El agnosticismo

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Hoy está de moda en España presumir de agnóstico. No lo entiendo. El agnóstico que no cree en Dios porque no sabe si Dios existe o no, es un fracasado como persona humana.

Lo propio del hombre es interesarse por la verdad. El hombre es un gran preguntón. Todo quiere saberlo. Todo quiere investigarlo. Es tremendamente curioso.

Todo hombre sensato se ha preguntado alguna vez: ¿Para qué estoy en esta vida? ¿Qué hay después de la muerte? ¿Tendré entonces que dar cuenta de mis obras en esta vida? ¿Existe Dios?

El pensar todo esto es normal. Los que no se hacen estas preguntas son los animales. El acto humano por excelencia es el pensar. Por eso el agnóstico, que no le interesa saber es un fracasado como persona humana.

El Concilio Vaticano I dijo que  Dios puede ser conocido con certeza con la luz natural de la razón. Pero es necesario informarse correctamente sobre la Religión. A nadie le convence lo que ignora. La única salida del agnóstico es estudiar la Religión en una obra seria y bien documentada. Omitir esto es renunciar a ser persona que piensa. Y pensar bien es lo más importante para toda persona humana. Pero sobre todo, vivir prescindiendo de Dios es  exponerse a una desagradable sorpresa cuando  se muera.