¿Es verdad que en 2012 es el fin del mundo?

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Hacia mediados del mes de septiembre de este año 2009, se me acercó confiadamente una persona para decirme que la Biblia nos exhortaba al discernimiento sobre el fin del mundo, y que, por lo tanto, ella estaba convencida de que el mundo terminaría para el año 2012, fecha por lo demás confirmada por la conclusión del calendario maya.

No es ésta una cuestión aislada, sino que ha de inserirse dentro del marco “cultural”, si podemos llamarlo así, que se ha ido formando a partir del año 1999.

Acaso esta cultura se haya afianzado más por cierta información proveniente del mundo del espectáculo, que a su vez se quiere presentar con contornos de ciencia, misterio, miedo por el mañana, y aun seriedad intelectual.

Muchos hemos visto los cortos de la película “2012” del director Roland Emerick, protagonizados por actores como John Cusack, Amanda Peet y Danny Glover. El cortometraje o “trailer” propagandístico que al menos yo vi, inicia con afirmaciones como “desde tiempos de los mayas hablamos de ello”, “desde que la Biblia lo profetizó, hablamos de ello”, “desde el año 2000 todo el mundo lo ha oído... pero no lo queremos saber”, “el mundo cambiará”.

La famosa frase de Cicerón de que la “historia es maestra de la vida” (que Cervantes glosa en la segunda parte del Quijote como “émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir”), se nos repetía varias veces en nuestros años de estudiantes en la secundaria o preparatoria como invitación a estimar las experiencias de los hombres que nos precedieron, para apropiarnos de criterios sólidos de vida y no tropezáramos así con los mismos escollos. Éramos, se solía remachar, como enanos sobre las espaldas de gigantes. La ciencia histórica surge, bien lo sabemos, como una reacción contra el pensamiento mítico, tan propio de las religiones politeístas antiguas, como fueron la griega y la romana, entre otras culturas, en pro de una historia seria y razonada que se basara en fuentes fidedignas y no en leyendas.

Quisiera sugerir dos ideas. La primera consiste en que la historia de los hombres nos enseña que varios personajes del pasado ya han querido vaticinar el fin del mundo y que sus predicciones han constituido siempre un resonante fracaso. La segunda, la Biblia habla del fin del mundo, sí, pero nunca nos ha dicho cuándo será. Por otro lado, ni los mayas ni ningún otro profeta o vidente de cualquier época de la humanidad han podido jamás decirnos cuándo será el fin del mundo.

Este deseo de predecir la inminencia del fin del mundo fue catalogado desde tiempos antiguos como “milenarismo”. Con otras palabras, se trata de la especulación acerca de la fecha precisa sobre el final de los tiempos, que tendría lugar al cabo de un período de paz y prosperidad que duraría mil años con base en algunos pasajes de la Escritura, interpretados de modo literal y no en su sentido espiritual, simbólico o traslaticio. Los vaticinios se han basado sobre todo en Daniel (4,1-34; 7,25; 8,14; 12,7.11-12) y más comúnmente en el Apocalipsis de san Juan (11,2-3; 20,1-10).

El milenarismo surge de modo resuelto hacia el siglo II d.C. con los montanistas. Reaparece en la Edad media con ciertas interpretaciones basadas en el texto del Talmud. Hallan en Joaquín de Fiore (siglo XII) un ferviente promotor. Rebrota durante la Revolución francesa con ocasión del encarcelamiento del Papa Pío VI por parte del ejército francés.

El milenarismo se populariza posteriormente con las prédicas de personajes como Johan Petri, William Miller (tuvo al menos tres resonantes fracasos en sus predicciones, lo que causó mucha decepción y división entre sus seguidores adventistas) y Jonas Wendell. Charles Taze Russell, antecedente de los testigos de Jehová, dijo que en 1914 tendría lugar el final del mundo de los gentiles: como nada de esto ocurrió, Russell apostilló que se trató de la Primera Guerra Mundial, y luego, que Jesús había diferido la espera durante algún año más por motivos misteriosos. J.F. Rutherford sucedió a Russell y propuso el año 1925 como fecha para el final de los tiempos. Luego sus seguidores hicieron correr la voz de que el año tan esperado sería 1975, aunque nunca lo hicieron por escrito.

Un personaje reciente ha sido David Koresh (o Vernon Wayne Howell), quien se auto constituyó líder religioso de los davidianos, antes de morir con setenta y cuatro de sus seguidores el 19 de abril de 1993 en un ambiente de tiroteo con la policía del lugar. Había anunciado un final cercano de los tiempos, basándose en el combate final de Ap 19,19-21; 20,7-10…

¿Qué tienen que ver los mayas con el año 2012? Hagamos primero una distinción. Hay dos tipos de calendario maya. El así llamado “Calendario mágico” o “Cuenta larga” y el “Calendario cotidiano” o “Cuenta corta”. El que se relaciona con el año 2012 es la “cuenta larga”; ésta inicia el 11 de agosto del 3114 a.C. El fin de dicho calendario será el 21 de diciembre del 2012, fecha del solsticio de invierno. La fecha del final de los tiempos coincidiría para algunos “con el hecho de que la elipsis del sol pasará por el centro ecuatorial galáctico”. Los mayas en su universo politeísta veían en ello que el dios Sol o Pacal renacería al pasar por la matriz de la gran madre (sendero de Xibalba). La última vez que esto ocurrió fue hace más de 26,000 años.

¿Qué podemos decir ante todo esto? No me cabe la menor duda de que se han de recordar las palabras que Jesús dirige a sus discípulos en el Evangelio de Mateo (en 24,36): “Pero de aquel día y hora nadie sabe, ni siquiera los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre”. Y cuanto se nos refiere al inicio de los Hechos de los Apóstoles (1,6-8): “No os corresponde a vosotros saber los tiempos ni las épocas que el Padre ha fijado con su propia autoridad”. Por lo tanto, preguntémonos, si Cristo no lo sabía, ¿hemos de suponer que los mayas sabían más que Cristo? Claro que no. Tampoco es verdad que la Biblia habla de una fecha precisa para el fin del mundo. Las diferentes cifras numéricas de que se echa mano en el libro de Daniel (expresiones como “un tiempo, dos tiempos y medio tiempo” o 2300 tardes y mañanas, 1290 días, 1335 días, hacen referencia a un tiempo limitado con que cuentan los enemigos del pueblo de Israel para profanar el santuario en tiempos de Antíoco Epífanes).

Por otro lado, el Apocalipsis de Juan y Daniel no se compusieron para infundir miedo, sino esperanza; desean suscitar la confianza en Dios y no terror por lo que quién sabe que pueda ocurrir al final de la historia. En cuanto a la cifra de mil años del Apocalipsis, tal vez el Salmo 90,4 pueda sernos de ayuda: “Pues mil años son a tus ojos como el día de ayer que pasó; como una vigilia en la noche”.

Algo similar viene a decir la segunda carta de Pedro en 3,8: “carísimos, no se os oculte que delante de Dios un día es como mil años, y mil años como un solo día”. Por otro lado, en las obras apocalípticas los mil años indican la presencia de la acción de Dios en la historia por medio del mesías. Los mil años no coinciden con la duración real de nuestro tiempo, sino que más bien, denotan una cifra del todo imprecisa. El poco tiempo de que goza el demonio tampoco está precisado; lo que sí queda claro es su limitación y debilidad. Por lo tanto, la historia de la salvación tendrá una duración imprecisa pero real. La fuerza victoriosa de Cristo estará siempre presente. La fuerza del demonio, además de limitada, es del todo efímera.

Por eso los mil años ante Dios no se comparan con ningún tiempo contemporáneo. En definitiva, el final de los tiempos (la parusía o segunda venida de Cristo) no será en el 2012. Ni la Biblia lo dice, ni el calendario maya, que ciertamente termina en esa fecha, lo cual se explica por el simple hecho de que a la llegada de los españoles a México los mayas dejaron de seguir elaborando sus cálculos, no porque fueran unos “súper” sabios (más que Cristo). Cristo dijo que no lo sabía. ¿Cómo es que ha habido gente que decía saberlo y se ha equivocado? ¿No nos estaríamos equivocando de nuevo como ya pasó a partir del siglo II d.C.?