecho. Se empieza a orar y se presentan como prioritarios mil
trabajos y cuidados que se consideran más urgentes.

2733 Otra tentación a la que abre la puerta la presunción es
la acedia. Los Padres espirituales entienden por ella una forma de aspereza o de
desabrimiento debidos al relajamiento de la ascesis, al descuido de la
vigilancia, a la negligencia del corazón. "El espíritu está pronto pero
la carne es débil" (Mt 26, 41). El desaliento, doloroso, es el reverso de
la presunción. Quien es humilde no se extraña de su miseria; ésta le lleva a
una mayor confianza, a mantenerse firme en la constancia.

III La confianza filial

2734 La confianza filial se prueba en la tribulación (cf. Rm 5,
3-5), particularmente cuando se ora pidiendo para sí o para los demás. Hay
quien deja de orar porque piensa que su oración no es escuchada. A este
respecto se plantean dos cuestiones: Por qué la oración de petición no ha
sido escuchada; y cómo la oración es escuchada o "eficaz".

Queja por la oración no escuchada

2735 He aquí una observación llamativa: cuando alabamos a Dios
o le damos gracias por sus beneficios en general, no estamos preocupados por
saber si esta oración le es agradable. Por el contrario, cuando pedimos,
exigimos ver el resultado. ¿Cuál es entonces la imagen de Dios presente en
este modo de orar: Dios como medio o Dios como el Padre de Nuestro Señor
Jesucristo?

2736 ¿Estamos convencidos de que "nosotros no sabemos
pedir como conviene" (Rm 8, 26)? ¿Pedimos a Dios los "bienes
convenientes"? Nuestro Padre sabe bien lo que nos hace falta antes de que
nosotros se lo pidamos (cf. Mt 6, 8) pero espera nuestra petición porque la
dignidad de sus hijos está en su libertad. Por tanto es necesario orar con su
Espíritu de libertad, para poder conocer en verdad su deseo (cf Rm 8, 27).

2737 "No tenéis porque no pedís. Pedís y no recibís
porque pedís mal, con la intención de malgastarlo en vuestras pasiones"
(St 4, 2-3; cf. todo el contexto St 4, 1-10; 1, 5-8; 5, 16). Si pedimos con un
corazón dividido, "adúltero" (St 4, 4), Dios no puede escucharnos
porque él quiere nuestro bien, nuestra vida. "¿Pensáis que la Escritura
dice en vano: Tiene deseos ardientes el espíritu que El ha hecho habitar en
nosotros" (St 4,5)? Nuestro Dios está "celoso" de nosotros, lo
que es señal de la verdad de su amor. Entremos en el deseo de su Espíritu y
seremos escuchados:

No te aflijas si no recibes de Dios inmediatamente lo que pides:
es él quien quiere hacerte más bien todavía mediante tu perseverancia en
permanecer con él en oración (Evagrio, or. 34). El quiere que nuestro deseo
sea probado en la oración. Así nos dispone para recibir lo que él está
dispuesto a darnos (San Agustín, ep. 130, 8, 17).

 

La oración es eficaz

2738 La revelación de la oración en la economía de la
salvación enseña que la fe se apoya en la acción de Dios en la historia. La
confianza filial es suscitada por medio de su acción por excelencia: la Pasión
y la Resurrección de su Hijo. La oración cristiana es cooperación con su
Providencia y su designio de amor hacia los hombres.

2739 En San Pablo, esta confianza es audaz (cf Rm 10, 12-13),
basada en la oración del Espíritu en nosotros y en el amor fiel del Padre que
nos ha dado a su Hijo único (cf Rm 8, 26-39). La transformación del corazón
que ora es la primera respuesta a nuestra petición.

2740 La oración de Jesús hace de la oración cristiana una
petición eficaz. El es su modelo. El ora en nosotros y con nosotros. Puesto que
el corazón del Hijo no busca más que lo que agrada al Padre, ¿cómo el de los
hijos de adopción se apegaría más a los dones que al Dador?.

2741 Jesús ora también por nosotros, en nuestro lugar y favor
nuestro. Todas nuestras peticiones han sido recogidas una vez por todas en sus
Palabras en la Cruz; y escuchadas por su Padre en la Resurrección: por eso no
deja de interceder por nosotros ante el Padre (cf Hb 5, 7; 7, 25; 9, 24). Si
nuestra oración está resueltamente unida a la de Jesús, en la confianza y la
audacia filial, obtenemos todo lo que pidamos en su Nombre, y aún más de lo
que pedimos: recibimos al Espíritu Santo, que contiene todos los dones.

IV Perseverar en el amor

2742 "Orad constantemente" (1 Ts 5, 17), "dando
gracias continuamente y por todo a Dios Padre, en nombre de Nuestro Señor
Jesucristo" (Ef 5, 20), "siempre en oración y suplica, orando en toda
ocasión en el Espíritu, velando juntos con perseverancia e intercediendo por
todos los santos" (Ef 6, 18)."No nos ha sido prescrito trabajar,
vigilar y ayunar constantemente; pero sí tenemos una ley que nos manda orar sin
cesar" (Evagrio, cap. pract. 49). Este ardor incansable no puede venir más
que del amor. Contra nuestra inercia y nuestra pereza, el combate de la oración
es el del amor humilde, confiado y perseverante. Este amor abre nuestros
corazones a tres evidencias de fe, luminosas y vivificantes:

2743 Orar es siempre posible: El tiempo del cristiano es el de
Cristo resucitado que está "con nosotros, todos los días" (Mt 28,
20), cualesquiera que sean las tempestades (cf Lc 8, 24). Nuestro tiempo está
en las manos de Dios:

Es posible, incluso en el mercado o en un paseo solitario, hacer
una frecuente y fervorosa oración. Sentados en vuestra tienda, comprando o
vendiendo, o incluso haciendo la cocina (San Juan Crisóstomo, ecl.2).

 

2744 Orar es una necesidad vital: si no nos dejamos llevar por
el Espíritu caemos en la esclavitud del pecado (cf Ga 5, 16-25). ¿Cómo puede
el Espíritu Santo ser "vida nuestra", si nuestro corazón está lejos
de él?

Nada vale como la oración: hace posible lo que es imposible,
fácil lo que es difícil. Es imposible que el hombre que ora pueda pecar (San
Juan Crisóstomo, Anna 4, 5).

Quien ora se salva ciertamente, quien no ora se
condena ciertamente (San Alfonso María de Ligorio, mez.).

 

2745 Oración y vida cristiana son inseparables porque se trata
del mismo amor y de la misma renuncia que procede del amor. La misma conformidad
filial y amorosa al designio de amor del Padre. La misma unión transformante en
el Espíritu Santo que nos conforma cada vez más con Cristo Jesús. El mismo
amor a todos los hombres, ese amor con el cual Jesús nos ha amado. "Todo
lo que pidáis al Padre en mi Nombre os lo concederá. Lo que os mando es que os
améis los unos a los otros" (Jn 15, 16-17).

Ora continuamente el que une la oración a las obras y las obras
a la oración. Sólo así podemos encontrar realizable el principio de la
oración continua (Orígenes, or. 12).

 

V La oración de
la hora de Jesús

2746 Cuando ha llegado su hora, Jesús ora al Padre (cf Jn 17).
Su oración, la más larga transmitida por el Evangelio, abarca toda la
Economía de la creación y de la salvación, así como su Muerte y su
Resurrección. Al igual que la Pascua de Jesús, sucedida "una vez por
todas", permanece siempre actual, de la misma manera la oración de la
"hora de Jesús" sigue presente en la Liturgia de la Iglesia.

2747 La tradición cristiana acertadamente la denomina la
oración "sacerdotal" de Jesús. Es la oración de nuestro Sumo
Sacerdote, inseparable de su sacrificio, de su "paso" [pascua] hacia
el Padre donde él es "consagrado" enteramente al Padre (cf Jn 17, 11.
13. 19).

2748 En esta oración pascual, sacrificial, todo está
"recapitulado" en El (cf Ef 1, 10): Dios y el mundo, el Verbo y la
carne, la vida eterna y el tiempo, el amor que se entrega y el pecado que lo
traiciona, los discípulos presentes y los que creerán en El por su palabra, la
humillación y la Gloria. Es la oración de la unidad.

2749 Jesús ha cumplido toda la obra del Padre, y su oración,
al igual que su sacrificio, se extiende hasta la consumación de los siglos. La
oración de la "hora de Jesús" llena los últimos tiempos y los lleva
hacia su consumación. Jesús, el Hijo a quien el Padre ha dado todo, se entrega
enteramente al Padre y, al mismo tiempo, se expresa con una libertad soberana
(cf Jn 17, 11. 13. 19. 24) debido al poder que el Padre le ha dado sobre toda
carne. El Hijo que se ha hecho Siervo, es el Señor, el Pantocrator. Nuestro
Sumo Sacerdote que ruega por nosotros es también el que ora en nosotros y el
Dios que nos escucha.

2750 Si en el Santo Nombre de Jesús, nos ponemos a orar,
podemos recibir en toda su hondura la oración que él nos enseña: "Padre
Nuestro". La oración sacerdotal de Jesús inspira, desde dentro, las
grandes peticiones del Padrenuestro: la preocupación por el Nombre del Padre
(cf Jn 17, 6. 11. 12. 26), el deseo de su Reino (la Gloria; cf Jn 17, 1. 5. 10.
24. 23-26), el cumplimiento de la voluntad del Padre, de su Designio de
salvación (cf Jn 17, 2. 4 .6. 9. 11. 12. 24) y la liberación del mal (cf Jn
17, 15).

2751 Por último, en esta oración Jesús nos revela y nos da el
"conocimiento" indisociable del Padre y del Hijo (cf Jn 17, 3. 6-10.
25) que es el misterio mismo de la vida de oración.

Resumen

2752 La oración supone un esfuerzo y una lucha contra nosotros
mismos y contra las astucias del Tentador. El combate de la oración es
inseparable del "combate espiritual" necesario para actuar
habitualmente según el Espíritu de Cristo: Se ora como se vive porque se vive
como se ora.

2753 En el combate de la oración debemos hacer frente a
concepciones erróneas, a diversas corrientes de menta lidad, a la experiencia
de nuestros fracasos. A estas tentaciones que ponen en duda la utilidad o la
posibilidad misma de la oración conviene responder con humildad, confianza y
perseverancia.

2754 Las dificultades principales en el ejercicio de la or
ación son la distracción y la sequedad. El remedio está en la fe, la
conversión y la vigilancia del corazón.

2755 Dos tentaciones frecuentes amenazan la oración: la falta
de fe y la acedia que es una forma de depresión debida al relajamiento de la
ascesis y que lleva al desaliento.

2756 La confianza filial se pone a prueba cuando tenemos el
sentimiento de no ser siempre escuchados. El Evangelio nos invita a conformar
nuestra oración al deseo del Espíritu.

2757 "Orad continuamente" (1 Ts 5, 17). Orar es
siempre posible . Es incluso una necesidad vital. Oración y vida cristiana son
inseparables.

2758 La oración de la "hora de Jesús", llamada
rectamente "oración sacerdotal" (cf Jn 17), recapitula toda la
Economía de la creación y de la salvación. Inspira las grandes peticiones del
"Padre Nuestro"
.