Catecismo de la Iglesia católica. El segundo mandamiento

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TERCERA PARTE
LA VIDA EN CRISTO

SEGUNDA SECCIÓN
LOS DIEZ MANDAMIENTOS

CAPÍTULO PRIMERO
«AMARÁS AL SEÑOR TU DIOS
CON TODO TU CORAZÓN,
CON TODA TU ALMA Y CON TODAS TUS FUERZAS»

ARTÍCULO 2
EL SEGUNDO MANDAMIENTO

«No tomarás en falso el nombre del Señor tu Dios» (Ex 20,
7; Dt 5, 11).

«Se dijo a los antepasados: “No perjurarás”... Pues yo os digo que no
juréis en modo alguno» (Mt 5, 33-34).

I El nombre del Señor es
santo

2142 El segundo mandamiento prescribe
respetar el nombre del Señor
. Pertenece, como el primer mandamiento, a la
virtud de la religión y regula más particularmente el uso de nuestra palabra
en las cosas santas.

2143 Entre todas las palabras de la revelación hay
una, singular, que es la revelación de su Nombre. Dios confía su Nombre a los
que creen en El; se revela a ellos en su misterio personal. El don del Nombre
pertenece al orden de la confidencia y la intimidad. ‘El nombre del Señor es
santo’. Por eso el hombre no puede usar mal de él. Lo debe guardar en la
memoria en un silencio de adoración amorosa (cf Za 2, 17). No lo empleará en
sus propias palabras, sino para bendecirlo, alabarlo y glorificarlo (cf Sal 29,
2; 96, 2; 113, 1-2).

2144 “La deferencia respecto a su Nombre expresa la que
es debida al misterio de Dios mismo y a toda la realidad sagrada que evoca. El sentido
de lo sagrado
pertenece a la virtud de la religión:

Los sentimientos de temor y de ‘lo sagrado’ ¿son
sentimientos cristianos o no? Nadie puede dudar razonablemente de ello. Son los
sentimientos que tendríamos, y en un grado intenso, si tuviésemos la visión
del Dios soberano. Son los sentimientos que tendríamos si verificásemos su
presencia. En la medida en que creemos que está presente, debemos tenerlos. No
tenerlos es no verificar, no creer que está presente. (Newman, par. 5, 2).

2145 El fiel cristiano debe dar testimonio del nombre del
Señor confesando su fe sin ceder al temor (cf Mt 10, 32; 1 Tm 6, 12). La
predicación y la catequesis deben estar penetradas de adoración y de respeto
hacia el nombre de Nuestro Señor Jesucristo.

2146 El segundo mandamiento prohíbe abusar del
nombre de Dios, es decir, todo uso inconveniente del nombre de Dios, de
Jesucristo, de la Virgen María y de todos los santos.

2147 Las promesas hechas a otro en nombre de Dios
comprometen el honor, la fidelidad, la veracidad y la autoridad divinas. Deben
ser respetadas en justicia. Ser infiel a ellas es abusar del nombre de Dios y,
en cierta manera, hacer de Dios un mentiroso (cf 1 Jn 1, 10).

2148 La blasfemia se opone directamente al segundo
mandamiento. Consiste en proferir contra Dios -interior o exteriormente-
palabras de odio, de reproche, de desafío; en injuriar a Dios, faltarle al
respeto en las expresiones, en abusar del nombre de Dios. Santiago reprueba a
‘los que blasfeman el hermoso Nombre (de Jesús) que ha sido invocado sobre
ellos’ (St 2, 7). La prohibición de la blasfemia se extiende a las palabras
contra la Iglesia de Cristo, los santos y las cosas sagradas. Es también
blasfemo recurrir al nombre de Dios para justificar prácticas criminales,
reducir pueblos a servidumbre, torturar o dar muerte. El abuso del nombre de
Dios para cometer un crimen provoca el rechazo de la religión.

La blasfemia es contraria al respeto debido a Dios y a su santo
nombre. Es de suyo un pecado grave (cf CIC can. 1396).

2149 Las palabras mal sonantes que emplean el nombre de
Dios sin intención de blasfemar son una falta de respeto hacia el Señor. El
segundo mandamiento prohíbe también el uso mágico del Nombre divino.

El Nombre de Dios es grande allí donde se pronuncia con el
respeto debido a su grandeza y a su Majestad. El nombre de Dios es santo allí
donde se le nombra con veneración y temor de ofenderle (S. Agustín, serm. Dom.
2, 45, 19).

II Tomar el
nombre del Señor en vano

2150 El segundo
mandamiento prohíbe el juramento en falso. Hacer juramento o jurar es
tomar a Dios por testigo de lo que se afirma. Es invocar la veracidad divina
como garantía de la propia veracidad. El juramento compromete el nombre del
Señor. ‘Al Señor tu Dios temerás, a él le servirás, por su nombre
jurarás’ (Dt 6, 13).

2151 La reprobación del juramento
en falso es un deber para con Dios. Como Creador y Señor, Dios es la norma de
toda verdad. La palabra humana está de acuerdo o en oposición con Dios que es
la Verdad misma. El juramento, cuando es veraz y legítimo, pone de relieve la
relación de la palabra humana con la verdad de Dios. El falso juramento invoca
a Dios como testigo de una mentira.

2152 Es perjuro
quien, bajo juramento, hace una promesa que no tiene intención de cumplir, o
que, después de haber prometido bajo juramento, no mantiene. El perjurio
constituye una grave falta de respeto hacia el Señor que es dueño de toda
palabra. Comprometerse mediante juramento a hacer una obra mala es contrario a
la santidad del Nombre divino.

2153 Jesús expuso el
segundo mandamiento en el Sermón de la Montaña: ‘Habéis oído que se dijo a
los antepasados: «no perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus
juramentos». Pues yo os digo que no juréis en modo alguno... sea vuestro
lenguaje: «sí, sí»; «no, no»: que lo que pasa de aquí viene del Maligno’
(Mt 5, 33-34.37; cf St 5, 12). Jesús enseña que todo juramento implica una
referencia a Dios y que la presencia de Dios y de su verdad debe ser honrada en
toda palabra. La discreción del recurso a Dios al hablar va unida a la
atención respetuosa a su presencia, reconocida o menospreciada en cada una de
nuestras afirmaciones.

2154 Siguiendo a san Pablo (cf 2 Co
1, 23; Ga 1, 20), la tradición de la Iglesia ha comprendido las palabras de
Jesús en el sentido de que no se oponen al juramento cuando éste se hace por
una causa grave y justa [por ejemplo, ante el tribunal]. ‘El juramento, es
decir, la invocación del Nombre de Dios como testigo de la verdad, sólo puede
prestarse con verdad, con sensatez y con justicia’ (CIC can. 1199, 1).

2155
La santidad del nombre divino exige no recurrir a él por motivos fútiles, y no
prestar juramento en circunstancias que pudieran hacerlo interpretar como una
aprobación de una autoridad que lo exigiese injustamente. Cuando el juramento
es exigido por autoridades civiles ilegítimas, puede ser rehusado. Debe serlo,
cuando es impuesto con fines contrarios a la dignidad de las personas o a la
comunión de la Iglesia.

III
El nombre cristiano

2156 El sacramento del
Bautismo es conferido ‘en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo’
(Mt 28,19). En el bautismo, el nombre del Señor santifica al hombre, y el
cristiano recibe su nombre en la Iglesia. Puede ser el nombre de un santo, es
decir, de un discípulo que vivió una vida de fidelidad ejemplar a su Señor.
Al ser puesto bajo el patrocinio de un santo, se ofrece al cristiano un modelo
de caridad y se le asegura su intercesión. El ‘nombre de bautismo’ puede
expresar también un misterio cristiano o una virtud cristiana. ‘Procuren los
padres, los padrinos y el párroco que no se imponga un nombre ajeno al sentir
cristiano’ (CIC can. 855).

2157 El cristiano comienza su
jornada, sus oraciones y sus acciones con la señal de la cruz, ‘en el nombre
del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén’. El bautizado consagra la
jornada a la gloria de Dios e invoca la gracia del Señor que le permite actuar
en el Espíritu como hijo del Padre. La señal de la cruz nos fortalece en las
tentaciones y en las dificultades.

2158 Dios llama a cada
uno por su nombre (cf
Is 43, 1; Jn 10, 3)
. El nombre de todo hombre es sagrado. El
nombre es la imagen de la persona. Exige respeto en señal de la dignidad del
que lo lleva.

2159 El nombre recibido es un nombre de
eternidad. En el reino de Dios, el carácter misterioso y único de cada persona
marcada con el nombre de Dios brillará a plena luz. ‘Al vencedor... le daré
una piedrecita blanca, y grabado en la piedrecita, un nombre nuevo que nadie
conoce, sino el que lo recibe’ (Ap 2, 17). ‘Miré entonces y había un
Cordero, que estaba en pie sobre el monte Sión, y con él ciento cuarenta y
cuatro mil, que llevaban escrito en la frente el nombre del Cordero y el nombre
de su Padre’ (Ap 14, 1).

Resumen

2160
‘Señor, Dios Nuestro, ¡qué admirable es tu nombre por toda la tierra!’
(Sal 8, 2).

2161 El segundo mandamiento prescribe
respetar el nombre del Señor. El nombre del Señor es santo.

2162
El segundo mandamiento prohíbe todo uso inconveniente del nombre de Dios. La
blasfemia consiste en usar de una manera injuriosa el nombre de Dios, de
Jesucristo, de la Virgen María y de los santos.

2163 El
juramento en falso invoca a Dios como testigo de una mentira. El perjurio es una
falta grave contra el Señor, que es siempre fiel a sus promesas
.

2164
‘No jurar ni por Criador ni por criatura, si no fuere con verdad, necesidad
y reverencia’ (S. Ignacio de Loyola, ex. spir. 38).

2165
En el Bautismo, la Iglesia da un nombre al cristiano. Los padres, los
padrinos y el párroco deben procurar que se dé un nombre cristiano al que es
bautizado. El patrocinio de un santo ofrece un modelo de caridad y asegura su
intercesión.

2166 El cristiano comienza sus
oraciones y sus acciones haciendo la señal de la cruz ‘en el nombre del Padre
y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén’.

2167
Dios llama a cada uno por su nombre (cf Is 43, 1).