El significado de ser padre

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El «buen padre», imagen ampliamente difundida por las sociedades de consumo, es la de «proveedor»: aquél que satisface todas las necesidades materiales del hogar. Para «que no les falte nada a los hijos» trabaja jornadas dobles y aún los fines de semana. El padre no logra satisfacer las necesidades presentes, cuando ya le han sido creadas otras. Así se desgasta febrilmente, sin darse un respiro para disfrutar lo importante: la experiencia única de ver crecer a los hijos, de acompañarlos y enseñarles con su propia vida el buen camino. 

 

Los padres que han logrado vencer las tradicionales expectativas de ser meros proveedores, comparten el gozo en la formación y crecimiento de los hijos y hablan de «una nueva dimensión en la convivencia familiar», van juntos al cine, a tomarse un café, al estadio, al campo, sigue de cerca sus estudios, sus amigos, el deporte de su hijo, en definitiva es una convivencia “bien padre”.  Que esa frase tan repetida por nosotros los hijos, se siga repitiendo en los corazones de cada hijo “QUIERO SER COMO TÚ, PAPI”, pero que esta expresión de imitación sea para bien y no para mal, como la siguiente historia, que espero les sirva a todos los papás para reflexionar, sobre su misión.

Mi hijo nació hace pocos días, llegó a este mundo de una manera normal., Pero, yo tenía que viajar, tenía tantos compromisos. Mi hijo aprendió a comer cuando menos lo esperaba, comenzó a hablar cuando yo no estaba. ¡Cómo creció mi hijo de rápido, como pasa el tiempo!. 

Mi hijo a medida que crecía me decía:
- ¡ Papi, algún día seré como Tú!. ¿cuándo regresas a casa Papi?.
- No lo sé hijo, pero cuando regrese jugaremos juntos, ya lo verás.. 

Mi hijo cumplió 10 años hace pocos días y me dijo:
- Gracias papi por la pelota, ¿quieres jugar conmigo?
- Hoy no hijito, tengo mucho que hacer
- Está bien papi otro día será, te quiero mucho papi.
(Se fue sonriendo, y siempre en sus labios tenía la palabra "YO QUIERO SER COMO TÚ PAPI").
- ¿Cuándo regresas a casa Papi?
- No lo se hijo, pero cuando regrese jugaremos juntos, ya lo verás. 

El tiempo pasó sin darme cuenta y mi hijo ingresó a la universidad, era todo un hombre.
- Hijito estoy orgulloso de ti, siéntate y hablemos un poco de Ti.
- Hoy no papi, tengo compromisos, por favor dame algo de dinero para visitar algunos amigos. 

Ya me jubilé y mi hijo vive en otro lugar.  Hoy lo llamo y le digo:
- Hola hijo, quiero verte.
- Me encantaría Padre, pero es que no tengo tiempo. Tu sabes, mi trabajo, los niños.  Pero gracias por llamarme, fue hermoso oír tu voz. 

Al colgar el teléfono me di cuenta que mi hijo "ERA COMO YO".

 

A pesar de los iracundos reproches de quienes pretenden perpetuar el tabú inmemorial de que cuando el padre se involucra emocionalmente con el hijo se torna «suave como una segunda madre», y que si participa en el cuidado y atención del hijo se convierte en simple «mandilón», cada día son más los padres presentes en el quirófano en el momento del nacimiento de sus hijos, en los cursos prenatales y de posparto para capacitarse en el cuidado del bebé, aunque no sea tan de su agrado estar cambiando pañales... 

 

Se necesitan dos para engendrar un hijo. También se necesitan dos para su desarrollo. La intuición femenina permite a la madre establecer una comunicación vital con el hijo desde el momento mismo de su nacimiento. Interpreta las señales de temor en el infante y con mimos lo tranquiliza y conduce suavemente. 

 

La voz del padre es de importancia suma: da seguridad, confianza en el porvenir, establece los límites de la conducta infantil, y cierra el círculo del amor que debe rodear al niño. El padre proporciona un elemento único y esencial en la crianza del hijo y su influencia es poderosa en la salud emocional. La madre le dice: «con cuidado», y el padre le dice «uno más», al estimular al pequeño a subir otro peldaño para que llegue a la cima. Juntos, tomados de la mano, padre y madre guían al retoño en el camino de la vida. 

 

El padre de hoy se abre a las necesidades más sutiles del hijo: las emocionales y las psíquicas. Trasciende la preocupación de sí mismo y sus ocupaciones, y logra ver al hijo en sus propios términos. Propicia el ambiente que le permita el desarrollo de su potencial en un marco de libertad responsable, no de dominación. 

 

No se detiene en la periferia, sino que conoce al hijo de cerca. Lo guía sin agresividad, con firmeza motivada y razonada, por el camino de los valores que desea heredarle, lo proyecta a una vida de metas y proyectos firmes. El padre de hoy se ha dado permiso para ver con ojos de amor al retoño de sus entrañas. Advierte en el hijo, más allá de las limitaciones presentes, el cúmulo de posibilidades que está por realizar. Y a su lado goza cada peldaño de su desarrollo, ¿qué más privilegio que éste?. Por eso hoy nos unimos y felicitamos a todos los papás que conscientes de su misión, la realizan en su totalidad. A ellos muchas felicidades.