Cumpí 45. ¡Qué trauma!

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Hace poco me decía un familiar: -Te das cuenta, ya cumplí 45 años. ¡Es horrible! Ya me estoy acercando a la edad de las arrugas, las canas, las "patas de gallo", la papada, la barriga de viejo, la edad de los achaques... ¡Sencillamente no lo puedo soportar!

Después, en tono más confidencial, me preguntaba: -Tú crees que cuando cumpla 50, ¿debo de pensar en hacerme cirugía plástica?

-Primero –le contesté- me parece que estás exagerando y haciendo "todo un drama" del tema de la edad. Segundo, es verdad que la existencia humana es breve y pasa de prisa, pero la sabiduría y el arte de vivir precisamente consiste en ir aceptando absolutamente todas las etapas de la vida.

Ese comentario, me recordó un poema de nuestro Nobel de Literatura, Octavio Paz que decía que le impresionaba "la erosión implacable que causa el transcurso de los años sobre las construcciones (haciendo referencia a la vieja casona de sus abuelos) y que el tiempo desfigura sin remedio los rostros".

Pero un destacado filósofo y escritor, amigo mío, el doctor Alejandro Armenta, me hacía ver que el tiempo, en efecto, en su forma externa, causa esos estragos; por el contrario, en la parte interna, una persona puede ir adquiriendo experiencia, madurez, afianzar virtudes, consolidar sus valores. Por otra parte, pertenece al fuero interno el mantener un espíritu jovial y optimista y que, de modo especial, las últimas décadas de la existencia hay que asumirlas con dignidad y categoría humanas.

Admiro cómo muchos locutores ponen su mejor esfuerzo, para que desde tempranas horas del día, su programa de radio resulte ameno, divertido y hasta cómico. Pero, realmente me dan mucha pena los "consejos" que dan algunas locutoras de radio, que según se escucha su edad gira en torno a los 40 años, y se dirigen con vehemencia a los inexpertos adolescentes, particularmente al llegar el fin de semana y les animan: "¡Qué tengan un muy 'reventado fin'! ¡A ver a quién 'se ligan' y con qué pareja hacen el amor! ¡Porque lo importante es pasarla bien a como dé lugar!"

Por una parte, es dolorosa la desorientación ideológica que recibe la juventud que escucha esos programas. Después, considero grave la irresponsabilidad ética y social de la comunicadora que se atreve a lanzar semejantes mensajes sin medir las consecuencias que ello puede causar.

También, da toda la impresión que la atolondrada locutora lleva una vida personalmente desarreglada; que probablemente no esté casada ni tenga hijos, sino que cohabita con su "pareja en turno" en unión libre, camino que desde luego no lleva sino a la infelicidad y a la falta de compromiso.

Todo ese desorden de vida lo pretende transmitir a modo de "consejillos extraídos de revistas de chismes de artistas y cantantes" y ofrecerlo a las ingenuas adolescentes, con "aires de sabihonda", como "una experiencia ¡qué no te puedes perder!"

Cuando en realidad resulta que aquella mujer de más de 40 años, viene arrastrando una conducta propia de una frívola y superficial quinceañera (porque aclaro que hay jovencitas muy centradas) y con su modo de comportarse pretende influir en los demás y autojustificar la inmadurez e insensatez de su conducta.

El principio de la madurez es aceptar la vida con todas sus consecuencias, en la salud, la enfermedad y la muerte; en tener principios y convicciones y procurar ser congruentes con ellos; en cumplir satisfactoriamente con nuestros deberes en el trabajo y en la familia y, sobre todo, adquirir compromisos de vida.

¡Qué maravilloso ejemplo hemos recibido de nuestros padres, tíos y abuelos que lucharon por ser fieles como esposos hasta la muerte! Tuvieron adversidades, problemas, dificultades pero el resultado fue que aquella perseverancia, aquel hogar estable, repercutió, de modo directo, en la felicidad y formación armónica de cada uno de los hijos y los nietos.

Finalmente, no hay que perder de vista que nuestros compañeros de viaje pueden ser, si nos lo proponemos, la alegría, el entusiasmo, el buen humor.

Leía hace unos días que las personas llegan a la longevidad si tienen ilusión por vivir, si tiene planes a largo plazo, acordes con su edad, como estudiar, continuar leyendo, cultivándose, poniéndose al día en los avances de la cibernética, seguir pendientes de la formación de sus descendientes, sirviendo a las personas que necesitan de su auxilio y de su ayuda…

He sido tantas veces testigo de que una persona que vive así, aunque tenga más de 80 años y en medio de sus inevitables achaques, aprende a ser feliz y a comunicar esa alegría a los demás.

Blog: raulespinozamx.blogspot.com