¡Dios Mío, tú me amas!

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¡Dios Mío, tú me amas!

Ayúdame para que no me pierda en mi debilidad.
Quita las escamas de mis ojos, y dame tu luz para mirar con amor misericordioso y benevolencia a mis hermanos.

Permite Señor, que me vea libre de todo prejuicio, y acepte  con paz todo lo que de ti provenga.

Dale mi Dios a mi intelecto, la apertura necesaria, para discernir tus caminos, y anunciar a todos tú gloriosa victoria.

Confírmame en la fe por mis obras.

Líbrame de toda actitud egoísta, y dame de beber de tú amoroso corazón ese néctar que embriaga con humilde, sencilla, pero ardorosa pasión a mi pobre e impotente corazón humano.

Te lo pido por la excelsa intercesión de María Santísima, medianera de todas las gracias.

Concédeme ser una servidora fiel, que de fruto y éste sea duradero.

Dame mi Dios, la gracia de trasmitir este tu amor, que es redención para los hombres.

Nada tengo Señor si tú no me alcanzas tu gracia, pues nada hay de bueno en mí sin tu misericordia.

Atiende Señor mis súplicas, y concédeme todo aquello que sirva para tú mayor gloria.

Por Jesucristo, Nuestro Señor.

Amén