¿Dios tiene sentido de humor?

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La Dra. en Filosofía y especialista en Educación Familiar, Rosario Sánchez Muñiz, acaba de publicar un libro titulado: “La Oración es Nuestra Fuerza en la Vida Cotidiana” (Panorama Editorial, 2011) cuya elaboración le ha llevado más de 10 años de una ardua labor de investigación y con  abundante trabajo de consulta bibliográfica.

Me llamó la atención su conclusión acerca de la alegría de Dios y de quienes buscan tener siempre su presencia, porque me parece que es un tema sobre el que a veces pensamos poco.

Recoge un texto de San Josemaría Escrivá de Balaguer quien afirmaba: “La alegría es consecuencia necesaria de la filiación divina, de sabernos queridos con predilección por nuestro Padre Dios, que nos acoge, nos ayuda y nos perdona”.

Muchos grandes santos han gozado del buen humor hasta en el momento mismo de la muerte, como Santo Tomás Moro, que el 6 de julio de 1535 fue condenado a morir decapitado. Cuando iba subir al cadalso, le pidió con chispa a su verdugo: “Ayúdeme, por favor, a subir seguro, que yo ya sabré bajar por mis propios medios”.

El Psiquiatra, Viktor Frankl, quien fue recluido en un campo de concentración nazi por ser judío, se percató que los presos que tenían un sentido trascendente en sus vidas, que creían en Dios,  conservaban la serenidad, la esperanza y la capacidad de sonreír aún en medio de un situaciones particularmente difíciles.

“Muchas veces –dice la autora- he pensado que Dios tiene sentido del humor y que a veces se ríe de nosotros, o mejor dicho, si sabemos comprenderlo, con nosotros”. (…)

“Dios juega con nosotros, se divierte con sus hijos, disfruta de nuestra compañía, se goza con nuestra amistad y confianza”.

Hace décadas tuvimos en la Ciudad de México, a un Sr. Arzobispo muy santo (se ha abierto su proceso de Canonización) y, a la vez, extraordinariamente divertido, Monseñor Luis María Martínez.

Se cuentan sobre él innumerables anécdotas. Un día, por ejemplo, le pidieron que bendijera una flotilla de 100 taxis.

Se presentó el alto Prelado a la hora citada con su bote pequeño de agua bendita para bendecir los vehículos.

Pero el dueño de los taxis no se mostró conforme y le dijo:

-Oiga Padre, con esa agua bendita no le va a alcanzar ni para bendecir el primer coche.

A lo que Mons. Martínez le respondió con su acostumbrada gracia y agilidad mental:

-¿Usted quiere que se los bendiga o que se los lave?”

Pero para muchas personas el tremendo desconcierto lo experimentan cuando se enfrentan con el dolor, el sufrimiento, la enfermedad en sus vidas o en la de sus seres queridos. Podríamos preguntarnos, ¿entonces ya no cabe  ningún motivo para la alegría?

Una certera respuesta la brinda San Josemaría en su libro “Camino” cuando escribe: “Te quiero feliz en la tierra. –No lo serás si no pierdes ese miedo al dolor. Porque, mientras ‘caminamos’, en el dolor está precisamente la felicidad” (No. 217).

Por otra parte, la autora recoge las enseñanzas de los clásicos de la teología mística y la espiritualidad a lo largo de los siglos, como: San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, Santo Tomás de Aquino, Santa Teresita del Niño Jesús, San Josemaría Escrivá de Balaguer… hasta llegar a los textos del Beato Juan Pablo II y el Papa Benedicto XVI.

Lo más valioso de este libro es que la Dra. Sánchez Muñiz va explicando -paso a paso- cómo hacer oración mental, como dialogar con Nuestro Padre Dios, del mismo modo como un hijo conversa confiadamente con sus padres en la tierra.

Pero este estudio no lo publica para personas que viven en un convento, en una abadía, en un seminario (que, sin duda, también a los clérigos y religiosos que lo lean, les hará mucho bien) sino que está fundamentalmente orientado para personas –fieles laicos, mujeres y hombres, jóvenes y mayores- en medio del mundo, en contacto diario con sus responsabilidades laborales, familiares, sociales.

La autora –esposa y madre de familia- señala que no se requieren técnicas demasiado complicadas para entrar en comunicación con el Señor porque Él es nuestro mejor Amigo, Médico, Maestro y el Amor de nuestra vida.

Basta buscarlo sinceramente desde el fondo de nuestro corazón e iniciar una plática sencilla y espontánea en la que le expongamos nuestras ilusiones, alegrías, preocupaciones…Como buen Padre, ¡Él es el más interesado en escucharnos y ayudarnos por encima de cualquier otra criatura por la simple razón de que Dios nos ha regalado el infinito don de la vida y quiere lo mejor para nosotros sus hijos!

En resumen, este libro “La Oración es Nuestra Fuerza en la Vida Cotidiana” (1) son uno de esos textos que no dan ganas de terminarlo, o mejor dicho, se antoja releerlo una y otra vez para extraerle toda la riqueza de su contenido.

Te aclaro finalmente, amigo lector, que no es “un libro más” sobre la oración o meditación personal sino un profundo tratado pero con el acierto de estar escrito en un lenguaje ameno y accesible al gran público. Así que te recomiendo vivamente su lectura.

(1)    Sánchez Muñiz, Dra. Rosario, La Oración es Nuestra Fuerza en la Vida Cotidiana, Panorama Editorial, México, 2011, pp. 148.