¿Cuándo perdimos la política?

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¿Cuándo perdimos la política?

¡Este hombre ya enloqueció!, estará pensando Usted. No solo no hemos perdido la política; la política encuentra el modo de encontrarse cada vez más presente en nuestra vida diaria, en nuestro trabajo, en  la escuela, en todos lados. Y no para bien: ¡Ojala no tuviéramos tanta política!

Le doy la razón, en parte; pero sigo creyendo que hemos perdido la política como católicos y como mexicanos. La hemos perdido y la hemos dejado en manos de una casta muy especial: la de los políticos. Hemos perdido el concepto de la política como un servicio a la comunidad. Hemos perdido el concepto de la política como una noble actividad. Hemos perdido el sentido de responsabilizarnos por la cosa pública.

¿Cuándo fue que Política se volvió una mala palabra? ¿Cuándo empezamos a decir que algo se politiza, para indicar que ya se perdió la racionalidad, el sentido del bien común en algún tema? ¿Cuándo nos dejamos convencer de que no es de buen gusto hablar de política y de religión? ¿Cuándo empezamos a sentir que entrar a la política era rebajarse y que nosotros, católicos, no nos deberíamos de contaminar con algo tan sucio? ¿Cuándo empezamos a equiparar política con corrupción? No lo sé. Pero, claramente, ese día fue el día en que perdimos la Política como un instrumento para el bien común.

¿Cuándo nos dejamos convencer de que separar Iglesia y Estado, era igual a que los católicos no participaran en política? No solo eso, también nos convencimos de que eso era lo mejor para el país, de que así se evitarían intromisiones indeseables y de que, de esa manera, tendríamos un gobierno más justo, más equilibrado. Casi ciento cincuenta años han pasado de que los católicos aceptamos ese experimento. Hoy, después de tantos años de que los católicos hemos dejado la política en manos de otros, le pregunto a Usted: Esta no intervención de los católicos en ese campo, ¿Nos ha traído mejores gobiernos? ¿Mayor justicia? ¿Una vida pública más sana? ¿Mayor participación de la población en la cosa pública? ¿Gobernantes dignos y probos? Usted tiene la respuesta: la política no ha dejado de volverse cada vez más sucia.

Claro, tampoco voy a decir que basta con que haya católicos gobernando para que el Gobierno mejore. No, no se trata solo de tener católicos gobernantes. Ya hemos tenido malas experiencias. Se trata de que los católicos, todos los católicos, los ochenta y ocho millones de católicos que hay en este país, nos interesemos y nos responsabilicemos por la política. Que exijamos una política limpia, enfocada al bien común, con justicia para todos. Y que actuemos: ya está visto que los reclamos, así sean marchas de millones de ciudadanos, le importan muy poco a los políticos. Que actuemos a todos los niveles, que dejemos de pensar que no hay que hablar de política, que no hay que participar, no vaya a ser que nos ensuciemos. No debemos de aceptar los dogmas secularistas  nada más porque sí, porque no los han puesto en los periódicos y los libros de texto obligatorios. Ya es hora de recuperar la política; quedó en muy malas manos y, en esas manos, no va a mejorar.