Curas casados, ¿Por qué no?

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Platicando con mi amigo Jesús Alfonso Nieves sobre el Año Sacerdotal y otras cosas, el tema obligado se impuso: ¿por qué no se casan los curas? Y después de mucho darle vueltas al asunto, él como casado y además como escritor, tuvo un sueño más o menos así: 

 

6:00 A.M. El padre José se levanta de la cama, después de una buena ducha y refrescante rasurada; se dirige a su rincón favorito para, en la intimidad, dirigir sus acostumbradas oraciones matutinas, cuando escucha la voz de su esposa que se encuentra en la cocina preparando el desayuno para los hijos diciéndole: «Apúrate con tus oraciones pues te toca la ronda con los niños». Fin del encanto espiritual matutino. 

 

7:00 A.M. Después de haber llevado a los hijos a la escuela se encuentra él en la sacristía alterado y molesto. Primero por el espantoso tránsito en las calles; segundo, porque tuvo que amonestar a su hijo mayor por haber sacado cinco en matemáticas y cinco en religión; tercero, porque le recordaron que debía dos meses de colegiatura y si no pagaba no tendría su hijo derecho a sus exámenes, a pesar de estar en un colegio de religiosas. 

 

7:50 A.M. Se le acercó un feligrés con deseos de confesarse. Aunque lo confesó, no pudo aconsejarlo debidamente por el calor que hacía en el confesionario; sacó su pañuelo para limpiarse el sudor apareciendo el recibo de la energía eléctrica con vencimiento de un día anterior, mismo que su esposa se lo había entregado oportunamente. 

 

8:00 A.M. Inicia la celebración de la Santa Misa, todavía pensando en la colegiatura y en el recibo vencido; pero, para colmo de sus males, la lectura del Evangelio trató de que no se podía servir a dos patrones. 

 

8.45 A.M. Regresa, como es su costumbre, a desayunar a su casa, tiempo que aprovecha para comentar con su esposa sobre las inquietudes de sus hijos, sobre las prioridades económicas del hogar y escuchar las necesidades de su esposa. Se despide de ella con cariñoso beso, con una palmada de aliento y con un mundo de problemas hogareños en su mente. 

 

10:00 A.M. Inicia con su acostumbrado optimismo sus labores parroquiales: revisar gastos, supervisar obras de remodelación, revisar la agenda de bautizos, primeras comuniones, quinceañeras, bodas, etc.; encabezar reuniones con los distintos grupos de laicos comprometidos con la parroquia; atender llamadas telefónicas; revisar presupuestos de gastos y planear rifas para sufragar los gastos; elaborar informes pedidos por el arzobispo, enviar informes financieros al ecónomo, etc., etc. 

 

11:45 A.M. Atiende a los enfermos que requieren de su ministerio y consuelo. Se da un tiempo para pagar el recibo de energía eléctrica y entregar el informe al Secretario Canciller y al Ecónomo Diocesano, no sin dejar a éste una petición de adelanto de sueldo de la quincena para el pago de las colegiaturas. 

 

1:15 P.M. Sale disparado porque tiene que recoger a sus hijos en la escuela. 

 

1:50 P.M. Se sienta a comer con su esposa e hijos y se percata de que se le olvidó pasar por las tortillas. No termina el postre cuando empieza la clásica cantaleta: papá, necesito...; papá, quiero...; papá, nos falta...; papá, no se te olvide que tienes que ayudarme con la tarea; viejo, necesito zapatos, los vi. en...; viejo, ¿cuándo me vas a llevar al cine?; viejo, tenemos que ir con mis papás, etc. 

 

4:00 P.M. De regreso a su oficina —perdón, a su parroquia— se enfrenta con su trabajo: pláticas, confesiones, Misas y, por fin, a punto de salir a su casa, se le acerca una señora y le dice: padre, por favor venga a mi casa a tomar café y así pueda convencer a mi marido. 

 

9:30 P.M. Llega agotado a su casa con deseos de orar y su hija le dice: te estoy esperando para que me ayudes con la tarea. 

 

9:57 P.M. Recibe una llamada telefónica para decirle que fulanita está en agonía y se requiere su presencia. 

 

11:00 P.M. Está a punto de meterse a la cama cuando su esposa le dice: te habló zutanita, que desea que la recibas mañana para una consulta. ¿No te parece que ya son demasiadas direcciones espirituales con ella? Esto ya no me «huele bien». 

 

11:15 P.M. Se levanta de la cama para apagar todas las lámparas que dejaron los hijos encendidas, rezongando por toda la energía que tiene que pagar y no lo consideran. 

 

11:25 P.M. En la cama escucha el ronroneo de su mujer: mi vida (ya no le dice viejo), ¿me quieres? 

 

1:00 A.M. Se levanta el padre José porque tiene insomnio y en el silencio de la noche casi se escucha su grito interior de angustia que dice: «Señor, ¿porqué no estableciste el celibato para tus sacerdotes?».