Entre justicia y Derecho.

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La justicia tiene la misión de concientizar a los hombres para que cada uno reciba “su derecho” estando pronto a la vez a concederlo a los demás. Es un hábito de alteridad, de referencia directa al otro. Llegar a la cabal precisión de justicia requiere la imprescindible necesidad de distinguir cuidadosamente sus formas: Justicia general, conmutativa y distributiva. Tomando en cuenta los relevantes matices es posible comprobar que la justicia legal es la de mayor preeminencia entre las virtudes, ya que rige el ordenamiento de los intereses particulares con el fin último o bienestar comunitario. Se hace necesario discernir las dos virtudes particulares en cuanto al efecto de cierta igualdad matemática, en la conmutativa, y cierta igualdad no matemática, relativa, en la distributiva. De esta estrecha relación moral de unos para con los otros y de todos para el bien común emanan los declarados “derechos y deberes de los hombres”; siendo el norte y guía de la justicia en general y en lo particular el bien común. Se ha tratado de cambiar la expresión de virtud por “valor”, sin embargo, no será posible cambiar o sustituir el signo rector de la moralidad y la justicia. La fuente primaria del derecho está más allá de la realidad del Estado y de la sociedad, está en nosotros mismos, en nuestra conciencia racional, en el sentimiento de justicia, que dimana de la naturaleza humana y el orden universal de las cosas. En la conciencia del hombre está la impresión de la ley moral que no es algo inmanente al hombre, ni a la sociedad, ni al legislador, sino trascedente, inscrito en el orden natural que configura la ley y el derecho natural en sus principios universales e inmutables, que el derecho positivo ha de acoger en sus mandatos y leyes positivas. Dentro del ámbito de la doctrina cristiana la relación existente entre justicia y derecho ha sido definida por  santo Tomás como “Lo propio de la justicia entre las demás virtudes es ordenar al hombre en las cosas relativas a otro. Implica cierta igualdad, como su nombre evidencia. Se da el nombre de justo a aquello que, realizando la rectitud de la justicia, es el término del acto de ésta, aun sin tener en cuenta cómo lo ejecuta el agente, mientras que en las demás virtudes no se califica algo de recto, sino en atención como el agente lo hace.  En consecuencia, se determina por sí mismo el objeto de la justicia, o sea, “lo justo”. Y tal es el derecho. Luego el derecho es el objeto de la justicia”. Los fundamentos de base para determinar el objeto han sido: La ordenación al otro, o alteridad y la nota de cierta igualdad; siendo el camino obligado para discernir “su derecho” o lo justo, llevar a la práctica la relación de derechos y deberes emanados de las mutuas relaciones morales en las dos aplicaciones de la justicia particular ya señaladas. El principio ordenador de los derechos y deberes tiene su inicio en la misma voluntad libérrima de Dios, que da a cada uno y a cada cosa lo que le es debido conforme a su naturaleza y condición. Cerrando el ámbito de la moralidad, la conciencia y la justicia, aparece el derecho positivo, o, si se prefiere, la ley. Habiéndose evidenciado  la relación coordinadora entre justicia y derecho, se constató una apreciable diferencia, de manera que el derecho era el objeto de la justicia, afianzando esta matización las palabras de Pío XII “el derecho es el orden natural de la justicia”. Santo Tomás afirma en cuanto a la noción de derecho “El derecho regula la conducta humana de alteridad para lograr las situaciones sociales que la justicia exige”. De tal manera que la esencia del derecho viene a ser el valer frente a otros, exigiendo que lo que sea lícito para uno no sea impedido por los otros. No menos diáfana es la reflexión que señala que el derecho no es sino la forma típica en que se cumple la ley, siendo ésta, la formulación, en gran parte, del derecho. De donde se puede deducir que en la expresión de derecho se incluye la ley y viceversa.  La definición de la ley por Santo Tomás sigue en plena vigencia, marca el origen, el objetivo y su procedencia: “Recta ordenación de la razón al bien común promulgada por aquel que tiene autoridad”. Al hablar de ley se entiende en su sentido amplio de adopción de normas, mandatos, disposiciones promulgadas por la autoridad competente. Debemos matizar que cuando la ley, por defecto de forma o contenido, no es justa, no genera ni contiene derecho, es decir, validez. Solo la ley justa obliga en conciencia, porque es ella la que realiza la función de guía hacia el fin último. Podemos decir que el derecho se nos muestra como un medio para lograr: La ordenación de las relaciones entre los hombres, y, para hacer posible en el hombre su destino eterno a través de la realización de lo justo. Objetivamente, no hay derecho sin justicia.