Creo en Internet

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No se preocupe el lector, no he cambiado de religión; se trata del título de un congreso de bastante interés, recientemente realizado en Madrid (el 11.11.11), cuyo nombre, si bien “teológicamente inexacto” -propiamente solo debemos creer en Dios-, no deja de ser sugestivo y sobre todo actual. Puede ser útil dedicar la columna de hoy a presentarlo y recomendar el acceso a sus contenidos en  http://creoeninternet.com/, donde colgaran videos de las ponencias y materiales diversos.
El planteamiento del congreso es sencillo, casi trivial: manejamos Internet, pero ¿lo sabemos usar?, es decir, ¿nos hemos parado a pensar si el uso que le damos es bueno? La palabra “bueno” tiene bastantes sentidos, y el congreso busca dar buena cuenta de ellos: se interesa, por ejemplo, por un buen uso técnico: “¿Cómo poner tu web la 1ª en Google?” es el título de una de las conferencias. También se habla de la “bondad” en el sentido de la “finalidad”: “¿Cómo cambiar el mundo a través de Internet?” nos invita a darnos cuenta que Internet es una herramienta utilísima para cambiar –para bien o para mal- el mundo. De ahí el interés en que tengamos muy claro que debemos utilizarlo para hacer todo el bien que podamos.
“Buen uso” obviamente se refiere al “buen uso moral”, debemos recordar que se trata de un instrumento: su bondad o maldad dependerá del uso que le demos (efecto externo) y de cómo nos afecte (efecto interno). En este sentido es preciso estar atentos a grupos de especial vulnerabilidad, particularmente niños y adolescentes, que para colmo son los que mejor suelen saber utilizar esta herramienta, pero no siempre para bien. La mesa redonda “Nuestros hijos en Internet” se dedicó a estudiar el problema, y sobra decir que cualquier padre o educador responsable debe tener un gran interés en conocer al detalle el tema, porque la pequeña pantalla puede echar a perder al hijo, ensuciar su  alma o sencillamente robárnoslo en casa.
Una visión positiva, no temerosa o a la defensiva de este medio estupendo nos la ofreció la mesa redonda: “Casos de éxito en la transmisión de la fe en Internet”, donde se presentaron no teorías o ideales, sino realidades en lo que a la transmisión de contenidos positivos por Internet se refiere. También ¿Cómo se están comunicando los valores en Internet en el siglo XXI?, ofrece un mapa de lo positivo que se está haciendo hoy en día, y de las perspectivas que existen para el mañana; las posibilidades inmensas de hacer el bien que están a nuestro alcance si nos decidimos a usar bien este medio, a dominarlo sin dejarnos dominar por él.
En síntesis, los ejes en torno a los cuales se desarrolló el congreso son: modos de comunicar eficazmente valores en la red, cómo funciona la red, Google y las redes sociales, el uso de Internet con fines educativos y el cuidado de los menores en la red. La ventaja es que el enfoque no es teórico, sino eminentemente práctico. Sin ignorar el peligro que encierra Internet –lo que lo volvería más peligroso aún- es necesario descubrir las inmensas posibilidades que ofrece de hacer el bien, comunicarnos y eventualmente evangelizar: el congreso ofrece una plataforma interesante al respecto, un intercambio enriquecedor de experiencias y una invitación para influir de forma más consciente, incisiva y constante en Internet y a través de él, en la sociedad y en millones de personas que de él se alimentan, a través de él se relacionan o adquieren criterios de juicio, modos de actuar, valores y cultura en general.
Desde que el Verbo se ha encarnado, ninguna realidad humana le es ajena; todas ellas pueden ser contempladas y sanadas a la Luz de Cristo: Internet no es una excepción. La misión evangelizadora de la Iglesia debe llegar ahí donde se encuentra el hombre: si antaño los “misioneros” (también ahora en lugares remotos) se servían de instrumentos musicales o de habilidades humanas para tomar un primer contacto con los hombres y a partir de ahí transmitir la fe; ahora estando en casa, podemos tomar contacto con los hombres más distantes, sólo nos falta preocuparnos por transmitir ahí, a través de ese medio la fe. Si los santos, deben ser “expertos en humanidad”, y el fruto natural del espíritu humano es la cultura, necesariamente deberán ser “expertos en la cultura mediática”, si no quieren terminar por ser extraños al hombre mediático, que para bien o para mal, pasa una gran parte de su vida y le da una particular importancia a todo lo que sucede en la red. A reflexionar sobre ello nos invita a el citado congreso, y toca a cada quien ver que granito de arena puede aportar para que la red tenga un rostro auténticamente humano, lo que equivale a decir, profundamente cristiano.