Cuando el compromiso se aproxima

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Al tiempo en que uno va creciendo, van cambiando también los temas de conversación.

Primero se trata solamente de un intercambio de balbuceos, después
se habla sobre el juguete de moda o sobre el último descubrimiento que
han hecho ‘los grandes’, hermanos o amigos un poco mayores que nos
ilustran con su sabiduría.

Después llega la adolescencia con sus desenfrenos, sus idealismos,
el cambio de voz, el aumento de estatura y la presencia del sexo
opuesto, que se ha vuelto muy interesante.

Luego la juventud, la universidad, el primer trabajo, a partir de entonces, surge en las reuniones el tema del matrimonio.

Así, uno se entera que a Lupita le han dado anillo, que aquellos
novios eternos de la carrera hoy vuelan a la luna de miel, que los
compañeros de juegos infantiles ahora lo son de sus propios hijos.

Todo habla de iglesias, salones de fiesta, vestidos de novia o anillos de compromiso.

Si uno no tiene pareja, una catarata de citas con gente de todo tipo le cae de pronto: “es buena gente”, “te va a encantar”, “sé que son tal para cual”, amigos, familiares y conocidos, le presentan una gran variedad de ofertas.

Pero si acaso ya tiene novia, entonces el acoso aumenta: “¿para
cuándo se casan?... ejem, perdón, ustedes vivan su noviazgo, y que no
los presionen”, “acaban de abrir una joyería, hay unos anillos
increíbles... digo, por si te interesa”.

Eso sin contar con las competencias entre la cantidad de fiestas de despedida de solteros, “mi hija ya lleva 15 y va por las 20”, o por joyas, “precioso tu anillo... es un poco más chico que el mío, pero como quiera está hermoso”, o el número de invitados.

La influencia de la sociedad

Este torrente de opiniones y comentarios pueden desvirtuar el
concepto del matrimonio para convertirlo en un evento social, lo que
sucede en todos los niveles socioeconómicos, en los altos como en los
bajos, donde muchas parejas amancebadas por años no se han casado
porque ‘no pueden pagar la fiesta’.

Nos toca vivir un mundo en el que se crean corrientes que nos
pueden arrastrar si no tenemos bases firmes, nos desenvolvemos en un
ambiente capaz de llevarnos al abandono de nuestros valores, al grado
que muchas parejas se casan sólo porque “ya les toca”.

Es triste ver amigos o conocidos que una vez se juraron amor y fidelidad hasta la muerte y ahora se encuentran separados porque “se acabó el amor” o“nunca lo hubo”.

Las causas del divorcio son diversas y deben ser tratadas más bien
por expertos, sin embargo, tener una buena preparación viviendo un
noviazgo adecuado puede ayudar a prevenir futuros desequilibrios, y
sobre todo a preparar esa comunidad especial de amor llamada
matrimonio.

La relación de los novios es activada normalmente por la atracción
física de uno o los dos miembros de la pareja, a partir de entonces,
debe prevalecer la firme convicción de entregarse completamente para
dar la felicidad al otro, lo cual se llevará a cabo en un proceso que
durará toda la vida.

Pero no basta con tener nobles sentimientos e idealizar una
relación, pues al caer en la realidad pueden venir tremendas
desilusiones, es necesario tomar en cuenta otros elementos que ayuden a
fundamentar una relación fuerte, basada en la propia donación libre,
fruto de un conocimiento verdadero.

Los más importantes que han dado buenos resultados en matrimonios sólidos y duraderos son:

Comunicación

Es la base para el conocimiento mutuo, sin el cual no puede
florecer el amor verdadero, implica muchos ratos de conversación
hablando de diversos temas, desde lo trivial hasta lo más profundo,
desde los gustos hasta las ideas que dan sentido a la propia vida.

Es muy importante tener momentos para estar solos en los que se
platique la jornada diaria, se aclaren los malentendidos, se
intercambien opiniones sobre acontecimientos de mayor o menor
importancia.

Cada uno debe saber escuchar a su pareja para hacer propias sus inquietudes, éxitos, problemas y alegrías.

Este proceso implica sinceridad y apertura para mostrarse cada
quien tal cual es, provocando en el otro una auténtica aceptación de
sus cualidades y defectos, o bien un rechazo que lleva a una ruptura.

Tal separación puede ser dolorosa, pero ocurrirá en un momento en
el que es más fácil reconstruir la propia situación y encontrar una
nueva pareja.

Compartir ideales y valores

Todo ser humano necesita explicaciones filosóficas o religiosas que
den sentido a su vida y, en el mejor de los casos, lo lleven a actuar
de una manera ordenada hacia la meta que persigue.

Cuando la pareja comparte esos ideales tiene un punto de unión
mucho más profundo que el de la simple atracción física o psicológica,
de ahí la importancia de una boda religiosa, en la que los consortes
encuentran respaldado su amor por lo más sagrado que tienen: su
relación con Dios, en lo individual y como pareja.

Este tipo de unión es realmente más profundo cuando se realiza con
una buena preparación previa, en la que se comprenda el sentido de la
ceremonia, para evitar convertirla en un evento meramente cultural o
social.

De su identificación y vivencia de valores dependerá la futura educación de los hijos.

Conviviencia

Las palabras muchas veces no son suficientes para conocer a una
persona, es recomendable saber cuáles son sus reacciones en diferentes
circunstancias como eventos sociales, reuniones familiares, presiones
por trabajo o estudio, momentos de dificultad.

Es necesario descubrir las cosas que le alegran, las que le animan, sus gustos personales.

Nada puede sustituir la convivencia, además, cada experiencia
compartida es un nuevo vínculo de unión. O como alguna vez escuché, es
una moneda que se guarda en la caja de ahorro para cuando vengan
tiempos de prueba que amenacen la relación.

Entonces se utiliza ese ahorro para hacer juntos muchas actividades
como: practicar algún deporte, asistir a bailes, espectáculos,
convivencias, hacer alguna labor de ayuda social; emprender algún
proyecto, en fin, todo aquello que, ubicado dentro de un marco de
respeto mutuo, los ayude a crecer como pareja.

Escuchar

Los comentarios de quienes ya han pasado por lo mismo o han tenido
contacto con muchas otras parejas y, por tanto, tienen una opinión
valiosa que dar.

Esto puede realizarse de manera espontánea, platicando con
familiares, amigos o hablando con algún orientador que tenga
ascendiente sobre ambos.

Esta actitud puede ayudar a tomar las cosas, tanto las buenas como
las malas, en una justa dimensión, por ejemplo, un problema puede
parecer menos grave cuando se da uno cuenta que es más común de lo que
pensaba.

Una decisión de dos

Recuerdo a una amiga, que después de un largo noviazgo se
preguntaba si su novio era realmente el hombre de su vida, y encontró
la respuesta cuando alguien le preguntó: ¿Estás dispuesta a amanecer el
resto de tu vida con él al lado? Parece algo simple, pero tiene
implicaciones serias, para muchos puede ser fácil tomar la decisión de
la boda, pero no la del matrimonio; es decir, puede entusiasmarnos el
hecho de casarnos, por lo que supone la ceremonia, la luna de miel, el
iniciar una nueva etapa, etc. pero pasar por alto que se trata de un
compromiso que cambia la dirección de nuestra vida, y nos compromete
con el otro para siempre.

¿Están listos? Nadie más que ustedes puede saberlo.