El espíritu santo “Don” del Padre y del Hijo a su Iglesia

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Cuando vemos que en nuestro México se han intensificado, los robos, asaltos, muertes violentas, corrupción, envidias, escándalos en la Iglesia, extorsiones, secuestros  (incluido el del Señor ex-Senador: Diego Fernández de Cevallos), etc.   

Nos preguntamos ¿Dónde está la acción de Dios? ¿Quién es el culpable? Dios ciertamente no es el culpable, el nos creó para el bien,  para ser felices pero el ser humano abusando de su libertad ha quitado a Dios de su corazón, y por lo tanto ha quitado el amor de su corazón y en su lugar ha dejado que penetre el odio, realizando  toda clase de males, sin embargo el mal no tiene la última palabra, Cristo es el vencedor del pecado y de la muerte, de tal  manera que  los mismos males pueden desaparecer;  Dios tiene poder de cambiar los corazones de los hombres y mujeres y hacer de ellos creaturas nuevas, por eso hoy quiero hablarles de la fuerza y el poder de Dios que se ha derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, lo único que se necesita es abrir el corazón a Dios para que Él  entre en nuestro interior, nos purifique y haga de nosotros una creatura nueva.¡¡ hombres y mujeres nuevos !! Transformados por la acción del Espíritu Santo. 

La fiesta de Pentecostés es la fiesta del Espíritu Santo. 

El pueblo judío a los cincuenta días de la pascua celebraba la promulgación de la ley en el Sinaí, pues en esa misma fiesta de Pentecostés ( cincuenta días después de la Pascua) Los Cristianos celebramos la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles,   El Espíritu Santo  es la nueva ley que Dios ha inscrito en el corazón de los hombres, esta nueva ley es la ley del amor: “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el  Espíritu Santo que  nos ha sido dado“ (Rom. 5,5) el que ama no causa ningún daño a su prójimo. 

El Espíritu Santo,  “Don” del padre y de Cristo a su Iglesia 

El Espíritu Santo había sido anunciado por los profetas: “Yo derramaré mi Espíritu sobre toda carne” (Joel 3,1) “Derramaré mi Espíritu Sobre tu linaje” (Isaías 44,3). 

Jesús prometió el Espíritu Santo a sus Apóstoles: “Yo pediré al Padre otro paráclito para qué esté con vosotros para siempre, el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora en vosotros y en vosotros está” (JN. 14,16-17). “yo voy a enviar sobre ustedes la promesa de  mi Padre. Permanezcan en la ciudad hasta que sean revestidos del poder que viene de lo alto” (Lc. 24 49) “Serán bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días. Al venir sobre ustedes el Espíritu Santo recibirán poder y serán mis testigos hasta los confines de la tierra” Hch 1,4.8). 

 Y Quien es el Espíritu Santo? 

El Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima  Trinidad, Es el Don de Dios a su Iglesia. Es Dios mismo que ha venido a habitar en el corazón de los hombres para hacernos participes de su amor: “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el  Espíritu Santo que  nos ha sido dado“ (Rom. 5,5) Si,  queridos hermanos (as) El Espíritu Santo es la promesa del padre y el don de Cristo a su Iglesia Para renovar los corazones de los hombres y hacer de este mundo un mundo donde habite el Amor, la Justicia y la Paz ¡Que importante es abrir el corazón a Dios! 

En Pentecostés El Espíritu Santo  quiso manifestarse en una ráfaga de viento, porque el viento es vida, es fuerza y poder, vine a llenarnos de su fuerza y su poder para vencer el mal, para no tener miedo ante las dificultades de la vida “En el mundo tendréis tribulación pero ¡ánimo!: yo he vencido el mundo” (Jn. 16,33), nos había anunciado Cristo. El Espíritu Santo quiso manifestarse también en formas de lengua de fuego, porque así como el fuego quema , destruye la basura, y abrillanta el oro, así también el Espíritu Santo viene a quemar todas nuestras inmundicias y a llenarnos de la Gracia de Cristo para hacernos santos como él. Podemos decir que el milagro de Pentecostés ha sido: restablecer la unidad y la paz entre todos los hombres, hacer de todos los hombres un solo pueblo, unidos en el mismo lenguaje del amor, donde no hay ninguna distinción de raza o color, porque todos somos hermanos y estamos llamados a colaborar a esta unidad y a esta paz, especialmente en nuestro México tan dañado por la violencia e inseguridad. Cada persona es un templo vivo de Dios (cf.ICor.3, 17; I Cor.6, 19-20). 

  La iglesia   tiene necesidad de un nuevo Pentecostés 

Un  nuevo Pentecostés para despertar en todos sus miembros un fervor misionero, para llevar a todos  los rincones de la tierra y a todos los alejados, la Buena nueva de Cristo, especialmente con nuestro testimonio que haga creíble el mensaje.    

Un nuevo Pentecostés que renueve a todos los miembros de la Iglesia especialmente a quienes con su falta de testimonio, pero sobre todo con los escándalos, han opacado la credibilidad de la iglesia. “Ven Espíritu Santo, lava nuestras inmundicias, fecunda nuestros desiertos  y cura nuestras heridas” 

Un nuevo Pentecostés que renueve nuestros corazones, para alejar de nosotros toda malicia, odio, envidia, mezquindad, corrupción  “Ven Espíritu Santo, doblega nuestra soberbia, calienta nuestra frialdad, endereza nuestras sendas” 

“Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios son hijos de Dios” (Rom.8, 14) gracias a este poder del Espíritu Santo los hijos de Dios pueden dar fruto. Los frutos del Espíritu Santo son: amor, alegría, paz  paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí (cf.Gal. 5,23). 

Les bendice su amigo y servidor en Cristo: 

 

+ Luis Artemio Flores Calzada, Obispo de Valle de Chalco