Comunicadores católicos discriminados

ImprimirImprimirEnviarEnviarPDFPDF

 Aplastante razón tenía el Papa Benedicto XVI cuando, en la primera homilía de su Pontificado, afirmaba que uno de los mayores peligros para la sociedad actual es la “dictadura del relativismo” que se ha enseñoreado de la opinión pública en nombre de la “tolerancia”.

Los mexicanos (y en particular los comunicadores católicos) que vivimos en el Distrito Federal, estamos padeciendo ese fascismo ideológico por el cual los “líderes de opinión” pseudo liberales y dizque de “izquierda”, se molestan cuando expresamos nuestros puntos de vista, con lo cual no hacen otra cosa que demostrar el tamaño de su intolerancia.

Cuando la izquierda trasnochada nos impone a los ciudadanos leyes que atentan contra los principios de la familia y contra la vida (aprobados a espaldas de la consulta popular), solo ellos pueden pontificar mediáticamente, haciendo gala de dogmatismo e intransigencia.

Los casos más recientes los tenemos en la furibunda y visceral reacción en contra del comunicador Esteban Arce, y en contra del pronunciamiento de las 80 organizaciones católicas, representadas por la red Unión de Voluntades, que se manifestaron en apoyo del Cardenal Norberto Rivera por su defensa de la familia y de la vida. Esto por no hablar de la bochornosa utilización de la Academia Mexicana de las Ciencias por parte de su presidenta, Rosaura Ruiz, quien al proyectar sus conflictos personales manipuló esa institución con fines ideológicos y políticos, metiéndola en un debate que, aparte de no haber sido aprobado por todos sus integrantes, no resiste la menor crítica científica seria, al ignorar los más recientes avances en materia de genética humana, poniendo así en entredicho el prestigio intelectual de quienes suscribieron el vergonzoso desplegado del 5 de enero de 2010.

Muy especialmente le preguntamos al Dr. Guillermo Soberón, quien fuera presidente de la Comisión Nacional de Bioética, si a todas aquellas corrientes de pensamiento y profesores universitarios que consideran al embrión humano como un ser humano en ciernes, y que no modifica su genoma humano desde el momento mismo de la concepción hasta su muerte, los declara científicamente equivocados, y si él es capaz de demostrarlo. Si bien es cierto que algunos científicos no consideran que desde el momento de la concepción ya existe un ser humano, hay también multitud de científicos de talla nacional e internacional que sí consideran que desde el momento de la concepción ya existe un ser humano con todo su programa genético completo.

Pero, como ya dijimos, al igual que todos los comunicadores que dogmatizan prejuiciosa y dogmáticamente contra la vida y contra la familia, no pueden ser sometidos a debate o cuestionamiento, porque a quienes no pensamos como ellos inmediatamente se nos tacha de “discriminadores”, “homofóbicos”, “intolerantes” o “retrógados”, cuando en realidad son ellos quienes demuestran ser los que practican el totalitarismo ideológico, exhibiendo además su ignorancia y parcialidad al rechazar el debate antropológico, biomédico, sociológico y moral.

Marcelo Ebrard y sus legisladores perredistas le han apostado muy mal. El cálculo del jefe de gobierno es el de granjearse el apoyo multimillonario de las compañías internacionales (como la Pepsi Cola de su árbol navideño) que traen una agenda extranjera pro homosexual. Cree Marcelo que su proyecto de convertir al D.F. en una “Gay Friendly City” le va a traer ganancias financieras y simpatías para lanzarse a la presidencia en el 2012. Pero se ha olvidado de que el poder del voto lo tenemos las familias y los ciudadanos, y aunque la Iglesia no nos invitara a votar en contra de él y de su partido, ya hemos tomado esa decisión, y nos encargaremos a toda costa de que se frustren sus aspiraciones para el 2012.

Lo que Marcelo no esperaba es que las iglesias ortodoxas, evangélicas y de otras denominaciones que siguen los 10 mandamientos, se sumaran a la protesta católica. Esto se vino a añadir al descontento judío por las clínicas abortistas Marie Stops International que su gobierno ha permitido proliferar en el D. F., las cuales fueron fundadas por la abortista y esterilizadora Marie Stopes, en cuyo programa Hitler basó su programa de eugenesia. Si al menos el gobierno perredista nos entregara las decenas de miles de cadáveres de los niños abortados para darles cristiana sepultura, pero no, parece que hay muchos problemas, mientras que no existe ningún problema para venderlos a los laboratorios para la fabricación de cosméticos.

Marcelo declaró, desesperado, que “la moral religiosa no debe imponerse en la ley”. En eso estamos de acuerdo, pero queremos preguntarle porqué él sí puede imponer su ideología antinatalista, desintegradora de la familia y pervertidora de la niñez. ¿Por qué no quiso que se hiciera un referéndum sobre temas tan sensibles como el aborto, la unión homosexual y la adopción? ¿Por qué él puede imponer sus ideas y a nosotros no se nos permite ni siquiera exponerlas en un debate abierto y serio?

Los pobres “intelectuales” dizque liberales y “de izquierda” dan pena ajena, pues su manera de engañar a la opinión pública es imponiendo falsos debates. Por ejemplo, difunden que la aprobación, en 18 Estados, de las leyes que defienden la vida desde su concepción, es para “criminalizar” a la mujer, y que esas modificaciones son producto de la misoginia y el conservadurismo. No se han tomado ni siquiera la molestia de leer la Exposición de Motivos y el articulado de esas leyes. Si uno lee, puede constatar que ha sido todo lo contrario: en esas legislaciones se ha introducido la figura de la conmutación de la pena acarreada por el aborto, por varios tipos de servicio social, ofreciendo incluso asesoría médica y psicológica para las mujeres por los traumas que les ocasiona el aborto.

Difunden que la crítica contra el matrimonio homosexual es por “homofobia” o “discriminación”, cuando en realidad el trato hacia dichas personas es verdaderamente de respecto y caridad cristiana por parte de los católicos, existiendo incluso toda una pastoral específica para ellos. Los “intelectuales” y políticos en cuestión ignoran las encuestas que revelan como casi el 80% de los homosexuales son contrarios al matrimonio, por la responsabilidad que acarrea y porque prefieren no ser exhibidos, aparte de la situación que provoca la alta promiscuidad en ese grupo social.

Pregonan con fatua jactancia que quienes defendemos la vida y la familia somos “anticuados”, con lo cual demuestran no haber leído ni siquiera El Estatuto del Embrión Humano elaborado por las diversas academias de la ciencia, ni la Declaración Universal de los Derechos del Niño, o el Pacto de San José, que son algunos de los instrumentos más avanzados en la materia (y no son de la Iglesia).

Ignoran los avances bioéticos de la Academia Alemana de de las Ciencias, o de la Australiana, o de la Española, o la Francesa sobre el embrión humano, en los cuales el meollo del debate ya no consiste, desde hace varios años, en la identificación de indicios tempranos o tardíos de "humanidad", sino en el reconocimiento de los derechos humanos fundamentales, particularmente del derecho a la vida y a la integridad física desde el primer instante de la existencia, el cual debe ser respetado en virtud del principio de la igualdad. De los avances científicos han surgido leyes, en muchos países, que protegen el embrión, el ser humano indefenso, desde el primer instante de su existencia.

Dicen estar a favor de la adopción de menores porque los homosexuales tienen también el derecho de adoptar, ignorando que las leyes de adopción no obedecen a un derecho de los adultos, sino del menor, al cual se busca asegurar su estabilidad física, psicológica y emocional, misma que se destruye cuando se suprime alguna de las figuras paternas, como lo demuestra el Informe Reckers, del que han derivado varias legislaciones, basado en evidencias científicas que desaconsejan las adopciones homosexuales.

Pretenden engañar a la opinión publica presentando la homosexualidad como “preferencia sexual” de un ser humano “normal”, cuando la American Psicology Asociation, la más grande asociación de psicólogos a nivel mundial, con más de 150,000 miembros, ha logrado ayudar a que un gran número de pacientes superen su desviación, y acaba de publicar, en su más reciente publicación que “los psicólogos pueden ayudarle (al paciente) a construir una identidad que rechace el poder de esas atracciones (homosexuales)”, añadiendo que “el terapeuta no es quien les pone una meta respecto a su identidad, sino que es el paciente quien llega a consulta con su meta a tratar”.

Siguiendo la doctrina de Jesucristo, quien condenaba el pecado pero mostraba cariño y misericordia hacia al pecador, los católicos no nos cansaremos de repetir que la homosexualidad será siempre una desviación contra natura, pues el Creador estableció que la relación de amor fecundo es entre un hombre y una mujer, pero tampoco dejaremos de tratar a las personas que sufren ese padecimiento, sumo respeto, caridad y comprensión, a la vez que desaprobaremos enérgicamente que se difunda la contracultura homosexual en desfiles exhibicionistas o en textos de escuela para nuestros hijos, tratando de imponer que la mayoría acepte como “natural” la desviación de un grupo minoritario.

A este respecto, felicitamos a la Asociación Mexicana para la Investigación de la Homosexualidad RENACER, por todos los avances científicos en esta materia, y por los inumerables casos de curación obtenidos mediante sus terapias. Son testimonios muy elocuentes.

Queremos dejar de manifiesto que los católicos, particularmente los comunicadores, deseamos que se promueva el debate, y que nuestra intención es que se privilegie la verdad, sin denostar, sin hacer juicios apriorísticos, sin el uso de eufemismos y sin manipular a la opinión pública. Asimismo, nos adherimos a la idea de un estado laico, democrático e incluyente, en el que quepan todas las opiniones y convicciones, en el que no haya la preeminencia de ninguna religión ni ideología, pero que haya espacio para todas, pues la mejor expresión del laicismo es una visión ecuménica y plural de la sociedad. No admitimos que ninguna autoridad o institución se exhiba como dogmática y poseedora de la verdad. Nos oponemos tanto a los dogmas de la religión como a los dogmas de la ciencia, en cuanto a que las posiciones preadoptadas no contribuyen ni a la integración de todos ni al bien común.

Cuando se le preguntó al Secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, sobre el asunto de la denuncia del PRD contra el Cardenal Rivera, el Secretario contestó: “No creo que el silencio sea la respuesta democrática a un debate como éstos”… “La libertad de expresión de fe que tienen las iglesias para propagar sus ideas, sus principios y sus valores, debe ser tan amplia como sea posible”.

Los católicos coincidimos con el señor Gómez Mont en eso: “tan amplia como sea posible”. Ellos quisieran que nadie los cuestionara, pretendiendo que se coarte la libertad de expresión. Pretenden que esa libertad solo se les garantice a ellos. Pobres pseudocientíficos. Pobres pseudintelectuales. Eso ya se acabó. Diversas acciones que se pondrán en marcha en los próximos meses y años dejarán en evidencia lo errado y lo poco popular de sus posturas dogmáticas, y se verá quiénes son los que deben ser denunciados ante el CONAPRED por discriminación…. contra los católicos ¡quién lo dijera!