La esposa creyente de Stephen Hawking

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Sobre algunas de las afirmaciones del próximo libro de Stephen Hawking ya se ha dicho y escrito demasiado. Pero siguiendo con el físico británico, quiero desviar un poco la atención de las hipótesis descabelladas a un interesante artículo publicado –nada menos– por el periódico español El Mundo (cf. 05.09.2010) sobre la huella de Dios en la vida de este ateo.

El artículo inicia señalando el ambiente de increencia en el que nació Hawking: Frank Hawking, el padre, era un médico ateo que se casó con una mujer también atea, Isabel, quien estuvo íntimamente vinculada al partido comunista. Stephen y sus dos hermanas crecieron en ese ambiente. Lecturas como Por qué no soy cristiano, de Bertrand Rusell, fueron libros de cabecera del joven –y entonces sano– Stephen Hawking.

Stephen conoció a Jane Wilde en 1962 y con ella se casó en 1965, justo cuando las primeras manifestaciones de la esclerosis lateral amiotrófica comenzaron a manifestarse (en 1963 le dijeron que lograría vivir apenas dos años más). Para ese momento Hawking era un aficionado a las tragedias de Wagner. ¿Qué fue lo que le dio las fuerzas y motivaciones para no suicidarse?

“Sin mi fe en Dios jamás hubiera podido vivir en esta situación y no hubiera podido casarme con Stephen, porque no hubiera tenido el optimismo que necesitaba para enfrentarme con este desafío”, reveló Jane Wilde sobre ese periodo de la vida de ambos.

En 1991 Stephen y Jane se divorciaron. Aquella etapa superada de la vida del joven Hawking, la que le permitió sacar su doctorado, ocupar la cátedra de física en la universidad de Cambridge, escribir sus libros, “encontrarle” un sentido y vislumbrar un futuro para su vida, a hacerla menos difícil, fue gracias a la paciencia, comprensión y aliento de una mujer de fe.