Descálzate por un momento, veras la diferencia..

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Qué diferente serían las relaciones entre los hombres si tuviésemos la prudencia, el equilibrio, el tino para ver, sentir e intuir como está la persona con la cual voy a tener una comunicación. Muchas veces no vemos más que nuestras pequeñas y miopes percepciones personales de los acontecimientos, de las situaciones, y tal vez por lo general no vemos lo que está pasando en el corazón, en los sentimientos de la otra persona. Sí, y entramos  con todo, devastando, dañando, hiriendo, y para eso somos muy agudos y sutiles, incluso expertos. Nos decimos; ahora sí se va a enterar fulano de tal. Pisamos fuerte y no nos damos cuenta, que tal vez la táctica, el modo para solucionar, curar, pegar lo roto es la suavidad, es tener que descalzarme un momento, para pisar con cuidado y si entro en el interior de alguien lo hago a tientas. Cuántos de nosotros no sabemos esperar el momento, no pensamos que lo que voy a decir va a traer más perjuicio que beneficio, que voy a destruir más que construir. 

 

Dame Señor la prudencia, el cariño, la paz interior, para que esa paz la pueda llevar en cualquier situación y circunstancia, y que siempre sepa decir en el momento oportuno y con las mejores palabras la verdad  para no herir,  ni lastimar.    

 

Habitualmente entramos en el interior de los demás sin fijarnos en el modo en que lo hacemos, pisando fuerte o con gran descuido.

Pero comprendí que descalzo puedo sentir el terreno que piso y estar atento al interior de las personas que se me pasa por alto cuando entro calzado.

Al descalzarme, camino más lentamente; tratando de pisar suavemente

para no dejar marcas que lastimen.

Descalzarse es entrar sin prejuicios, es estar atento a la necesidad del otro, sin esperar una respuesta determinada, es entrar sin intereses y con mucho respeto.

Cuanto más difícil sea el terreno interior de los demás, más suavidad y más cuidado debo tener para entrar. Y esto lo debo conocer antes de entrar.

 

Que estas sencillas reflexiones, nos ayuden a pensar en la posibilidad de hacer de nuestra sociedad un lugar más humano, con una convivencia con más tolerancia y paciencia, con una mayor capacidad de pensar más en los otros que en uno mismo, en actitudes tan sencillas, como ceder el paso, ceder la conversación, el esperar que el otro termine para yo hacer mi intervención, esperar y retirarme si mis palabras van a herir o dañar una relación. Cuánto control de uno y al mismo tiempo cuánta capacidad de amar, pues en mi corazón siempre busco el mayor bien. Yo sé que podemos cambiar y mejor nuestra sociedad, nuestra familia, ¿por qué esperar para mañana si puedo comenzar el cambio ahora?.  PORQUE CREO, SEÑOR, QUE ESTÁS VIVO Y PRESENTE EN EL CORAZÓN DE MIS HERMANOS, ME COMPROMETO A DETENERME, A DESCALZARME Y ENTRAR EN CADA UNO COMO EN UN LUGAR SAGRADO.