Días históricos en Alemania

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¿Quién no desearía haber escuchado al Señor Jesús sus consejos a los novios a quienes acompañó  en su boda en Caná de Galilea? Un acontecimiento recogido por  San Juan en su Evangelio. Tuvimos esa oportunidad a través de Benedicto XVI el 11 de septiembre junto a multitudes de novios en Ancona, Italia.
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El nuestro es un tiempo no fácil, sobre todo para ustedes los jóvenes. La mesa está repleta de muchas cosas deliciosas, pero, como en el episodio evangélico de las bodas de Caná, parece que haya faltado el vino de la fiesta. Falta el vino de la fiesta a una cultura que tiende a prescindir de claros criterios morales: en la desorientación, cada uno se ve empujado a moverse de forma individual y autónoma, a menudo sólo en el perímetro del presente. La fragmentación del tejido comunitario se refleja en un relativismo que oculta los valores esenciales; la consonancia de sensaciones, de estados de ánimo y de emociones parece más importante que compartir un proyecto de vida.
Benedicto XVI les ofreció los firmes valores sobre los que vale la pena construir su propia casa. El valor de la fe, de la persona, de la familia, de las relaciones humanas, de la justicia. No se desanimen ante las carencias que parecen apagar la alegría en la mesa de la vida. En las bodas de Caná, cuando faltó el vino, María invitó a los sirvientes a dirigirse a Jesús y les dio una indicación precisa: “Haced lo que él os diga” (Juan 2,5). Atesoren estas palabras, las últimas de María recogidas en los Evangelios, casi un testamento espiritual, y tendrán siempre la alegría de la fiesta: ¡Jesús es el vino de la fiesta!
¡No renuncien a perseguir un ideal alto de amor, reflejo y testimonio del amor de Dios! No olviden, además, que para ser auténtico, también el amor requiere un camino de maduración: a partir de la atracción inicial y del “sentirse bien” con el otro, educaos a “querer bien” al otro, a “querer el bien” del otro. El amor vive de gratuidad, de sacrificio de sí, de perdón y de respeto del otro.
Prepárense para elegir con convicción el “para siempre” que distingue al amor: la indisolubilidad, antes que una condición, es un don que debe desearse, pedirse y vivirse, más allá de cualquier situación humana cambiante. Y no piensen que la convivencia sea una garantía para el futuro. Quemar etapas acaba por “quemar” el amor, que en cambio necesita respetar los tiempos y la gradualidad en las expresiones; necesita dar espacio a Cristo, que es capaz de hacer un amor humano fiel, feliz e indisoluble.
La fidelidad y la continuidad del querer suyo los harán capaces también de estar abiertos a la vida, de ser padres: la estabilidad de su unión en el Sacramento del Matrimonio permitirá a los hijos que Dios quiera darles crecer confiados en la bondad de la vida. Fidelidad, indisolubilidad y transmisión de la vida son los pilares de toda familia, verdadero bien común, patrimonio precioso para toda la sociedad. Desde ahora, funden sobre ellos su camino hacia el matrimonio y den testimonio de él también a sus coetáneos: ¡es un servicio precioso!
Hagan, por tanto, de este tiempo suyo de preparación al matrimonio un itinerario de fe: redescubran para su vida de pareja la centralidad de Jesucristo y del caminar en la Iglesia.
Que la asamblea litúrgica dominical los encuentre plenamente partícipes: de la Eucaristía brota el sentido cristiano de la existencia y una forma nueva de vivir. No tendrán entonces miedo de asumir la comprometida responsabilidad de la elección conyugal; no temerán entrar en este “gran misterio”, en el que dos personas se hacen una sola carne (cfr Efesios 5,31-32).
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Según el Vatican Information Service, desde este jueves 22 Benedicto  XVI realiza el tercer viaje a su natal Alemania y su primera visita de estado. En el aeropuerto de Berlin lo acogieron el Presidente federal de Alemania, Christian Wulff y la Cancillera federal, Angela Merkel, el arzobispo Woelki, de Berlín, y el presidente de la Conferencia Episcopal alemana, Robert Zollitsch. Durante la bienvenida, no lejos de la Puerta de Brandeburgo, en Bellevue residencia oficial del Presidente federal, Benedicto XVI, en síntesis les propuso: “La libertad necesita de una referencia a una instancia superior. El que haya valores que nada ni nadie pueda manipular, es la autentica garantía de nuestra libertad: la libertad se desarrolla sólo en la responsabilidad ante un bien mayor”. Días históricos estos, de una profunda siembra del bien: “Salió el sembrador a sembrar…” (Mateo 13, 1-9)