Descubrir la vocación al amor

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Benedicto XVI conoce bien a los jóvenes por su vocación de maestro universitario en Alemania y por su vocación sacerdotal profundamente vivida. El sacerdocio pone en una relación estrecha con cada persona -adulto y joven-, sin máscaras; nos encontramos con aquella inmediatez con que desearíamos encontrarnos a Cristo aquí en la tierra. Con esa doble perspectiva invita a los jóvenes a descubrir su vocación, que es siempre “vocación al amor”, aunque expresada en estados de vida distintos.

En su mensaje a los participantes en el Décimo Forum Internacional de los Jóvenes, que se está celebrando en la localidad italiana de Rocca di Papa, cerca de Roma, sobre el tema “Aprender a amar”, Benedicto XVI afirma que el amor “es central en la fe cristiana y en la vida cristiana”.

En el mensaje afirma que “por el hecho mismo de que Dios es amor y el hombre es a su imagen y semejanza, comprendemos la identidad profunda de la persona, su vocación al amor”. 

“El hombre está hecho para amar; su vida se realiza plenamente sólo si se vive en el amor”, subrayó. 

En este sentido, instó a los jóvenes a “descubrir su vocación al amor, como personas y como bautizados. Esta es la clave de toda la existencia”. 

Esta vocación “toma formas diferentes según los estados de vida”. Una de ellas es el sacerdocio: “Llamados por Dios para entregarse enteramente a Él, con corazón íntegro, las personas consagradas en el celibato son un signo elocuente del amor de Dios para el mundo y de la vocación a amar a Dios por encima de todo”.

Otra vocación es el matrimonio, de la que el Papa invitó a “descubrir su grandeza y su belleza”. Esta es la razón:  “La relación entre el hombre y la mujer refleja el amor divino de manera completamente especial; por ello el vínculo conyugal asume una dignidad inmensa”. 

“En un contexto cultural en el que muchas personas consideran el Matrimonio como un contrato temporal que se puede romper, es de vital importancia comprender que el verdadero amor es fiel, don de sí definitivo”, recuerda el Papa con singular belleza. ¡Nos habla de “fidelidad”!

Esta fidelidad no es imposible: “Cristo consagra el amor de los esposos cristianos y se compromete con ellos”. La fidelidad “es el camino para entrar en una caridad cada vez más grande. Así, en la vida cotidiana de pareja y de familia, los esposos aprenden a amar como Cristo ama”. 

Concluyó su mensaje citando a los jóvenes el domingo próximo 28 de marzo, en la Plaza de San Pedro, donde se llevará a cabo la solemne celebración del Domingo de Ramos y la XXV Jornada Mundial de la Juventud. Benedicto XVI augura que el encuentro personal con el Señor durante esta Semana Santa nos lleve “¡a la respuesta generosa de cada uno a la llamada y a los dones del Señor!”

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Seguro que el lector estaba deseando traer a su memoria algunas palabras clave que escuchó a Juan Pablo II sobre la santidad del matrimonio... Que no se inquiete porque aquí tiene un fragmento de su magistral homilía en la Misa para las familias, en Río de Janeiro, 5 octubre 1997:

“El hombre fue creado por el Verbo, y fue creado varón y mujer. La alianza conyugal tiene su origen en el Verbo eterno de Dios. En Él fue creada la familia. En Él la familia es eternamente pensada, imaginada y realizada por Dios; por Cristo adquiere su carácter sacramental, su santificación. (…). La santificación de la familia tiene su fuente en el carácter sacramental del matrimonio”.

Se escuchan, vigorosas, las palabras de Juan Pablo II: “Padres y familias del mundo entero, dejad que os lo diga: Dios os llama a la santidad. Él mismo os ha elegido ‘antes de la creación del mundo -nos dice San Pablo- para ser santos e inmaculados en su presencia (...) por medio de Jesucristo’ (Efesios 1,4).

“Él os ama muchísimo y desea vuestra felicidad, pero quiere que sepáis conjugar siempre la fidelidad con la felicidad, pues una no puede existir sin la otra. No dejéis que la mentalidad hedonista, la ambición y el hedonismo entren en vuestros hogares. Sed generosos con Dios. (…) La familia está al servicio de la Iglesia y de la sociedad en su ser y en su obrar, en cuanto comunidad íntima de vida y de amor. La entrega íntima, bendecida por Dios e impregnada de fe, esperanza y caridad, permitirá alcanzar la perfección y la santificación de cada uno de los esposos. En otras palabras, servirá como núcleo santificador de la misma familia, y será instrumento de difusión de la obra de evangelización de todo hogar cristiano”.