¿Cuáles son tus propósitos para el 2012?

ImprimirImprimirEnviarEnviarPDFPDF

Se termina un año más. Diciembre es un mes propicio para hacer un balance del año que ha pasado y los propósitos para el que comienza.
 
Quizá nos ayuda esta temporada, además de estar con nuestros seres queridos disfrutando de la Navidad y de las demás fiestas, a estar un poco más tranquilos, serenos y reflexionar sobre una realidad evidente: el tiempo pasa vertiginosamente y hemos de saber aprovecharlo bien.
 
Ese puñado de años que ahora poseemos es como un tesoro, es un don inmerecido recibido de Dios y, pasado ese tiempo, nos presentaremos con el Señor con las manos llenas o vacías.
Pienso que todos nos hemos encontrado en el rodar de la vida con algunos amigos o jóvenes que dan la impresión de que parecen  viajar en un coche deportivo a toda velocidad por la vida. Siempre están en una permanente actividad, con una conducta compulsiva.
 
Si se les pregunta qué planes tienen en el futuro, te contestan: estudiar, viajar, divertirme…Luego, ya recibidos en la licenciatura o maestría, se proponen: trabajar, ganar mucho dinero, comprar un departamento amueblado, un coche de lujo, una casa de campo…
 
Por supuesto, que muchas de estas cosas son buenas y lícitas pero acaban siempre dando la sensación que son “hombres-túneles”, que van a toda velocidad –como a ciegas- sin tomarse un minuto siquiera para meditar sobre sus propios actos, autoevaluarse, corregir sus yerros, buscar mejorar en sus vidas.
 
Así he conocido a varias personas que vivían a toda velocidad y, el día menos pensado, les sorprendió la muerte en un accidente automovilístico, mediante un infarto, un inesperado fallecimiento ante una intervención quirúrgica…
 
Cuando eso ocurre me suelo hacer dos preguntas: ¿Y todos esos planes a futuro que tenía este amigo o conocido dónde quedaron? Y la segunda, todavía más comprometedora: ¿de qué depende que haya fallecido él y no yo? Porque quizá éramos de la misma generación, compartíamos los mismos ideales, las mismas profesiones, etc.
 
La respuesta es tan clara como sencilla: estamos de continuo en las manos de Dios y sólo de Él depende el número de años que viviremos.
 
Me encanta una vieja película titulada: “Carros de Fuego” en la que unos atletas ingleses  se preparan con ahínco e ilusión para las Olimpiadas de París en los años veinte.
 
Aunque forman un contingente numeroso, lo cierto es que cada deportista corre “su propia carrera”; en otras palabras, no hay dos corredores idénticos. Cada quien pone su mejor  esfuerzo -a lo largo de muchos meses de entrenamiento- hasta que algunos logran llevarse la corona del triunfo mediante las ansiadas medallas olímpicas.
 
Una primera conclusión que podemos sacar de estas breves reflexiones es que verdaderamente es corto nuestro tiempo para amar, para rendir frutos, para servir a los demás, para superarnos como cristianos en el terreno universitario o profesional, familiar o social.
 
“No es justo, por tanto, -escribe San Josemaría Escrivá de Balaguer- que lo malgastemos, ni que tiremos ese tesoro irresponsablemente por la ventana: no podemos desbaratar esta etapa del mundo que Dios confía a cada uno”.
 
Es decir, una vida bien aprovechada puede contribuir a mejorar el entorno en el que habitualmente nos desenvolvemos. Basta recordar las vidas de los santos o las biografías de los grandes personajes de la historia, ¡cuánto bien hicieron en tan poco espacio de tiempo!
 
Una segunda idea es pensar en este próximo año que Dios nos concede. No en cinco ni en diez que no sabemos a ciencia cierta si el Señor nos permitirá vivirlos en esta tierra. Además de que el pensar en que viviremos “por tiempo indefinido” nos vuelve muchas veces dispersos e indolentes.
 
Y una última consideración es que hay que sacar pocos propósitos pero bien definidos. No vale, por ejemplo, decir, “mi propósito para el 2012 es que voy a tratar de ser más bueno o  eficaz”.
 
abría que ayudarle a concretar a ese amigo, familiar o conocido: “Si te propones ser bueno”, ¿en qué detalles de servicio concretos y cotidianos  vas a procurar tener con tus seres queridos en tu casa? ¿en qué manera  vas a corregir, por ejemplo, tu mal humor o ciertos aspectos de tu vida que manifiestan egoísmo?; “Si quieres ser más eficaz”, ¿en qué modo  vas a rendir más en tus estudios? ¿o cómo vas a cuidar el orden o el mejor aprovechamiento del tiempo en tu trabajo?
 
En definitiva, se trata de hacer rendir esas cualidades, esas virtudes, esas facultades que Dios nos ha dado y hacerlas producir para su Gloria, para el servicio a los demás y para nuestra propia superación personal.
 
“Que tu vida –concluyo con este sugerente pensamiento de San Josemaría en su libro “Camino”-  no sea una vida estéril. –Sé útil. –Deja poso. –Ilumina, con la luminaria de tu fe y de tu amor. (…) -Y enciende todos los caminos de la tierra con el fuego de Cristo que llevas en el corazón”.