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CIEN AÑOS DESPUÉS, INTRODUCCIÓN Las
Encíclicas son documentos -cartas- que escribe el Papa a los Obispos en todo el
mundo, o bien al mismo tiempo que a ellos a todos los católicos y aún a todos
los hombres de buena voluntad. Para ello usualmente, como en el
caso de la Encíclica "Centesimus Annus", la dirige el Papa
Juan Pablo II "a sus hermanos en el Episcopado, al clero, a las
familias religiosas, a los fieles de la Iglesia Católica, y a todos los hombres
de buena voluntad en el centenario de la Rerum Novarum".1 El autor de las Encíclicas es siempre el Papa. El puede buscar colaboradores e inclusive encargar la redacción a personas especializadas en la materia que quiere tratar; pero al estampar su firma pasa a ser de su personal responsabilidad. Cada Encíclica, por ello, lleva el estilo y el sello personal de cada Pontífice. Existen diversas clases de Encíclicas: pueden ser doctrinales, disciplinarias, expositivas, o simplemente vehículos de comunicación entre el Papa y la Iglesia. Muchas Encíclicas Papales han tenido como tema lo que se conoce como "Doctrina Social" o "Doctrina Social Católica". DOCTRINA SOCIAL "Doctrina" viene de la palabra latina docere, que quiere decir enseñar, de la cual se deriva la palabra castellana "docencia". En este sentido, la Doctrina Social es aquélla que nos enseña a buscar la dignidad del hombre bajo cualquier sistema económico, político o jurídico. Es decir, es aquella enseñanza que tiene por objeto hacer más justas y mejores las relaciones entre los hombres en todo el mundo. Si se quisiera escribir la historia completa de la Doctrina Social de la Iglesia, sería necesario remontarnos hasta sus primeros orígenes. En la predicación de Jesucristo, a partir del Sermón de la Montaña, en los libros del Nuevo Testamento, los Evangelios, los Hechos de los Apóstoles y en las Epístolas, se encuentran los principios religiosos de un nuevo orden que fundan una comunidad de amor y de vida entre Dios y los hombres, pero que además, como aplicación y consecuencia de tales principios, unen a todos los hombres con los lazos de un nuevo amor fraterno. La preocupación social de la Iglesia ha seguido a través de todos los siglos y se ha manifestado en formas e instituciones de toda clase adaptadas a las necesidades de cada época y de cada pueblo. Pío XII dijo: "...el sentido de la responsabilidad colectiva de todos por todos, que ha movido y mueve a los espíritus hasta el heroísmo caritativo de los monjes agricultores, de los libertadores de esclavos, de los curadores de enfermos, de los abanderados de la fe, de la civilización y de la ciencia en todas las épocas y en todos los pueblos para crear las únicas condiciones sociales que a todos pueden hacer posible y placentera una vida digna del hombre y del cristiano."2 La Doctrina Social de la Iglesia tiene dos fuentes inmediatas: junto a la fuente oficial, sobre todo los documentos que emanan de la jerarquía de la Iglesia, está la fuente privada, es decir, los escritos y las realizaciones de los miembros de la Iglesia: sacerdotes y seglares, y también los Obispos que trabajan en este terreno como particulares. Juan XXIII dice en su "Mater et Magistra": "Ante todo, confirmamos la tesis de que la doctrina social profesada por la Iglesia Católica es algo que no puede separarse de la doctrina que la misma enseña sobre la vida humana...". "...Deseamos, además, que esta disciplina social se incluya en el programa de enseñanza religiosa de las parroquias y de las asociaciones de apostolado de los seglares y se divulgue también por todos los procedimientos modernos de difusión."3 "La doctrina social, especialmente hoy día, mira al hombre, inserto en la compleja trama de relaciones de la sociedad moderna. Las ciencias humanas y la filosofía ayudan a interpretar la centralidad del hombre en la sociedad y a hacerlo capaz de comprenderse mejor a sí mismo, como 'ser social'. Sin embargo, solamente la fe le revela plenamente su identidad verdadera, y precisamente de ella arranca la doctrina social de la Iglesia, la cual, valiéndose de todas las aportaciones de las ciencias y de la filosofía, se propone ayudar al hombre en el camino de la salvación."4 La Doctrina Social tiene un carácter muy específico en su visión global del hombre y de la humanidad. Es frecuente, sin embargo, que se pidan "recetas" de acción que lleguen hasta el último "cómo hacer". Se le pide algo que no puede dar. "Exigirle este último 'cómo' que permite a la norma doctrinaria encarnarse en el 'aquí y ahora' de la acción, es exigirle lo que no puede dar..." "...Indudablemente la Doctrina Social pertenece al campo del magisterio de la Iglesia. Sus normas son valederas para toda inteligencia católica. Pero no tiene sentido exigir a este Magisterio y a sus normas doctrinales la receta y la fórmula que directamente dicte la última determinación de la acción concreta."5 Sin embargo, la Doctrina Social Católica, como toda doctrina, tiene un carácter normativo, imperativo y obligatorio, tanto como la ética (que son normas de conducta). Por tanto, como obligación de conducta la moral social no es un asunto de orden secundario, es cuestión principal porque los deberes que enseña la moral social son decisivos en la vida del mundo entero, de la conducta de los seres humanos dependen la libertad, la paz, la justicia, la concordia entre los hombres, el bien común y, en pocas palabras, la "salud" de la sociedad. La Encíclica "Centesimus Annus" se publicó precisamente a los cien años de la aparición de la primera carta-encíclica que dio nacimiento a la Doctrina Social de la Iglesia. Fue el Papa León XIII quien escribió dicha Encíclica y la inició con las palabras "Rerum Novarum", que quiere decir "de las cosas nuevas", el 15 de Mayo de 1891. Principia la Carta-Encíclica "Centesimus Annus" de Juan Pablo II: "EL CENTENARIO de la promulgación de la Encíclica de mi predecesor León XIII, de venerada memoria, que comienza con las palabras Rerum Novarum, marca una fecha de relevante importancia en la historia reciente de la Iglesia, y también en mi pontificado..."6 Juan Pablo II invita a la Iglesia toda y a los hombres de buena voluntad a releer y remeditar la Encíclica de León XIII. "Quiero proponer ahora una 'relectura' de la Encíclica leoniana, invitando a 'echar una mirada retrospectiva' a su propio texto, para descubrir nuevamente la riqueza de los principios fundamentales formulados en ella, en orden a la solución de la cuestión obrera. Invito además a 'mirar alrededor', a las 'cosas nuevas' que nos rodean y en las que, por así decirlo, nos hallamos inmersos, tan diversas de las 'cosas nuevas' que caracterizaron el último decenio del siglo pasado. Invito, en fin, a 'mirar al futuro', cuando ya se vislumbra el tercer Milenio de la era cristiana, cargado de incógnitas, pero también de promesas. Incógnitas y promesas que interpelan nuestra imaginación y creatividad, a la vez que estimulan nuestra responsabilidad, como discípulos del único maestro, Cristo (cf. Mt 23,8), con miras a indicar el camino a proclamar la verdad y a comunicar la vida que es él Mismo. (cf. Jn 14,6)."7 De este modo, según dice el Pontífice, no sólo se confirmará el valor permanente de las enseñanzas contenidas en la "Rerum Novarum", sino que además se manifestará "el verdadero sentido de la Tradición de la Iglesia". Además, sugiere el análisis de algunos acontecimientos de la historia para darnos cuenta de las nuevas exigencias de la evangelización. Las "cosas nuevas" que León XIII tuvo ante sí eran difíciles, cita la Encíclica "Rerum Novarum" (cosas nuevas): "Despertada el ansia de novedades que desde hace ya tiempo agita a los pueblos, era de esperar que las ganas de cambiarlo todo llegaran un día a pasarse del campo de la política al terreno, con él colindante, de la economía."8 El Papa León XIII se plantea el conflicto entre el capital y el trabajo o -como lo llama la Encíclica- la cuestión obrera. La Encíclica "Centesimus Annus" de Juan Pablo II es una reiteración de todo lo dicho por León XIII hace cien años, y una actualización del ideal cristiano en el mundo de hoy, donde también se encuentran "cosas nuevas". Este curso pretende ser una ayuda para poder entender el profundo contenido de la Encíclica "Centesimus Annus". 1 Carta Encíclica
Centesimus Annus- Documentos Pontificios 40.
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