¿De veras es la peor crisis de la Iglesia?

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  Hay ocasiones que al leer a algunos columnistas que desvelan un extraño odio y rencor hacia la Iglesia Católica, me acuerdo de mi infancia y la que viven hoy mis hijos.

Cuando somos niños y no alcanzamos a entender todo, pareciera que lo que sucede en nuestro entorno –dado que aún no entendemos muchas cosas– es único y dramático, pareciera a veces que el mundo estuviera apunto de desaparecer; eso se llama ignorancia.

Sin embargo, cuando crecemos, entendemos que el mundo no se acaba tan rápido como pensamos ni las cosas son tan determinantes y dramáticas como las veíamos cuando éramos ignorantes.

En este sentido, más que coraje me da un poco de pena ver la gran ignorancia de muchos “intelectuales”, que “profetizan” que con los recientes acontecimientos que han salido a la Luz sobre la Iglesia Católica, después de 2 mil años de historia ésta pudiera desaparecer.

Para poder comprender lo anterior habría que caer en la cuenta de que la Iglesia Católica no se fundó ayer y que tampoco fue fundada por seres humanos, sino por Dios mismo en la persona de Jesucristo. 

Entiendo que para muchos éstas sean palabras extrañas y alejadas de lo que vemos y palpamos. Efectivamente, habrá que reconocer que para poderlo entender se requiere de Fe, la cual no estamos todos obligados a tener, pero que no por ello no existe. El asunto es que la Fe existe y para entender en toda su dimensión a Iglesia Católica fundada por Cristo, se requiere de ella.

En este sentido, ni el gran problema de la Iglesia actual, ni cualquier otro, harán que desaparezca ni evitarán que siga cumpliendo con su misión. Y la noticia para todos aquellos fatalistas que quisieran ver a una Iglesia derrotada es que se mantendrá en pie durante todos los años en que exista la humanidad.

Para quien conoce la historia de la Iglesia Católica, los sucesos que la aquejan y la angustian, no son ni los peores ni los más terribles de su existir, ya que ha habido hombres que desde su cabeza, incluso como Papas, no han sabido honrar su misión, ni han sido el mejor testimonio de lo que se predica.

Lo que sí es claro, es que a pesar de esas personas, la Iglesia Católica sigue en pie más firme que nunca, ya que en cada momento de crisis han existido mujeres y hombres que, desde la Fe y con su testimonio de vida, reafirman el mensaje original del Fundador.

Lo que sucede hoy es que esos hombres y mujeres que sí existen, que sí son muchos, y que sostienen el mensaje del Fundador con su testimonio de vida, no son, desafortunadamente, noticia relevante para nuestra sociedad actual.

Vamos, para entender que esto no es nuevo, habrá que remontarnos a los momentos mismos de su Fundación, cuando se dio su primera crisis, ni más ni menos el día de la Crucifixión de Jesucristo, misma que los católicos acabamos de conmemorar.

Imaginen la escena: el Mesías “muerto”, un traidor que formaba parte del primer círculo del Fundador –Jesús– y otros timoratos que no fueron capaces de reconocer en público que eran sus seguidores. No cabe la menor duda de que esta Iglesia, desde la perspectiva humana, jamás habría aparecido, subsistido y mucho menos se hubiera extendido al grado de formar una civilización.

Sin embargo, hubo mujeres y hombres que entendieron el mensaje de Fe y otros a los que se les abrió el entendimiento, que se lanzaron a la gran empresa de llevar el mensaje Evangélico y expander la Iglesia hasta lo que hoy conocemos.

No debemos olvidar que quienes constituimos la Iglesia, desde la jerarquía hasta los laicos, vivimos inmersos en un mundo que hoy se debate entre lo verdadero y lo falso, lo humano y lo material, alejándose de su naturaleza. Por eso, no nos debe extrañar que el homosexualismo, la pederastia y el materialismo ataquen también a las personas que la conforman. 

Si los hombres y las mujeres que se comprometen a seguir los principios, están sufriendo estas caídas, imaginemos cómo estará la otra gran parte de nuestro mundo del que pocos se ocupan.

Tiempos de crisis, tiempos de mujeres y de hombres audaces que son capaces, desde la Fe, no sólo de remontar sino de refundar ese espíritu y esos principios Evangélicos y humanos, que a muchos les estorban hoy en día.

Si tienes Fe, ahora es cuando y si no, nunca es tarde… ¡Reenvía este mensaje!