¿Cómo fue su 60 aniversario?

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¿Cómo celebró Benedicto XVI el 60 aniversario de su ordenación sacerdotal? Una profunda alegría más la gratitud más sincera son lo primero que destaca de su celebración en la que, siendo muy sencilla, se vio envuelto en la amistad del Señor y rodeado de una amistad que proviene de todo el mundo y de los fieles más cercanos, entre los que nos contamos quienes formamos este círculo abierto de estudio y reflexión que es  “La voz del Papa”. La alegría humana es un bien de raíces muy  profundas -no provine del exterior, como le ocurre al animal sano-, y es máxima cuando brota del saberse hijo de Dios y de luchar por obrar en consecuencia.
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Desde 1897, durante el largo pontificado de León XIII, un Papa no celebraba el sexagésimo aniversario de su ordenación sacerdotal. Y Benedicto XVI lo ha hecho ahora, alcanzando esta meta, poco habitual, en la fiesta de san Pedro y san Pablo -los apóstoles patronos de la Roma feliz, cantada por los peregrinos medievales y luego por la liturgia- en una espléndida jornada de verano. Precisamente como aquella del 29 de junio de 1951 en Freising, Alemania, cuando el venerable cardenal Michael von Faulhaber impuso las manos sobre la cabeza de Joseph Ratzinger, de su hermano Georg y de otros 42 compañeros suyos para ordenarlos presbíteros.  Así escribe el director de L'Osservatore Romano, Giovanni María Vian.
El Papa presidió ese día en la basílica de San Pedro la concelebración eucarística con 40 arzobispos metropolitanos de todo el mundo a los que impuso el palio. Comenzó la homilía recordando las palabras de Jesús que el cardenal Faulhaber dirigió a los nuevos sacerdotes al final de la ceremonia de ordenación: “Non iam dicam servos, sed amicos” – “Ya no los llamo siervos, sino amigos”.
“Él me llama amigo. (...) Me otorga la facultad, que casi da miedo, de hacer aquello que sólo Él, el Hijo de Dios, puede decir y hacer legítimamente: Yo te perdono tus pecados. (...) Me confía las palabras de la Consagración en la Eucaristía. Me considera capaz de anunciar su Palabra, de explicarla rectamente y de llevarla a los hombres de hoy. Él se abandona a mí”.
Benedicto XVI puso de relieve que en la expresión “Ya no son siervos, sino amigos, se encierra el programa entero de una vida sacerdotal. (...) La amistad que Él me ofrece sólo puede significar que también yo trate siempre de conocerle mejor; que yo, en la Escritura, en los Sacramentos, en el encuentro de la oración, en la Comunión de los Santos, en las personas que se acercan a mí y que Él me envía, me esfuerce siempre en conocerle cada vez más. (...) En la amistad mi voluntad se une a la suya a medida que va creciendo; su voluntad se convierte en la mía, y justo así llego a ser yo mismo”.
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¿Qué más nos confió al concluir?: “En esta hora me he sentido impulsado a mirar a lo que ha caracterizado estas décadas. Me he sentido impulsado a decirles -a todos los sacerdotes y Obispos, así como también a los demás fieles de la Iglesia- una palabra de esperanza y ánimo; una palabra, madurada en la experiencia, sobre el hecho de que el Señor es bueno. Pero, sobre todo, éste es un momento de gratitud: gratitud al Señor por la amistad que me ha ofrecido y que quiere ofrecer a todos nosotros. Gratitud a las personas que me han formado y acompañado. Y en todo ello se esconde la petición de que un día el Señor, en su bondad, nos acoja y nos haga contemplar su alegría”. ¡Esto sabemos sobre sus 60!