Detrás de los números

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Detrás de los números

  

“Han muerto 56 personas en un atentado”. “Este fin de semana se han registrado 43 víctimas mortales por accidentes de tráfico”. “La malaria infecta millones de personas al año”. “El número de mujeres que aborta sigue aumentando en algunos lugares del planeta”.

Nos acostumbramos a leer cifras y datos de las profundas desgracias que afligen a miles de seres humanos. Detrás de cada cifra, detrás del anonimato de los números, hay vidas concretas, se esconden historias de dolor y de amargura.

La “víctima 34" del último atentado terrorista era un funcionario del que dependían 5 hijos pequeños. El accidente “número 25" acabó con la existencia de toda una familia que viajaba para visitar a los abuelos. El contagiado 120.512 por la malaria en tierras africanas participaba en un importante proyecto de asistencia a niños huérfanos. Y la mujer 53.210 que acudió a una clínica para abortar vive desde hace varias semanas una profunda depresión, siente rabia por haberse sentido abandonada por el padre de su hijito y por médicos que querían hacer la operación rápido para respetar los plazos de tiempo establecidos por una ley inicua.

Se trata de miles y miles de historias, de una marcha casi infinita de lágrimas y penas. Porque los atentados podrían ser evitados si el odio desapareciera de los corazones. Porque muchos accidentes no ocurrirían con copas de menos y con prudencia de más. Porque existen medios para prevenir la malaria que podrían ser financiados por los países ricos, que prefieren invertir en otros gastos, a veces superfluos. Porque nunca habría que presentar al aborto como “solución” ante la llamada al amor que recibe cada mujer con el inicio de la vida de un nuevo hijo.

Detrás de los números hay mucho sobre lo que reflexionar. Con los ojos profundos de la compasión, con la mirada que surge desde la fe en Dios, podemos sentir la necesidad de orar por las víctimas, de pedir la conversión de los criminales, de ayudar a quienes desean algo de dinero para atender a familias hundidas en la miseria o a personas destrozadas por enfermedades crónicas.

Pasan entre mis manos las hojas de un periódico. Le pido a Dios que esas mismas manos puedan convertirse en instrumentos de paz, de amor, de consuelo, ante tanto mal que hiere a miles de personas concretas, a tantas historias escondidas detrás de números fríos.

Todas las víctimas desean una ayuda sincera, un corazón solidario, un mayor compromiso de todos por un mundo más justo y más bueno. Poner mi parte, pequeña o grande, permitirá que una gota de consuelo llegue lejos y hondo a tantas vidas hambrientas de esperanza, de justicia y de amor sincero.