Dije que no a Dios, ¿puedo volver a probar?

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Dije que no a Dios, ¿puedo volver a probar?

Julio pregunta:

Estuve en un curso en el seminario probando si era mi vocación, pero lo abandoné por miedo a mi vocación y ahora he caído en todo lo mundano. Dije que no a Dios ¿Cómo puedo saber si no cometí un error? El ambiente en el que vivo no me llena ni me satisface, me siento vacío, ¿puedo volver a probar?

Te mando un saludo y te agradezco la confianza de haberte comunicado con nostros.

La vocación es un proceso que se da de una forma diferente en cada persona. Es un encuentro personal irrepetible entre Dios y el hombre. Por eso, yo te recomendaría que veas todo esto como parte de tu proceso y que no olvides que lo único realmente importante es que tú trates de servir a Dios con honestidad y auténtico amor. De hecho, puede servirte mucho recordar lo que dice San Pablo: "Todo coopera para el bien de los que aman a Dios". Conviene que no disminuyas el alcance de la palabra "todo". Cuando Pablo dice "todo" quiere decirlo realmente: nuestras cualidades, nuestros errores, nuestras dificultades, incluso nuestras caídas... todo.

Puesta esa base, lo que te recomendaría es que hables con un sacerdote que te conozca (posiblemente el que te ayudó a ir al curso en el seminario o quien era tu padre espiritual en el seminario) y pedirle que te ayude a analizar lo que está pasando en tu vida.

No deseches la posibilidad de que, si un día dijiste que no a Dios por egoísmo, miedo o la razón que haya sido, ahora puedas cambiar y darle un sí. Naturalmente son muchos los factores a tener en cuenta, y ver si realmente el Señor te quiere como sacerdote. Si ves con tu directore espiritual que tu camino no es el del ministerio, tranquilo y no le des más vueltas al asunto.

Recuerda que lo importante es que busques a Dios con honestidad. Dios te rechaza porque hayas llevado una vida desordenada. El encuentro con Él y con su misericordia siempre es posible. El punto es analizar con honestidad cómo estás y qué te pide, buscando su querer y no lo que a ti te apetece.

Ánimo. Aumenta tu vida de oración y tu cercanía a los sacramentos. Deja que el Señor llene tu vida como no ha podido hacerlo en este período y él te dará la paz.

Vive muy cerca de María. Ella nunca te dejará solo.