Declaración de Ámsterdam

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El Bloemenmark, Mercado de Flores, es uno de los principales atractivos de la ciudad de Ámsterdam.  Sobre el margen del canal Singel, lo forman numerosos puestos flotantes donde abundan diversos tipos de plantas, semillas, flores ¡y especialmente tulipanes!

Y de Ámsterdam nos llega también el aroma y el colorido de la verdad sobre la familia. ¡Cuánto necesitábamos esa luz y esa belleza! En efecto, en representación de las familias y organizaciones provenientes de más de 60 naciones, los delegados del 5° Congreso Mundial de Familias celebrado en esa bella ciudad, del 10 al 12 de agosto de 2009, han suscrito la “Declaración de Ámsterdam”. 

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La agradecerán los lectores, abiertos a la verdad sobre la familia -como los tulipanes a la luz-, gracias a los diversos Congresos y al Encuentro Mundial de la Familia de Valencia, España, 2006, y de México, 2009. Desde Ámsterdam y sin más compromiso que la verdad, definen a la familia natural “como la unión matrimonial entre un hombre y una mujer para toda la vida, con el fin de acoger y cuidar de la vida humana nueva, de proporcionar amor, compañía y apoyo mutuo en la construcción de un hogar rico en funciones, y de fortalecer los vínculos entre las generaciones”.

Nos definimos -enseña el Documento- como “pro-niños”. Reafirmamos las estructuras sociales, culturales y legales que fomentan el desarrollo óptimo de los niños, en términos de salud, educación y posteriormente, responsabilidad cívica. Favorecemos los acuerdos laborales que permitan que los padres pasen más tiempo con sus hijos. Reconocemos lo que las ciencias biológicas y sociales enseñan: Que las expectativas para los hijos son mejores cuando son criados por sus padres naturales dentro del hogar, formado por el matrimonio de sus padres. 

Afirmamos que “el futuro de las naciones se apoya en las familias que tienen una base espiritual”. Las organizaciones religiosas deberán ser libres para defender su propia doctrina sobre el matrimonio y la familia en la esfera pública.  Afirmamos que “la familia natural es anterior al Estado”. Las políticas públicas deben respetar la autonomía de la familia.    

Exigimos “leyes y políticas sólidas que apoyen la institución natural del matrimonio”; desalienten el divorcio, especialmente cuando haya niños involucrados; fomenten matrimonios que se comprometan a tener y a educar a sus hijos de acuerdo con sus convicciones; protejan el derecho primordial de los padres de educar a sus hijos; protejan el desarrollo físico, mental, social y espiritual de los niños; “y custodien la vida humana especialmente vulnerable, al principio y al final del ciclo vital”. 

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Prestamos especial atención al estatus de la familia natural en los países en vías de desarrollo. De manera que: “Afirmamos la solidaridad entre las generaciones”. Más allá del círculo inmediato conformado por la madre, el padre y sus hijos, se encuentra la riqueza ancestral de los abuelos, tías, tíos y primos (…). Apoyamos las acciones que revigoricen este círculo más amplio de la familia extensa como el lugar donde las personas puedan encontrar ayuda en tiempos de crisis, de desempleo, enfermedad, pobreza, vejez y el duelo por la pérdida de seres queridos.

“Proponemos a la familia natural como nuestra solución a la pobreza”. El apoyo a las personas que viven en extrema pobreza debe ser proporcionado dentro del entorno familiar, cuando sea posible. Apoyamos las estrategias que fomenten que la familia sea dueña de su propio hogar y del desarrollo de microempresas, que promuevan la orientación vocacional para jóvenes de ambos sexos y la renovación de las economías rurales como una mejor alternativa a la migración hacia las ciudades. 

Vemos el nacimiento de cada bebé como “un activo para el mundo, una nueva inteligencia y un nuevo par de manos”.

Identificamos “las tasas de natalidad decrecientes” como el principal problema demográfico del siglo 21. “Apoyamos las medidas que desalientan el aborto” (incluyendo el aborto por selección del sexo), las que favorezcan familias más numerosas y saludables y las que apoyen el crecimiento económico.

“Respondemos a la pandemia del VIH y del SIDA con un programa de abstinencia , fidelidad  y formación de carácter”[lo podemos memorizar: A,F,C], a través de una educación para la vida basada en los valores. Creemos que este enfoque inspirará y reforzará la vida familiar en las sociedades, romperá con el ciclo de la infección y beneficiará a los niños. También exhortamos la introducción de iniciativas especiales para mejorar el cuidado de las víctimas del SIDA, la atención a los huérfanos y a los familiares de edad avanzada que cuidan de ellos para la reconstrucción de hogares funcionales.

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Por último, “solicitamos un enfoque familiar en temas de salud”: La educación sexual deberá ser impartida por los padres de familia y debe basarse en el desarrollo de la fuerza de voluntad, la fidelidad en las relaciones conyugales y la toma responsable de decisiones. Los servicios de salud, antes y después del parto, deberán extenderse a la orientación sobre alternativas diferentes al aborto, incluyendo la adopción. El amamantamiento deberá promoverse como una estrategia de supervivencia infantil.