David Galván Bermúdez


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David Galván Bermúdez

(1881-1915)

Sacerdote.

Nació en Guadalajara (México), el 29 de enero de 1881. Hijo de Trinidad Galván y de Mariana Bermúdez. Su mamá murió cuando era niño. Después de estudiar en escuelas católicas, ingresó al seminario de Guadalajara en 1895. Aunque en el seminario fue buen estudiante, a los cinco años salió del mismo. Durante tres años trabajó en un taller de zapatería y como maestro. Con mayor madurez en su vocación, volvió al seminario a estudiar teología. En diez años que lo conocí me dio ejemplo de muchas virtudes, aseguró un compañero. Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1909. En el año 1910 inició la Revolución Mexicana que se extendió como fuego. Los revolucionarios venían cometiendo salvajes atropellos contra la iglesia, los sacerdotes y religiosas. Los católicos de Guadalajara pensaron en organizar una manifestación de desagravio. El 11 de enero de 1914 se tuvo una marcha con algunos incidentes y, aunque la policía quiso disolverla, nada detuvo a la multitud. El padre Galván marchaba al lado del maestro Francisco Orozco. De 1909 a 1914 fue capellán del hospital de San José y del orfanato de La Luz, en Guadalajara. También ejercía como profesor en el seminario. En mayo de 1914 fue nombrado vicario de Amatitlán, Jalisco. En junio de 1914 el general Álvaro Obregón anunció su entrada en Jalisco, se apoderó de la capital, ocupando la catedral como cuartel y saqueando templos e instituciones católicas. El domingo 6 de diciembre de 1914 el padre Galván fue aprehendido por una tropa al mando del teniente coronel Enrique Vera, quien había sido su compañero de escuela y lo condujeron a Tequila, donde estuvo cinco días. Posteriormente lo llevaron a Amatitlán, donde lo encerraron en la casa cural. El teniente coronel Vera estaba casado por la iglesia, pero había abandonado a su familia y quería casarse nuevamente con la sobrina del padre de quien solicitó ayuda para convencerla a ella y a sus familiares, a cambio de la libertad. El padre rechazó la propuesta y, en venganza, Enrique lo entregó al general Diéguez en Ameca quien a su vez lo remitió a Guadalajara. Con la ayuda de amigos y conocidos, al no poder probarle ningún delito, fue puesto en libertad. Durante los sangrientos combates entre villistas y carrancistas en las afueras de Guadalajara, durante los últimos días de diciembre de 1914 y los primeros de enero de 1915, estuvo atendiendo sacerdotalmente a los heridos de ambos bandos. Enrique Vera volvió a Guadalajara el 19 de enero y se enteró que el padre estaba libre. Ese mismo día Enrique fue ascendido a capitán. La ocasión de vengarse del padre la tuvo el 30 de enero, después de un sangriento combate que dejó muertos y heridos de ambos bandos frente al palacio. El padre Galván quiso ir inmediatamente a auxiliar a los caídos en el combate. Fue al templo de la Soledad a buscar al padre José María Araiza. Después de que atendieron a los heridos que encontraron en el jardín botánico, se dirigieron al cuartel del capitán Vera. Al llegar, un soldado les apuntó con el rifle y les preguntó: ¿Ustedes son curas? El padre Galván le contestó que sí y que el teniente Campos le informó que ahí tenían heridos y que el licenciado Ramos les había autorizado para entrar a confesarlos. Los soldados quisieron matarlos, pero el cabo mandó que los encerraran mientras el capitán Vera ordenaba lo que debía hacerse. Familiares y amigos, enterados de lo sucedido, trataron de liberarlo. El capitán, previa autorización del gobernador del estado, ordenó que los fusilaran. Los sacaron de la prisión como a las doce del día. Al darse cuenta de que iban a ser fusilados, los dos sacerdotes se confesaron mutuamente y se administraron el sacramento de la unción. Una escolta los condujo a espaldas del hospital de Belén. Quisieron vendar los ojos al padre Galván, pero él se negó. Luego dijo: Les perdono lo que ahora van a hacer conmigo. Frente a la tropa, señalándose el pecho, dijo: Que sea aquí. Mientras tanto llegó el indulto. El capitán Vera informó: Al que buscan ya no está aquí. Los portadores del indulto atravesaron inmediatamente el jardín y a la voz de suspendan la ejecución..., se escuchó la descarga mortal y vieron el cuerpo del padre que rodaba por el suelo. Sólo el padre Araiza pudo gozar del indulto. El cuerpo del padre Galván fue sepultado el 31 de enero de 1915