En la familia está la raíz de los problemas

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La mayor parte de los seres humanos tenemos la tendencia a fijarnos solamente en lo exterior de las cosas y de las personas, a ver los síntomas pero no la razón de los conflictos. Y muchas veces las apariencias, las fachadas, engañan. El gran problema está en el interior de la casa y en la celda escondida del corazón humano.

Debido a esta visión miope, la sociedad en que vivimos quiere arreglar y curar los tumores con paños de agua tibia o con cataplasmas en lugar de cortar con el bisturí la raíz enferma. Paños de agua tibia es querer solucionar la violencia en las calles construyendo más cárceles; paños de agua tibia es querer acabar con las drogas que inundan las escuelas, las casas y las calles, sólo cazando a los narcotraficantes mediante el aumento de policías, y paños de agua tibia son las clases de la mal llamada "educación" sexual en las escuelas. Mientras haya consumidores, se producirá la droga, mientras haya una fuerte demanda habrá una gran oferta. "Detrás de cada adicto al alcohol o a otras drogas existe un conflicto."

La mayoría de los conflictos, como la mayoría de los éxitos futuros, tienen su origen en la familia. Y si las familias andan, mal nuestra sociedad irá cuesta abajo hasta la destrucción total. Si no fuera tan trágico, darían ganas de reír cuando leemos en los periódicos la creación de cien mil policías más en las calles o la construcción de más cárceles para encerrar criminales, estos últimos son síntomas de la descomposición de la sociedad.

Pero como dijo la Madre Teresa de Calcuta: "¿De qué se extrañan de la violencia en las calles cuando un millón seiscientos niños son matados antes de nacer por sus propias madres?" Esta sociedad consumista, egoísta y hedonista, apoya con sus leyes la destrucción de la familia. Esas mismas leyes han minado la autoridad de los padres y de los maestros; esas mismas leyes permiten la disolución civil del matrimonio con la facilidad de tomarse un vaso de agua. Esas mismas leyes hipócritas no permiten que se nombre a Dios en las escuelas en una oración, pero sí comienzan las sesiones del Congreso con la invocación a Dios.

Todo eso y mucho más ha socalado los cimientos de la familia. La familia está herida de muerte porque en ella no importan los valores espirituales, sino los valores del consumo, del dinero, del placer. El resultado y raíz de los problemas es el vacío interior, la búsqueda en el exterior de las soluciones que están en el interior del corazón.

Por eso la familia de hoy, con excepciones, da cosas, demasiadas, pero no da tiempo ni afecto. No tiene tiempo para comunicarse, pero sí tiene mucho tiempo para trabajar, muchas veces demasiado, y para ver televisión. No hay tiempo para hablar los esposos entre sí o con los hijos y mucho menos para hablar con Dios. Las consecuencias están a la vista. Cuando el ser humano no satisface sus necesidades básicas --una de ellas el amar y ser amado-- se frustra y la manifestación más primitiva de la frustración es la violencia o el escape mediante el alcohol y las drogas.

Jesús Arina es un psicólogo católico que trata problemas emocionales, familiares y de alcohol y drogas en Estados Unidos.