Entre moral y Derecho.

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La llegada del siglo XVIII marca el inicio de la diferenciación entre moral y derecho. Es necesario prestar atención, aunque sea brevemente, al carácter político, - estatal de la visión por medio de la cual los griegos contemplaban ambas realidades: moral y derecho. 

 

Ni siquiera Sócrates, quien tuvo oportunidad con su intuición sobre la voz de la conciencia, pudo llegar a distinguir la una de la otra, y, en similares circunstancias se hallaron los romanos, quienes poseyeron una intuición delicada y puntual de los límites del derecho, aunque, y a pesar de ello, no lograron trazar la distinción teórica con la moral. 

 

La matización, sin embargo, se presentaría más fácil entre los cristianos, ya que ellos dirigían al hombre hacía Dios, el cual, por medio de la Iglesia le concedía dignidad e independencia en cuanto a su destino en la unión con Dios, cediéndole al ámbito del  derecho la vinculación con el Estado. 

 

Un primer esbozo de distinción podemos percibirlo en san Agustín, quien nos habla de la ley humana, por medio de la cual se representa el derecho tan sólo como orientación social: mantener la paz entre los hombres. En santo Tomás se dieron mayores precisiones en cuanto a la distinción, pues no sólo tomó en cuenta el aspecto de orientación y finalidad social del derecho, sino que, en los actos del derecho y de la justicia legal no habría que observar a la manera como se les ejecuta, a discrepancia de las virtudes; sin embargo y, a pesar de ello, no aparece diáfana la distinción entre moral y derecho, pues lo que se primaba en el aquinatense era la vinculación entre derecho y justicia, y se trataría de ésta como una virtud más. De tal suerte, que con el arribo del siglo XVIII es cuando se privilegia el análisis adecuado y se establece la diferenciación entre moral y derecho, aunque debamos señalar que se pretendió coartar la ingerencia del Estado en la esfera de lo privado; atendiendo desde allí a la diferencia iniciada por C. Thomasius, aunque de manera muy poco racional, ya que, para éste, la moral daba lugar a la obligación interna y el derecho a la obligación externa, siendo ésta, no obstante, uno de los criterios de mayor relevancia. Kant, a su vez, aportó algo interesante al hablar del deber moral, pues él incluía  dos conceptos: objetivamente: que la acción fuera conforme a la ley; y subjetivamente: que lo fuera por medio del principio práctico inmediato, en referencia hacia la ley; y, efectivamente, el elemento subjetivo, el accionar u obrar teniendo como motivo el respeto por la ley, sería lo decisivo para definir la moral.  Por medio de la doctrina de Kant, y tomando en cuenta la idea señalada por santo Tomás, sobre la cual se definía que en los actos del derecho no había que atender a la manera en cómo “se los realiza”, se sientan las bases para la distinción fundamental. Le corresponderá, al fin, al neokantiano Del Vecchio, profundizar y argumentar la diferenciación entre moral y derecho. En primer término, desestima el planteamiento de diferenciación basado en las acciones humanas internas y externas. En segundo lugar, separará las leyes jurídicas y morales de las leyes físicas, pues aquellas no expresan lo que son - es – y lo que deberán ser – debe ser; de tal manera, moral y derecho quedarán englobadas dentro de un principio regulador de la actividad humana, pero la diferencia surgirá desde el punto de vista que se adopte en la aplicación del principio: a) si se refiere a las acciones de un mismo sujeto, en cuanto determina las acciones que debe realizar y cuáles debe evitar, estaríamos en el campo de la moral, b) sí, por el contrario, el punto de vista con el cual se aplica el principio es el de relacionar las acciones de diversos sujetos, con el propósito de determinar cuáles dentro de ellas pueden realizarse sin que los demás pongan ningún impedimento, estaríamos en el dominio del derecho.  A este criterio de coordinación de las acciones de diversos sujetos se le denomina intersubjetivo u objetivo, y al criterio o punto de vista de la moral referido a las acciones de un mismo sujeto se le denomina subjetivo. Esta sería la diferencia esencial entre la moral y el derecho, sin embargo debemos tener claro que la bilateralidad o alteridad del derecho no se da en la moral, porque aun cuando las acciones que ésta contempla afecten al prójimo, no están vistas como una coordinación conjunta de las acciones del sujeto y del prójimo, sino que la decisión se ha de tomar desde el sujeto, contemplando una acción con las otras del mismo. La nota de coercibilidad viene a ser una derivación de la verdadera naturaleza del derecho, quiero decir, del valer frente a los otros, y en definitiva, la coercibilidad es la exigencia de que lo que es lícito para uno no sea impedido por los otros. El propósito de deslindar las dos entidades éticas es la de acentuar y definir la identidad de la moral, pero sin embargo, no son dos realidades tan alejadas como se conciben, por un lado.  Las acciones de la una, y,  por otro lado, las acciones del otro; ya que la totalidad de las acciones humanas son objeto de la consideración, valorización o enjuiciamiento, tanto por parte de la moral como por parte del derecho. Visualizando el perfil ético de entrelazamiento y la diferenciación entre moral y derecho, aún nos cabe contemplar el punto de vista de que el derecho vela porque se cumpla la obligación, mientras que la moral no se puede desentender de la motivación subjetiva o de la finalidad que ella persigue; pudiendo distinguir con cierta holgura que un rasgo distintivo sería ver que el derecho tiene un carácter más negativo que la moral. Podemos decir entonces, que la moralidad es la inspiración normativa que señala cómo “debe ser” la libre actuación del hombre, porque la actuación del hombre no es nuestra, como lo son las acciones de los irracionales carentes de autodeterminación y las acciones físicas fisiológicas. La moralidad en cuanto realidad existencial, estará siempre conectada con la persona, en la que encuentra su raíz y su propio sentido, y es desde este punto de vista, cómo la acción humana, según sea o no conforme con la causa de finalidad, se determine como buena o mala.