¿Documentarse o ir al cine?

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La imagen impacta. Una buena película suscita emociones, mantiene la atención, hace pensar. Si trata sobre hechos del pasado, al verla muchos creen que han aprendido cosas que no sabían, que ahora conocen mejor datos de historia.

 

El cine, sin embargo, no se rige por las reglas de la investigación. No pone “pies de página”, no refleja el resultado de estudios realizados seriamente, no dice todo lo que pasó, y muchas veces inventa hechos para hacer el guión más “vendible”.

 

Con un poco de cultura y de espíritu crítico, muchos saben ver las películas como lo que son: una representación más o menos artísticas sobre algún tema interesante. Pero otros muchos no llegan a distinguir, al ir al cine o al ver un vídeo por Internet, entre lo real y lo imaginario, entre los hechos y las leyendas.

 

Por eso, a la hora de conocer el pasado resulta mucho más importante documentarse con la ayuda de libros escritos por buenos historiadores que ver una y otra vez películas que se autocalifican como “históricas” cuando en realidad no reúnen los requisitos mínimos para recibir tal adjetivo.

 

Mucha gente, sin embargo, no está acostumbrada a la lectura de libros serios. Prefieren sentarse en una butaca, ver imágenes, escuchar música, experimentar emociones. Otros acogen con gusto novelas o escritos divulgativos que se revisten de historia pero que carecen de la mínima seriedad. Como se trata de literatura fácil, los lectores disfrutan y pueden llegar a suponer que están aprendiendo datos del pasado, cuando en realidad se dejan engañar por espejismos fáciles.

 

Por eso, es necesario despertar un sano espíritu crítico y un amor práctico al estudio. Existen bibliotecas y buenas páginas de Internet que ofrecen estudios bien realizados para conocer la historia. No todos los libros, ciertamente, son objetivos y serios, pues no faltan entre los “profesionales” quienes analizan el pasado con prejuicios que distorsionan y con una clara voluntad de manipulación (como, por desgracia, hacen también algunos guionistas de cine).

 

Pero ese problema, nuevamente, se puede superar en parte con la ayuda de otros estudiosos que evidencien los límites de publicaciones erróneas y que hagan posible un acceso cada vez más profesional a los documentos históricos, que son los que permiten adquirir un buen conocimiento de los hechos ocurridos en el pasado.