¿Cómo hago para no sentir tristeza porque mi hijo esté lejos de casa?

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¿Cómo hago para no sentir tristeza porque mi hijo esté lejos de casa?

Leticia pregunta:

Soy una mujer casada, con dos hijos y uno de ellos se ha ido al seminario en la capital. Lo voy a visitar una vez al mes y lo veo muy feliz y realizado. Está creciendo mucho espiritual y humanamente y está recibiendo una educación que mi esposo y yo no hubieramos podido nunca darle. Sin embargo, lo extraño mucho.

Sé que está feliz en el seminario y eso me da gusto. Pero no acabo de aceptar que no esté a mi lado. Cuando rezo por él, lloro fácilmente. ¿Qué me recomienda, Padre? ¿Dejaré de sentir tristeza porque mi hijo esté lejos de casa? ¿Cree que necesite ayuda psicológica?

Estimada Sra. Leticia,

Entiendo su situación y que su corazón de madre sufra por la ausencia física de su hijo que ha decidido irse al seminario. Le aseguro que la encomendaré mucho en mis oraciones.

La tristeza es un sentimiento que experimentamos ante algún mal que se nos presenta o un bien que nos falta. Es lógico --y Ud. no es la única-- que la ausencia de un hijo, por el motivo que sea: estudios, seminario, un viaje, etc. cause un cierto dolor y una cierta tristeza en su madre.

Sin embargo, más que ir con un psicólogo, yo la invitaría a que ejercitara más la fe, la esperanza y el amor a Jesucristo. Acérquese a la Eucaristía y a la Santísima Virgen. Pero en vez de hablarle de lo mucho que le duele que su hijo no esté, háblele de cómo desea Ud. hacer su voluntad y cuánto necesita su ayuda.

Su hijo está feliz y en buenas manos, y eso vale mucho más que cualquier otra cosa porque Ud. sigue cumpliendo así su misión de madre. Su dolor íntimo y oculto es un sacrificio agradable a Dios que le arranca gracias para que su hijo persevere en su camino.

Por otra parte, tenga presente que los hijos son "prestados". Tarde o temprano ellos aprenden a volar con sus propias alas y dejan el nido: van a formar ellos mismos una nueva familia, se consagran a Dios, se cambian de ciudad por motivos de trabajo, etc. Y aunque Ud. pueda sentir tristeza, debe sobreponerse a ella para compartir en la alegría de sus hijos.

Le recomendaría, también, que hablara con su párroco o un sacerdote de confianza que la ayude en este proceso de aceptación de la voluntad de Dios. Ayúdese también, si es el caso, de su marido, que la quiere bien.

Piense, también, en todas esas personas que están esperando que un día su hijo les abra las puertas del cielo... De verdad, la encomiendo mucho.