La Cuaresma y la Pascua, tiempo de Gracia

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El Triduo Pascual es la parte central del Año Litúrgico, toda la vivencia litúrgica se desarrolla y gira en turno a este momento. Debido a su importancia y a la necesidad de nutrirnos de sus dones, nos preparamos con la Cuaresma.

 La Cuaresma apunta siempre hacia la Pascua, no es un tiempo para quedarse en él, sino para llevarnos a vivir la Muerte y la Resurrección de Cristo en nuestras vidas. La Cuaresma nos prepara a celebrar y vivir adecuadamente el Misterio Pascual.

El tiempo de Cuaresma como preparación para la Pascua se basa en dos pilares: por una parte está la contemplación de la Pascua de Cristo, con los relatos históricos que nos recuerdan su Cruz v su Muerte, sus profecías veterotestamentarias e incluso sus símbolos en la celebración de los sacramentos; por otra parte, la participación de los fieles en la Pascua del Señor a través de la penitencia personal y de la celebración de los sacramentos pascuales, con los que incorporamos nuestro "camino pascual" a la Pascua del Señor.

 A estos dos aspectos cabría añadir aún otro matiz que corresponde a la Iglesia como pueblo sacerdotal actuando para que todos los hombres participen en la Pascua del Señor: el cuidado (oración y catequesis) de la formación y crecimiento de la vida de fe en los fieles (charlas cuaresmales) y la oración por los pecadores para que alcancen la conversión.

Este camino cuaresmal y pascual de la fe nos pide un encuentro con Jesucristo vivo. Este caminar es un caminar en medio de la vida pastoral de nuestras comunidades, que tendiendo a la santidad, nos piden la formación de los laicos, el cuidado de los jóvenes y la familia, la atención a los bautizados alejados y las vocaciones sacerdotales. Nuestra andadura debe hacerse más rápida y decidida pura responder a lo que el Señor quiere de nosotros.

Este camino nos lleva a dar testimonio del amor de Dios en nosotros. Experiencia que nos hará avanzar con Cristo al Padre en el Espíritu Santo. En esta Cuaresma, todos nosotros, hombres y mujeres nuevos en Cristo, seamos y demos un signo concreto en medio de los retos actuales que se nos presentan, pidiéndonos el respeto a la vida y el trabajo por la paz, para seguir construyendo el Reino que Dios quiere.

Con mi bendición episcopal.

+ Constancio Miranda Weckmann

Arzobispo de Chihuahua