Diferencias, ¿tragedia o bendición?

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La
mayoría de las parejas se manifiestan ternura, cariño y aprecio cuando
las cosas van bien, pero apenas aparecen nubes en el horizonte, se
alejan uno del otro, huyendo despavoridos sintiendo que se les culpa
del malestar de su pareja.

La verdad es que hombres y mujeres tienen distintas maneras de
pensar y de sentir, hablan idiomas distintos y, si no se cae en la
cuenta de esas diferencias, se corre el riesgo de malinterpretar.

Cuando surgen los malentendidos, se corre el riesgo de tomar el
camino equivocado, pues en vez de ayudarse y apoyarse cuando cada uno
más lo necesita, se hacen cosas que provocan que la pareja se aleje,
culpándose uno a otro de la situación en vez de aprovechar esas
diferencias para enriquecerse y complementarse.

Psicológicamente el hombre y la mujer son distintos. A pesar de que
utilizan las mismas palabras, usan distintos lenguajes para
comunicarse.

El hombre es más directo y claro, la mujer usa más superlativos y tiende a generalizar.

Las motivaciones y necesidades emocionales son distintas también.
La mujer necesita cariño, comprensión y respeto, en tanto que el hombre
requiere de confianza, aceptación y aprecio.

Mujeres y hombres no se dan cuenta de que tienen necesidades
emocionales diferentes. Por ello, los hombres tienden a dar lo que
ellos necesitan, las mujeres hacen lo mismo y el resultado es que ambos
se sienten insatisfechos con lo que reciben de su pareja.

La falta de comprensión de tales diferencias origina errores de
interpretación, que en lugar de ayudar a lograr una mejor comunicación
y entendimiento, provocan distanciamiento y conflicto.

Cuando dos partes se encuentran en conflicto se exigen mutuamente, se ponen condiciones y se lanzan ultimatos,
pero en realidad no tratan de escucharse, ni se interesan en ponerse en
el lugar del otro para conocer su posición, entenderlo, aconsejarlo y,
si fuera necesario, apoyarlo.

Para lograr un buen entendimiento el diálogo es primordial, donde
haya un intercambio de ideas entre la pareja. Si realmente se quiere
mejorar la capacidad de diálogo y a través de ello obtener resultados
en la calidad de la relación, conviene tomar en cuenta que es necesaria
una apertura personal y una disposición para la empatía, tratando de
eliminar el ruido.

Al igual que en una conversación telefónica, el ruido no permite
establecer bien la comunicación, así mismo en las relaciones
interpersonales el ruido no deja que exista un verdadero intercambio.

Estos ruidos pueden ser el propio egoísmo, el activismo en el cual
se está sumergido, la agresividad, las interpretaciones, el silencio y
las mismas diferencias.

El diálogo es la puerta de entrada a una verdadera comunicación en
la pareja, hay que hacer un esfuerzo para ponerlo en práctica ya que la
recompensa es grande y ayuda al enriquecimiento mutuo entre los
involucrados.

Querer que la pareja piense, sienta, razone y valore las cosas de la misma manera que uno lo hace es un grave error.

Aceptar que hombres y mujeres son diferentes, comprender las
diferencias, respetarlas, aprovecharlas como complemento y usarlas para
construir, puede ser una fuente enorme de riqueza dentro de la relación
de pareja, pues cuando se piensa y se actúa así, la relación se
alimenta, el amor se refuerza, puede florecer y robustecerse.