¿Está cerca el fin del mundo?

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¿Está cerca el fin del mundo?

Una de las ideas que recorre toda la Sagrada Escritura es que este mundo
en el que vivimos
es transitorio, que la vida del hombre es pasajera y
que le vida definitiva se realiza en la eternidad, en done Dios será todo en todos y en donde no habrá más dolor, ni llanto, ni enfermedad, pues la muerte habrá sido vencida definitivamente (1Cor 15,26-28;
2Tim 1,10; Ap 20,6).

Si bien es
cierto que sobre el día y la hora en que cada uno de los mortales dejaremos este mundo para reunirnos con Dios no ha sido jamás revelada, Dios, a través de la revelación que nos ha hecho en la Sagrada Escritura, de manera particular por medio de sus profetas, ha querido manifestarle
al mundo su designio de salvación universal y que
ésta
llegará un día a su plenitud cuando los cielos
y la tierra desaparecerán para dar
lugar a "los cielos
nuevos y la tierra nueva" (2 Pe 3,13) para vivir enteramente
en la Jerusalén
celestial (Ap 21,1-4).

Diferentes elementos a lo largo de la historia (como es el constatar
la miseria de
nuestra realidad humana, el dolor, el hambre y
sobre todo la profunda insatisfacción que puede producirse
en el
hombre al vivir lejos de Dios), fueron llevando a los profetas
a darse cuenta que el plan de Dios para el hombre concluye en
un final definitivo o escatológico que marca el inicio
de la "vida nueva" para toda la humanidad. Por ello,
sobre todo en los libros proféticos escritos después
del Destierro de Babilonia, los autores fueron esbozando a
base
de signos y figuras cuándo y de qué manera llegaría
a su plenitud la historia y se
iniciarían "los últimos
tiempos" después de los cuales todo llegará a
su
final.

Esto dio origen a un género literario dentro de la Sagrada
Escritura que es conocido como
APOCALIPTICA, el cual alcanzará su
máximo desarrollo durante el período Helenístico
(350-100 a.C.). Testimonio de ello lo encontramos principalmente
en las profecías de Daniel y Zacarías, aunque en
Isaías podemos encontrar algunos trazos originales de
esta esperanza finalista del mundo, que se identifica con el
"juicio
final" (Dan 7-12; Is 24-27; Zac 9-14).

Basado en esta idea finalista del mundo, al final de este
período
(entre el año 200 a.C. y 100 d.C.) se escribieron una
serie de libros extrabíblicos, los
cuales, siguiendo el
género apocalíptico, dieron a conocer una serie
de visiones en las cuales no
únicamente se describe mediante
signos cosmogónicos, cuándo y de qué manera
será el
fin del mundo, sino las señales previas
que precederán dicha consumación final. Entre los
más importantes podemos citar: El Libro de Enoch, los
Salmos de Salomón, el libro del Jubileo y el Apocalipsis
de Baruc (este último ya del primer siglo d.C.).

Toda esta literatura Apocalíptica fue creando en el
pueblo
la idea de que la allegada del Mesías y del fin del mundo
era inminente, fenómeno que se conoce
como "milenarismo",
lo que por un lado llenó de esperanzas al pueblo, ya con
este personaje (de alguna
manera misteriosa), Dios llevaría
a termino su plan salvífico no solo para el pueblo de
Israel sino para
toda la humanidad. Sin embargo, al mismo tiempo
la lectura de estos libros fueron fuente de grandes temores para
todos
aquellos que vivían al margen de la Ley de Dios
y que habían olvidado la Alianza, ya que éstos,
junto con los paganos, serían castigados y excluidos de
la posesión del Reino (cf. Mal 3,1-5).

Influenciados grandemente por esta literatura, el pueblo de
Israel, o al menos una gran parte de él, sobre todo los
que reconocieron en Jesús al Mesías de Dios, pensaron
al principio de la era cristiana que el final de la historia
era inminente (Cf. 1Cro 15,51).

La predicación de Juan en la que invitaba a todo el pueblo
a
la conversión y al arrepentimiento (pues el hacha estaba
puesta ya sobre la raíz cf. Lc 3,9) ya que todo el que
no se convirtiera perecería irremisiblemente, acrecentó en
el pueblo esta esperanza - temor. Por su parte
Jesús,
en lo que se conoce como el Discurso Escatológico de los
capítulos 24 y 25 del evangelio de
san Mateo presentó una
nueva oportunidad para pensar que efectivamente el final era
inminente, mismo que como ya
se había presentado en los
libros apocalípticos del AT sería precedido por
una serie de
"catástrofes y signos cósmicos
que estremecerían a todo el universo.

Con ello
Jesús confirmó lo que ya los profetas
habían dicho, sobre el final del mundo, el cual llegará un
día sin lugar a dudas. Sin embargo cuando le preguntaron
sobre cuándo llegaría este momento su respuesta
fue categórica.

"Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles
de
los cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre".

Mt 24,36

A pesar de ello, la comunidad cristiana,
como lo manifiestan
algunas cartas de san Pablo, estaban convencidos de que era tan
inminente el final del mundo que
ellos mismos estarían
presentes. Es así que san Pablo escribe al los Tesalonicences:

"Les
decimos eso como Palabra del Señor: Nosotros,
los que vivamos, los que quedemos hasta la Venida del Señor
no nos adelantaremos a los que murieron. El Señor mismo,
a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta
de Dios, bajará del cielo, y los que murieron en Cristo
resucitarán en primer lugar. Después nosotros,
los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes,
junto con ellos, al encuentro del Señor en los
aires.
Y así estaremos siempre con el Señor".

1Tes 4,13-17

Sin
embargo, no tardaron mucho tiempo en darse cuenta, primero
que la salvación esperada no era de tipo temporal e inminente,
sino del pecado que impide al hombre ser feliz en la libertad
de los hijos de Dios; y segundo que el final, aunque
ciertamente
llegará un día: sobre la fecha y la hora, NADIE
SABE NADA SINO EL PADRE DEL CIELO y que su
realización
puede demorarse por muchos, muchos siglos (ver: 2Tes 3,10 en
donde el mismo san Pablo ha cambiado
totalmente de idea sobre
la inminencia del fin del mundo), como de hecho sabemos que ha
sucedido.

El Último libro de la Sagrada Escritura, escrito en un
período de gran persecución a al Iglesia, utilizó
para
su escritura el género apocalíptico. En él,
el mismo Jesús reveló a su pueblo,
contrariamente
a lo que muchos han pensado, que el final del mundo será un
momento de triunfo, por lo que el
miedo y el temor no tienen
cabida en él; por otro lado, que previo a este final,
la Iglesia sufrirá a
causa del enemigo del Reino quien
buscará por todos los medios de destruir la obra de Dios,
pero al mismo
tiempo, reveló que todos sus esfuerzos fracasarán,
pues Jesús ha vencido y El ha dado la victoria a su
pueblo.

Desde entonces, basados en interpretaciones incorrectas no aprobadas
por la Iglesia, se han generado
una serie de vaticinios sobre
cuándo sucederán las cosas relatadas tanto en el
Evangelio como en el libro
del Apocalipsis.

Ahora bien, dado que una de las fuentes importantes de la apocalíptica
cristiana se
encuentra en el Evangelio de Mateo de manera particular
en el capítulo 24 y en el Apocalipsis, principalmente
en
el capítulo 20, quisiera, antes de continuar adelante,
detenernos un momento para analizar algunos de sus elementos
los cuales nos ayudarán más adelante a juzgar las "profecías" y
vaticinios sobre la inminencia del fin
del mundo.

EL EVANGELIO DE SAN MATEO Y EL FIN DEL MUNDO

Jesús sentado ante el templo de Jerusalén les
habla a sus discípulos de la total destrucción
de éste (24,1-2). Sobre esta destrucción la mayoría
de los exégetas están de acuerdo en que
Jesús
se refería históricamente a la destrucción
de Jerusalén ocurrida en el
año 70 d.C. Sin embargo,
esta destrucción es figura profética de la consumación
de los
tiempos.

Ante este anuncio, los discípulos preguntan sobre ¿cuándo
sucederá?

"Dinos cuándo sucederá eso, y cuál
será la señal de tu
venida y del fin del mundo " (24,
3) a lo cual Jesús responde: " MIREN QUE NO LOS ENGAÑE
NADIE.
Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: "Yo
soy el Cristo", y engañarán a muchos.
Oirán
también hablar de guerras y rumores de guerras. ¡Cuidado,
no se alarmen! Porque eso es
necesario que suceda, PERO NO ES
TODAVÍA EL FIN".

24,4-6

(Las
mayúsculas las he puesto yo para subrayar algunos
elementos del texto).

Como vemos en estos primeros
versículos Jesús
no responde directamente al "cuándo", sino que
previene a los
discípulos de ser engañados, pues
habrá muchas falsas profecías y muchos falsos profetas.
Por otro lado, aunque sucederán muchas guerras y catástrofes
naturales, Jesús es claro que esto no es el signo
del
final.

"Pues se levantará nación contra nación
y reino contra
reino, y habrá en diversos lugares hambre
y terremotos. Todo esto será el comienzo de los dolores
de
alumbramiento. Entonces los entregarán a la tortura
y los matarán, y serán odiados de todas las naciones
por causa de mi nombre. Muchos se escandalizarán entonces
y se traicionarán y odiarán mutuamente.
Surgirán
muchos falsos profetas, que engañarán a muchos.
Y al crecer cada vez más la
iniquidad, la caridad de la
mayoría se enfriará. Pero el que persevere hasta
el fin, ése se
salvará. "Se proclamará esta
Buena Nueva del Reino en el mundo entero, para dar testimonio
a todas
las naciones. Y ENTONCES VENDRÁ EL FIN".

24,7-14

Jesús continúa profetizando los
elementos que
habrán de ocurrir antes de que venga el final. Elementos
que como vemos han sucedido desde la
muerte del Señor
hasta nuestros días (bástenos recordar la gran
erupción del Vesubio en le
79 d.C. que estremeció al
mundo conocido). Termina esta sección diciendo que hasta
que la buena noticia
del Reino llegue a todos los rincones de
la tierra hasta entonces llegará el final. Como sabemos,
aún
hoy, a 2000 años de distancia, el cristianismo
es la tercera religión del mundo y en algunos lugares
del
Planeta ni siquiera se ha oído mencionar el nombre
de Jesús, de manera que si hacemos caso a la Escritura
el final es aun una esperanza lejana.

"Cuando vean, pues, la abominación de la desolación,
anunciada por el profeta Daniel, erigida en el Lugar Santo (el
que lea, que entienda), entonces, los que estén en Jadea,
huyan a los montes; el que esté en el terrado, no baje
a recoger las cosas de su casa; y el que esté en el
campo,
no regrese en busca de su manto. ¡Ay de las que estén
encinta o criando en aquellos días!
Orad para que vuestra
huida no suceda en invierno ni en día de sábado.
Porque habrá entonces una
gran tribulación, cual
no la hubo desde el principio del mundo hasta el presente ni
volverá a haberla. Y
si aquellos días no se abreviasen,
no se salvaría nadie; pero en atención a los elegidos
se
abreviarán aquellos días".

Mt 24, 15-22

El texto continúa con lo que la
mayoría de los
exégetas consideran una descripción que Jesús
hacía, usando
términos y figuras del AT (es clara
la imagen de la mujer de Lot que se convirtió en sal,
etc.), hablaba
directamente de la destrucción FISICA de
Jerusalén. La ABOMINACION, al parecer está referida
a la
estatua del César que se buscaba poner dentro del
templo, pero cuyo intento fracasó por la resistencia del
pueblo pero que de alguna manera fue la gota de agua que derramó el
vaso y que produjo la gran rebelión de los
judíos
contra los romanos y que terminaría en la destrucción
del templo y la deportación de
todos los judíos.
En su mensaje teológico Jesús nos deja saber que
en medio de cualquier
tribulación sufrida por su nombre
(incluída la que pueda preceder a su segunda venida) Dios
nos ama y no
nos abandonará.

"Entonces, si alguno les dice: "Miren, el Cristo está aquí o
allí", NO LO CREAN. Porque surgirán falsos
cristos y falsos profetas, que harán grandes señales
y prodigios, capaces de engañar, si fuera posible, a los
mismos elegidos. ¡MIREN QUE SE LOS HE PREDICHO! Así
que
si les dicen: "Está en el desierto", no salgan; "Está en
los aposentos", no lo
crean. Porque como el relámpago
sale por oriente y brilla hasta occidente, así será la
venida del
Hijo del hombre".

Mt 24,23-27

De nuevo Jesús previene a sus discípulos sobre
los falsos profetas y aquellos que se harán pasar por
su persona. Sobre este hecho, ya san Juan desde su primera carta
da testimonio de la realización de esta profecía
(ver 1Jn 2,18) y desde entonces, como veremos más
adelante,
han aparecido muchos falsos profetas que lo único que
han hecho es atemorizar al pueblo de Dios con
falsas predicciones.

"Donde esté el cadáver, allí se juntarán
los
buitres"

Mt 24,28

Esta frase un poco enigmática, ha sido aceptado por muchos
estudiosos como una señal de que la venida del hombre
será tan evidente que todos se darán cuenta. Es
decir no es ni será nada que esté escondido, sino
evidente. En seguida, inicia lo que se conoce como el
"Pequeño
Apocalipsis de Mateo" en donde propone, como lo han hecho
todos los apocalípticos, las
señales cósmicas
que precederán a la llegada del final de los tiempos.

"Inmediatamente después de la tribulación
de aquellos días, el sol se oscurecerá, la luna
no dará su resplandor, las estrellas caerán del
cielo, y las fuerzas de los cielos serán sacudidas.
Entonces
aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre;
y entonces se golpearán el pecho
todas las razas de la
tierra y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes
del cielo con gran poder y gloria.
El enviará a sus ángeles
con sonora trompeta, y reunirán de los cuatro vientos
a sus elegidos,
desde un extremo de los cielos hasta el otro.
De la higuera aprendan esta parábola: cuando ya sus ramas
están tiernas y brotan las hojas, sabéis que el
verano está cerca. Así también ustedes,
cuando vean todo esto, sepan que El está cerca, a las
puertas".

Mt 24, 29-33

En esta sección vemos reflejado Dn 7,13-14; Is 13,10:
Zac 12,10. Recordando lo que ya hemos dicho sobre la
apocalíptica
y sus signos, debemos pensar que todos estos prodigios cósmicos,
si bien no se puede negar
que puedan ser referidos a situaciones
físicas y cósmicas que se producirán previas
al la nueva
venida de Cristo, debemos suponer, dado que el lenguaje
apocalíptico habla por medio de "signos", que
lo que Jesús buscaba dejar claro en sus discípulos
es que su regreso sería precedido de signos TAN EVIDENTES
y portentosos que no podrían escapar a la vista de nadie.
Como soporte a esto debemos tomar en cuenta la
concepción
cósmica que tenía la gente del tiempo de Jesús
los cuales creían que la
tierra era plana y el centro
del universo. No tenían ni la menor idea de que la caída
de una estrella
sobre la tierra es imposible, ya que la más
pequeña que nos rodea es infinitamente más grande
que
nuestro sol, por lo que es poco posible que Jesús
se refiriera a fenómenos estelares de carácter
físico, sino más bien simbólico. Es de notar
también que no finaliza su discurso diciendo que el final
del mundo está cerca, sino que El está cerca. Esto
es que la salvación definitiva está a la
puerta… que
no hay motivo para asustarse o vivir con temor. Todo lo que anteceda
será el signo de que la
salvación definitiva está por
llegar… noticia para todos los creyentes de gran gozo,
por lo que
lejos de rechazar esta idea de la venida de Jesús
gritaban, como nosotros lo hacemos en nuestra eucaristías
"¡Ven
Señor Jesús!" (Ap 22,20) palabras con las
que se cierra el libro del
Apocalipsis.

"Yo les aseguro que no pasará esta generación
hasta que todo esto suceda. El
cielo y la tierra pasarán,
pero mis palabras no pasarán. Mas DE AQUEL DÍA
Y HORA, NADIE SABE NADA,
ni los ángeles de los cielos,
ni el Hijo, sino sólo el Padre".

Mt 24,34-35

Dos elementos parecerían contraponerse. Por un lado afirma
que los sucesos descritos son INMINENTES y por otro lado que
nadie sabe cuando pasarán, sin embargo será antes
de que pase esa "generación" (que en el
lenguaje
bíblico se refiere a 30 ó 40 años). Sin
embargo no hay tal contraposición. Hemos
dicho ya, la
mayoría de los exégetas están de acuerdo
en que muchos de estos pasajes Jesús
los dijo en relación
a la destrucción de Jerusalén. De manera que la
profecía, en cuanto a
la gran calamidad, se realizó antes
de una generación. Muchos de los que los escucharon las
palabra de
Jesús fueron testigos de esta destrucción… sin
embargo, los elegidos, es decir el pueblo cristiano, no
pereció,
sino que por el contrario marcó una nueva etapa de crecimiento
en él. Es el axioma
teológico conocido como el "YA,
PERO TODAVÍA NO".

"Como en los días de
Noé, así será la
venida del Hijo del hombre. Porque como en los días que
precedieron al
diluvio, comían, bebían, tomaban
mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en
el
arca, y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los
arrastró a todos, así será también
la venida del Hijo del hombre. Entonces, estarán dos en
el campo: uno es tomado, el otro dejado; dos mujeres moliendo
en el molino: una es tomada, la otra dejada. Velen, pues, porque
no sabéis qué día vendrá vuestro
Señor. Entiéndanlo bien: si el dueño de
casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el
ladrón,
estaría en vela y no permitiría que le horadasen
su casa. Por eso, también vosotros
estén preparados,
porque en el momento que no penséis, vendrá el
Hijo del hombre.
¿Quién es, pues, el siervo fiel
y prudente, a quien el señor puso al frente de su servidumbre
para
darles la comida a su tiempo? Dichoso aquel siervo a quien
su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así.
Yo os aseguro que le pondrá al frente de toda su hacienda.
Pero si el mal siervo aquel se dice en su corazón:
"Mi
señor tarda", y se pone a golpear a sus compañeros
y come y bebe con los borrachos,
vendrá el señor
de aquel siervo el día que no espera y en el momento que
no sabe, le
separará y le señalará su suerte
entre los hipócritas; allí será el llanto
y
el rechinar de dientes".

Dado que nadie sabe ni el día ni la hora, Jesús
termina su
discurso invitando a sus discípulos a permanecer
fieles y a estar SIEMPRE PREPARADOS, pues su segunda venida será
sorpresiva.

Podemos concluir que a la pregunta hecha por sus discípulos
sobre cuándo será el
fin del mundo y cuáles
serían las señales para reconocer que el final
está cerca,
Jesús concluye diciendo: En cuanto
al día y la hora: nadie lo sabe; y por lo que toca a las
señales que lo precederán, la señal fundamental
es que no habrá señales, será al improviso,
por lo que hay que vivir siempre preparados.

EL APOCALIPSIS Y EL FIN DEL
MUNDO

Uno de los temas que más han contribuído a crear
una psicosis en el pueblo en
relación al fin del mundo
es el capítulo 20 del Apocalipsis en el cual se habla
sobre el fenómeno
ya mencionado anteriormente conocido
como Milenarismo.

En este capítulo se ilustra la batalla
apocalíptica
entre Satanás, el pueblo de Dios y la victoria final de
Dios sobre el demonio y el pecado
por medio de Cristo.

Sin embargo si queremos entender correctamente lo escrito por
san Juan, debemos recordar
es que este libro usa de signos comunes
en el lenguaje apocalíptico para instruir al pueblo, por
lo que
más que poner atención en los signos debemos
concentrarnos en su contenido. Entre estos signos están
el número mil, que en el lenguaje apocalíptico
y en general en el lenguaje bíblico tiene un valor
indeterminado:
sirve para indicar algo que no puede ser medido, pues de alguna
manera entra en el ámbito de la
eternidad. Como ejemplo
tenemos el pasaje citado por Pedro en su segunda carta (2Pe 3,8)
en donde leemos que "Para
Dios un día es como mil
años y mil años como un día". Es decir,
la manera como Dios
cuenta el tiempo dista totalmente de nuestra
sistema aritmético.

Por otro lado la vida y la muerte no
están referidas
precisamente a la muerte física sino a la muerte espiritual
(preocupación
principal de los apóstoles y de la
primera comunidad en la que se leía este escrito), por
lo que la
primera resurrección se refiere al bautismo
(paso de la muerte del pecado a la vida de la gracia).

La
liberación de Satanás para que actúe
libremente sobre la tierra, no tiene un tiempo definido pues
sabemos que desde siempre su acción ha sido permanente
buscando arruinar al plan de Dios y conducir al hombre a la total
infelicidad.

La batalla a realizarse en Gog y Magog está referida
a la profecía de Daniel,
la cual según la literatura
extrabíblica presenta la lucha escatológica del
Mesías contra
todos los enemigos de Dios. El autor la
utiliza en sentido espiritual para presentarnos la ultima gran
batalla entre el
demonio y el pueblo de Dios, que en general
está referida a la conversión. Para muchos estudiosos
significa la lucha sostenida entre el pecado y la gracia, ya
que ésta define la vida eterna.

La cita
del Apocalipsis nos presenta el mal rodeando al pueblo
en un lucha que parecería perdida por los bautizados.
Sin
embargo el autor busca recordar a todo cristiano que el hombre
no vence por sus fuerzas sino gracias a la intervención
de Dios; que la gracia finalmente vencerá sobre el pecado.

El final del relato nos presenta el juicio final en donde
los
hombres seremos juzgados sobre nuestras obras. Totalmente contrario
al mal uso que se usa dar de este
capítulo, el juicio
no presenta una fecha ni un período definitivo. Esto hace
que se mantenga la unidad
de la Escritura en cuanto a que nadie
sabe ni el día ni lo hora en que llegará el fina
del mundo y que
éste surgirá de improviso, precisamente
cuando nadie se lo espere.

Con ésto en mente
podemos decir que los períodos
mencionados de mil años (vs. 3-6) no se refieren a fechas
determinadas,
por lo que nada tiene que ver con el fin de un
milenio, ni tampoco con una sucesión de etapas sucesivas
en la
historia (más aún si consideramos que nosotros
seguimos un calendario diferente al usado en tiempos de la primera
comunidad).

Por otro lado que la batalla Apocalíptica usa términos
propios de esta
literatura para ilustrar la guerra que sostiene
el cristiano contra el pecado, el demonio y sus secuaces y no
a una
batalla física al final del mundo (vs. 7-10). Y
finalmente que aunque parezca que es el mal el que reina (estado
actual del mundo???), Dios siempre actúa con poder para
librar a sus hijos de las cadenas del pecado (vs.11-15).

LA PROFECÍA EN LA IGLESIA

Podemos decir que con el Apocalipsis, se cierra
lo que conocemos
como "la Revelación Pública" de Dios
a su pueblo. En ella está
contenido lo que de manera UNIVERSAL
y para todas las generaciones el hombre debe saber sobre Dios
y sobre la historia
y el desarrollo del proyecto salvífico
de Dios para el hombre (cf. Jn 20,30-31). San Agustín
decía: "Si con Jesús Dios nos ha revelado
todo, ¿que más podría revelarnos?"

Ahora bien, la Iglesia reconoce que en determinados períodos
de la historia y sobre todo en situaciones particulares que
obedecen
generalmente a un "tiempo y un espacio" determinados,
Dios se ha manifestado a algunos hombres y
mujeres para confortarlos
e impulsarlos a continuar caminando en su camino de santidad,
por medio de visiones y
mensajes que pueden estar dirigidos a
ellos mismos, a determinados sectores de la Iglesia, o incluso,
a la Iglesia en
general, pero los cuales tendrán siempre
el carácter de un mensaje, o revelación PARTICULAR
o
PRIVADA.

Por otro lado debemos reconocer, que desde que la revelación
pública se cerró, han
proliferado multitud de "revelaciones" que
no pertenecen al depósito de fe de la Iglesia, por lo
que
no pueden ser consideradas como una "enseñanza
oficial" de nuestra fe. Esto ha hecho que la Iglesia como,
madre y maestra, y siendo ella la depositaria de la sana doctrina,
discierna sobre su autenticidad. Sólo para darnos una
idea de lo que ésto ha significado a lo largo de la Iglesia,
puede darse un vistazo a lo que conocemos como
"Evangelios
Apócrifos", los cuales se refieren a escritos sobre
la vida y predicación de
Jesús, la Iglesia, su
doctrina etc., y que fueron escritos entre los siglos II y IV
y los cuales, a pesar de su
extendido uso y lectura en algunas
comunidades particulares, fueron rechazados por el magisterio
ordinario de la
Iglesia como parte de la Revelación Pública.

Esto ha hecho que la Iglesia siempre esté atenta a estas
manifestaciones, y que con gran cuidado las discierna para evitar
daños en la fe de la comunidad (Cf. 1Tes 5,20-21).
Entre
los elementos de Juicio que ha mantenido de manera universal
la Iglesia para las revelaciones particulares o
privadas, permítasenos
citar solo las más importantes.

a. En primer lugar una Revelación
Particular o Privada
no puede ser en contenido y sentido diferente (mucho menos contraria)
a la revelación
Pública. Esto, referido a una posible
fecha dada por Dios para indicar el fin del mundo, se aleja y
contrapone
al Magisterio Ordinario de la Iglesia que como lo
hemos visto más arriba, la Sagrada Escritura categóricamente
enfatizar de manera unitaria que "nadie sabe ni el día
ni la hora".

b. Por otro lado, la
Iglesia reconoce que con Cristo ha llegado "la última
hora" o "el final de los tiempos" (cf. Gal 4,4;
Heb 1,1-2), los cuales no son provisionales sino PERMANENTES,
de manera que en la "Era Cristiana" no podemos
esperar
nada que cambie ESENCIALMENTE las condiciones de nuestra salvación.

c. Las Revelaciones Privadas,
no son dirigidas de manera universal
a la Iglesia (todos los tiempos y todos los lugares), sino a
una parte de ella sea
en una situación particular o en
un tiempo particular de la Historia. Esto hace que una revelación
de
hace 6 siglos o 3 meses pueda no tener validez actual; o si ésta
fue dicha en Francia, no precisamente pueda o deba ser
válida
para América (esto aún dado el caso en que la Iglesia
sancionara la validez de dicha
revelación).

d. Ninguna revelación auténtica, amenaza y chantajea
ni al vidente (al
profeta) ni a la Iglesia con algún tipo
de castigo si no hace lo que la profecía prevé.
San Juan
de la Cruz, decía que no hay ningún perjuicio
para el vidente aun cuando una visión auténtica
sea rechazada.

e. No se debe jamás olvidar (cosa que con frecuencia
pasa con los promotores o amantes de
todo este género
de manifestaciones sobrenaturales) que Cristo se hace presente
y se manifiesta de manera
más segura y positiva en los
pobres y en aquellos que sufren; y que los sacramentos, la gracia
y la
acción del Espíritu Santo es el lugar "ad
oc" para la revelación y la intimidad con Dios que
se revela como amor y consolación; finalmente que la Cruz
es verdadera misericordia y la caridad el más grande los
dones.

f. El hecho de que un lugar, por devoción popular sea
visitado por miles de
personas no consiste en una prueba de la
autenticidad de la aparición, aun cuando en ella se puedan
realizar
prodigios maravillosos. La Iglesia recuerda con mucho
cuidado las palabra de La Escritura: "El demonio se viste
de
ángel de luz" (2Cor 11,14) y reconoce que es capaz
de realizar acciones milagrosas, por lo que SOLO LOS FRUTOS,
ayudarán a reconocer la fuente de la revelación
(cf. Mt 7,16).

g. Una verdadera profecía,
más que una visión
(al menos esencialmente), es una "palabra". En ésta
no se muestra una
fracción del futuro, sino que comunica
algo que interpela al hombre buscando un respuesta amorosa departe
de
éste. Por ello, en sus detalles, esta comunicación
será oscura, ya que busca, ante todo, presentar el sentido
del futuro y que no sea le medio por medio del cual la persona
pude protegerse; por eso deja el futuro en oscuridad para
preservar
la libertad del hombre en cuanto a la confianza hacia Dios. No
es pues como si alguien hubiera ido al futuro
e hiciera un reporte
de lo que ahí vio, sino más bien es una "anticipación
del futuro el cual
permanece siendo "futuro"".

h. Finalmente, la Iglesia reconoce que dada la fragilidad del
hombre, aun las revelaciones autorizadas por la Iglesia no está exentas
de errores humanos, por lo que hay que ser muy cautos en su
aplicación
e interpretación.

DAÑOS CAUSADOS POR LAS FALSAS
REVELACIONES

Además de estas consideraciones para la verificación
y discernimiento de las
revelaciones, la Iglesia previene a los
fieles sobre el gran mal que hace el "publicar" al
margen del
magisterio una "supuesta aparición" o "supuesta
revelación".

Entre los
más graves daños que realiza ésta
es la desilusion, con la consiguiente pérdida de fe. Si
por ejemplo se hace público, basados en una revelación
privada, que el fin del mundo sucederá en tal o cual fecha
y esto no sucede, la gente se siente engañada, y dado
que el "supuesto vaticinio" fue presentado como
una
revelación de Dios, y a la cual ha resultado ser una mentira
(o una equivocación en el mejor de los
casos), ya que
no sucedió como se había predicho, la comunidad
(aquellos que hicieron caso y tuvieron por
verdadera la profecía)
se desilusionan y pueden llegar a pensar que el mismo Dios es
quien miente, con la
consecuente pérdida de la fe; o en
los cazos en los que, por medio de una supuesta profecía
se
"amenaza" con un castigo el cual sobrevendrá si
la gente no cumple lo solicitado por el "profeta",
y resulta que lo profetizado no se cumple, la gente puede llegar
a pensar que nunca pasará y dejará de trabajar
en su santidad diaria, perdiendo la actitud de estar alerta.

Puede ser por otro lado, una excelente oportunidad del
demonio
para desviar la fe y la atención de la comunidad, de manera
que el evento, la revelación, la
visión, el lugar,
los objetos se convierten en el centro de la fe. Ya no se habla
de Cristo y de su Evangelio
sino de lo que dice el vidente; se
desarrolla una psicosis por recoger toda clase de objetos que
se relacionan con el
lugar. Infinidad de personas se retiran
de la ortodoxia de la fe por "creer" en las supuestas
apariciones o
revelaciones, cayendo que tiene más poder
un "cirio bendito" que una oración hecha con
humildad
y sencillez al Señor.

Si bien es cierto que la Iglesia reconoce que en las reliquias
de los santos, usados
como sacramentales, son instrumentos de
Dios para aumentar la gracia, no debemos olvidar que en este
tipo de evento no
aprobados por el Magisterio de la Iglesia,
los objetos cercanos a la aparición, las vestiduras de
los videntes,
la tierra del lugar de la supuesta aparición,
etc., llegan a convertirse en "objetos mágicos" capaces
de producir milagros, llegando incluso hasta el fetichismo, lo
cual en no pocas ocasiones es hábilmente usado por los
"vivaces" del
momento para hacer negocio en perjuicio de la fe del pueblo.

Por otro lado, si ya de
suyo el pueblo cristiano desafortunadamente
no tiene mucho contacto con la Sagrada Escritura, este tipo de
mensajes
hacen que ésta se relegue dando prioridad al
o a los menajes y considerándolos incluso más importantes
que la misma Palabra de Dios.

Todo este tipo de prácticas y creencias dejan la puerta
abierta para la
desilusion y estropean la fe, sobre todo del
pueblo sencillo que con facilidad se deja llevar por todas estas
manifestaciones, por lo que para aquellos que sin discernimiento
y consentimiento de la Iglesia promuevan dichas apariciones y
mensajes SU ACCIÓN SE CONVIERTE EN PECADO GRAVE al inducir
al error a los hermanos.

En predicciones
de tipo apocalíptico o escatológico
se crea una psicosis infundada dañando la paz de la persona,
y
sobre todo lo más grave, haciendo ver a Dios como un
ser VENGATIVO cuya mano está pronta para castigar, lo
cual destruye la auténtica imagen de Dios, que es amor
y misericordia, del Dios que es lento para castigar y pronto
para perdonar (Sal 103,1-10).

En estas profecías o vaticinios se mezclan sutilmente
la verdad y la
mentira, la luz y las tinieblas, se da parcialidad,
malos entendidos e interpretaciones equivocadas. Es tal el efecto
negativo que puede llegar a causar una falsa profecía
de tipo apocalíptico, que la psicosis producida por ella
en las personas pude llegar a ser el elemento que hará finalmente
que se cumpla lo predicho.

Un
ejemplo de esto es el caso Y2K. Supongamos que un "vidente" profetiza
que habrá una gran hambre debido a un colapso
económico
debido a lo que se conoce como el famoso "Y2K" en el
cual se prevé que los sistemas
cibernéticos se
colapsarán y no habrá control en los sistemas financieros.
Imaginemos a toda la
gente que piensa que la profecía
es verdadera, sacando su dinero del banco para "protegerse" de
lo que
esta falsa profecía está vaticinando. Esto
causaría un desorden económico inmenso al descapitalizarse
los instrumentos financieros, con lo cual se cumpliría
la supuesta profecía, ya que si ésto sucede
habría
una serie de calamidades producto de la desestabilización
financiera. De esta manera la misma
gente en su pánico,
realizó lo que no debía de haberse realizado. De
manera que el futuro sucede
no por que iba a suceder así sino
porque fue forzado a que así pasara por los promotores
de la falsa
profecía.

Al principio de la cristiandad estaba en boca de todos que el
fin del mundo estaba cerca, que
Jesús llegaría
de un momento a otro; esto estaba causando una serie de desórdenes
en la vida de la
comunidad, por ello san Pablo, escribiendo a
los Tesalonicences les dice; "El que no quiera trabajar,
que tampoco
coma" (2Tes 3,10-11).

Por otro lado la Iglesia reconoce desde siempre la presencia
de "adivinos"
los cuales usando el poder de Satanás,
el cual como ser espiritual tiene acceso (al menos a parte) al
futuro y
la historia, pueden revelar al menos parte de éste.
Este tipo de adivinos son condenados por la sagrada escritura
en donde leemos:

No hay presagio contra Jacob, ni sortilegio contra Israel. Según
se le está
diciendo a Jacob y a Israel: "¿Qué hace
tu Dios?", Num 23,23 (Cf. Lev 19,26.31; Dt 18,9-14)

Por su parte la Iglesia en el Canon 2325 condena a todos aquellos
que practican la adivinación, por lo que los cristianos
no deben participar en ninguna de estas prácticas ni sesiones
(DZ 2182), mucho menos cuando se convierte en algo
sistemático
dando lugar al Ocultismo.

Lógicamente, aunque en principio se presenten dichas
profecías o adivinaciones con una máscara de fe
y religiosidad cristiana, lo único que buscan es la
destrucción
de los que ingenuamente o predeterminadamente los siguen y creen
en lo revelado. Al aceptar y creer
lo único que hacen
es abrir la puerta del corazón a doctrinas malvadas que
terminarán destruyendo
la vida de los que creen en ellas
y la de sus seres queridos.

Las profecías divinamente inspiradas
manifestarán
siempre a Dios como el Señor de la historia, incluso en
momentos de oscuridad. Este tipo de
profecías nos dirán
que aun en las situaciones más desesperantes por las que
pueda pasar el mundo
y el mismo Reino de Cristo, ésto
no significa que Dios ha perdido el control de la historia, sino
que aún
estas situaciones están contempladas en
el proyecto de amor de Dios trazado desde el principio, y en
donde Dios
triunfará en medio y a pesar de nuestras debilidades.
La profecía divina nos advertirá siempre sobre
el "optimismo" mundano, contra la "manía" del
progreso y la "utopía de realizar en esta
tierra
un reino de éxtasis. Por ello siempre deja en penumbra
el futuro. La profecía auténtica nos
invita siempre
a la penitencia, a la conversión a la oración,
a confiar en la victoria de Cristo y a
esperar con confianza
en la misericordia y el amor eterno de Dios.

Podemos decir que la auténtica
profecía, la que
tiene como origen a Dios, no nos dirá nada ESENCIALMENTE
nuevo y que no esté ya
contenido en la Escritura, por
lo que ésta se convierte ante todo en un RECORDATORIO
más que en una
advertencia.

LAS FALSAS PROFECÍAS MODERNAS

A.
La Salette

Una de las fuentes de terror que han proliferado en todo el
mundo son las falsas
profecías de la "Salette".
Estas se refieren a una supuesta aparición ocurrida en
la
Montaña de "la Salette" en los Alpes franceses
en 1846 a unos jovencitos llamados Melanie y Maximin.

Si aplicamos los criterios dados con anterioridad para el discernimiento
de las profecías y sin querer hacer en este momento
un
análisis completo y exhaustivo de este mensaje, nos encontraremos
primeramente con que en ella se da el
chantaje espiritual de
parte de La Santísima Virgen María quien dice,
lo cual es inaceptable el hecho de
que María llegar a
decir:

Si lo recogido se echa a perder, la culpa es sólo vuestra.

En lugar de promover la misericordia infinita de Dios y la confianza
en Jesús expresa:

Dios
abandonará a sí mismos a los hombres y enviará castigos...
La sociedad se encuentra en vigilia de terribles
flagelos.

El mensaje propone una fecha totalmente arbitraria para la liberación
de Satanás, lo
cual está en total referencia al
milenarismo:

En el año 1864 Lucifer será liberado de sus
ataduras
del infierno junto a un gran número de demonios y éstos
abolirán la fe, incluso en las
personas consagradas a
Dios

Ya hemos dicho cómo el Anticristo es una figura presente
en
el mundo desde el principio de la cristiandad, pues está referido
a todo aquel que atenta contra el Reino de manera
sistemática
y del cual ya san Juan daba testimonio en su primera Carta. Sin
embargo la vidente afirma que la
Virgen le dijo:

Será en ese tiempo cuando nacerá el Anticristo

Por lo que toca a la
credibilidad y la vida de santidad de los
videntes nos encontramos con que Melanie después de recorrer
4
órdenes religiosas finalmente fue expulsada de la última.
Por lo que toca a Maximin, llevó una vida bastante
variada
(seminarista, empleado, estudiante de medicina, etc.) y murió precisamente
justo cuando finalmente
había decidido ser sacerdote.
Antes de esto, había preparado un licor llamado "Salettine" en
cuya etiqueta estaba una fotografía de él mismo
(soberbia???).

Esto nos ayuda a entender porque
esta supuesta aparición
lo mismo que su mensaje fue condenado por la Santa Sede en repetidas
ocasiones. La
primera por medio de dos cartas del Cardenal Caterini
inmediatamente después de la publicación de los
escritos sobre las predicciones en 1879. Posteriormente y de
manera ya oficial en 1901 y 1907 a propósito de la
aparición
de los dos libros de Gilbert Combe sobre "El Secreto de
la Salette" (AAS xxxiii [1900-1901],
p 667; xl [1907] p.271)
La más explícita y severa prohibición fue
publicada en 1915. Por este
decreto cualquiera que escriba sobre
este asunto de cualquier manera sería sujeto de castigo
por parte de la
autoridad eclesial (AAS vii [1915], p.594). A
pesar de ello se han continuad publicando libros.

Revisando los
nuevos supuestos mensajes de la Virgen y sobre
todo el mensaje que ha estado circulando por diversos medios
(y del cual
ya hablé y expliqué con anterioridad)
sobre el supuesto "III Secreto de Fátima" nos
damos cuenta, como ya lo dije, que éste es un "colage" de
profecías no aprobadas por la Iglesia, que tiene
como
fuente principal el mensaje de la Salette.

Este tipo de mensajes lo único que hace es alarmar a
la comunidad cristiana con supuestas profecías y vaticinios
totalmente falsos que solo obedecen al espíritu
milenarista
con el cual el demonio se divierte con nuestra angustia. Por
ello no se puede catalogar sino de una
acción, si no diabólica
sí perversa, la distribución y publicación
de todos estos
mensajes.

B. Nostradamus

Otra de las fuentes en las que se ha
nutrido el "falso
profetismo" así como las falsas expectativas apocalípticas
y
escatológicas en las mentes de los amantes del fatalismo,
sobre todo a propósito del Fin del Mundo, son las
"Profecías
de Nostradamus".

Michel de Notre-Dame, como se le conocía, nació
en
1503 y murió en 1566. Estudió humanidades en Avignon
Francia y se graduó como médico.
Sin embargo se
puede decir que casi no ejerció esa profesión dedicándose,
como él mimos
reconocerá, al estudio del ocultismo.
(El mismo admitía que el método que había
usado para
obtener la información contenida en su profecías
era condenado en la Biblia). Se reconocía como Católico,
sin embargo enseñaba astrología y practicaba la
magia, el ocultismo, la astrología y la alquimia. En
1555
publicó sus famosas profecías en la cuales vaticinaba
el fin del mundo para el año
3797.

Sus seguidores han utilizado como elementos de publicidad y
credibilidad las
"profecías" hechas por Nostradamus
sobre la elección del papa Sixto V, así como el
inicio de la Segunda Guerra Mundial, así como el hecho
de que ésta sería dirigida por Hitler. Sin embargo,
hay suficiente literatura sobre estas predicciones que prueban
que lo que profetizó Nostradamus pudo o puede ser
aplicado
no solo a estos casos sino a un sin número de situaciones
y personajes de la historia.

El caso que más se ha argumentado es el de la elección
del Papa, la cual se originó en una visita a Ancona
del "vidente" quien
mientras caminaba se topó con un grupo de franciscanos
y arrodillándose
delante de uno de ellos le pidió que
lo bendijera. Cuando sus compañeros le preguntaron que
por que
había hecho esto les dijo: "Debo inclinar
mi cabeza y arrodillarme delante de su santidad". Entre
las
explicaciones que se han dado ha este suceso están
el que efectivamente haya sido una revelación. Sin embrago,
la Iglesia ha dudado siempre que esta haya sido dada (si es que
efectivamente fue) por Dios. Recordemos que los demonios
venían
y se postraban delante de Jesús y lo reconocían
como "El santo de Dios" (cf. Mc
1,23-24). De manera
que una de las posibilidades es que haya sido revelado por Satanás
ante la santidad del
monje. La otra posible explicación
es que, aprovechando la ocasión y ante la humildad del
franciscano, y
buscando congraciarse con la Iglesia que siempre
lo tuvo bajo sospecha por hechicería, haya hecho este "acto
de humildad" ante la humildad del monje , que finalmente
sería después electo papa. De manera que no profetizó
absolutamente
nada, sino que quienes después han publicado esta anécdota
la han considerado como
profecía siendo que ésta
no habría sido la intención de Nostradamus, sobre
todo si
consideramos que este monje fue electo papa 19 años
después de la muerte de Nostradamus, cuando ya se le tenía
como un profeta.

Charles Ward, un prominente escritor decía en 1891: "Nostradamus
preparó todo para hacer creer a la gente que tenía
un don que en realidad no poseía. Encontró mucho
más lucrativo la adivinación que la práctica
médica (lo cual continúa pasando
desafortunadamente
aun en nuestros días). Se aprovechó de la increíble
ignorancia de la Edad Media
en la cual la superstición
del público era ilimitada". Por lo que podemos decir
que en realidad,
para Nostradamus la adivinación, se convirtió en
un lucrativo modo de vivir (como atestiguan todas sus relaciones
con las cortes y los altos y ricos funcionarios de diversas partes
del mundo que lo tuvieron como un verdadero profeta, como un
"iluminado").

Sería imposible en este escrito tratar todo lo referente
a Nostradamus y sus
"profecías", por lo que,
como hicimos sobre el profetismo en general, quisiera proponer
a su
consideración las 7 reglas que siguen (aún
hoy en día) los astrólogos y adivinos para hacer
sus predicciones. Esto servirá como marco de referencia
para juzgar sobre la veracidad que se puede esperar de las
profecías
de Miguel de Nostradamus.

Es conocido de todos los astrólogos y psíquicos
que existen 7 reglas para ser "exitoso" y alcanzar
fama como vidente o profeta:

La primera
es: "Hacer demasiados predicciones y esperar
que al menos una de ellas se convierta en realidad. Si esto sucede,
entonces hay que hacerle mucha publicidad e ignorar todas las
otras". Sobre este primer elemento, en 1969 se hizo una
investigación en NY analizándose las predicciones
de los mayores "psíquicos" los cuales
habían
hecho 364 predicaciones, de las cuales en un periodo de 4 años
solo 4 se realizaron. Esto quiere
decir que el 98% estaba equivocado.
Sin embargo hasta la fecha estos "psíquicos" están
aun en
el "negocio". Si consideramos que Nostradamus
hizo más de 1000 predicciones, en un modo totalmente ambiguo
es posible que algunas de ellas encuentren algún acomodo,
dándole renombre como profeta.

La
segunda regla: "La predicción debe hacerse de
la manera más vaga y ambigua posible". De manera
que cada declaración pueda releerse en cada época
de la historia con una nueva posibilidad de acertar. En este
renglón Nostradamus podemos decir que fue un verdadero
maestro.

Solo para mencionar una que le dio
gran fama, mencionamos el
caso de un cáliz que fue robado en 1568 de una catedral
y sobre el cual Nostradamus
profetizó diciendo: "No
teman, en breve tiempo el cáliz será recuperado,
si no, tengan por
seguro a los ladrones les espera un destino
infeliz".

En este pasaje se ve claramente que en realidad no
dice nada
en concreto y deja abierta la puerta para que cualquier cosas
que suceda, se pude argumentar: "Esto fue
lo que dije",
ya que si se recupera el cáliz se cumpliría lo
profetizado, si no entonces
también se cumple pues no
dice si los ladrones sufrirán o a manos de la justicia
o a manos de Dios. Sobre
el caso, debemos decir que no se tiene
ningún registro de que haya sido encontrado el cáliz,
ni tampoco
noticia alguna de los ladrones.

La tercera regla es: Usar demasiados simbolismos, metáforas,
imágenes de animales, nombres, iniciales, pues ésto
permite que puedan aplicarse a una infinidad de situaciones por
los creyentes. En Nostradamus, por ejemplo en el caso del incendio
de Londres (1666), el símbolo usado para identificar
a
Inglaterra fue "el León", el cual, sin embargo
pude significar también realeza o incluso la
ciudad de
León en Francia, etc. De manera que cada uno y en diferentes
tiempos pude darle una
interpretación que se acomode a
sus propósitos o necesidades.

La cuarta regla es: "Cubrir
las situaciones en ambos sentidos
(ganar - perder) y luego cuando se "cumple" la predicción
señalar el ganador como la verdadera intención
de la profecía". Esto hace que las profecías
de Nostradamus en cualquier sentido que se cumpla siempre habrá "tenido
razón" como ya lo
mencionábamos más
arriba.

Quinta regla: "Hay que darle crédito a Dios por
el éxito en la adivinación y echarse la culpa de
las cosas que no fueron transmitidas correctamente "de
parte
de Dios"". De esta manera se prepara siempre la huída
y se tiene a la mano una buena salida.
Sobre todo se gana crédito
con la gente ignorante y de fe débil. Si se cumple, es
que era de Dios si no,
pues entonces fue que el "Psíquico" no
supo comunicar "correctamente" lo que Dios "claramente" le
decía.

Sexta regla: "No importa cuantas veces te equivoques… continúa
adelante; los seguidores no se darán cuenta de tus errores
y continuarán siguiendo tus palabras". De todas las
"profecías" que
hizo en vida Nostradamus, la inmensa mayoría no se cumplieron,
ni se han
cumplido, sin embargo su fama como profeta se extendió como
reguero de pólvora en medio de una sociedad supersticiosa
y al margen de Dios.

Séptima regla: "Profetizar catástrofes; éstas
son
más fácilmente recordadas y adquieren gran
popularidad entre el pueblo". En medio de un lenguaje confuso,
el predecir calamidades, que siempre asustan a la gente y por
ella la mantienen atenta, facilita la adaptación de la
profecía a cualquier clase de catástrofe. Esto
te hace ganar popularidad y credibilidad.

Si
analizamos críticamente los escritos de Nostradamus,
así como los supuestos cumplimientos de sus profecías,
nos daremos cuenta que supo usar estos principios con gran maestría
y además se encontró con el medio
propicio para
que sus escritos se difundieran con gran rapidez y él
mismo alcanzara gran popularidad sobre todo
en la Corte de Francia,
entre los ocultistas, psíquicos y entre la gente que busca
el conocimiento al margen de
Dios.

CONCLUSIÓN

Creemos que con lo que hemos expuesto, nos debe quedar
claro:

PRIMERO: Que NADIE, sabe la fecha en que llegará el final
de mundo.

SEGUNDO:
Que este final, para los que creemos en Cristo, será el
momento más glorioso de nuestra vida, pues marcará
definitivamente
el reinado de Cristo y la eternidad que compartiremos con El,
los que hemos permanecido fieles a su
Evangelio.

TERCERO: Las profecías privadas, lo mismo que las visiones,
deben ser discernidas por la
Iglesia a fin de evitar confusiones.
Toda profecía que se hace pública al margen o contrariamente
al
discernimiento de la Iglesia debe considerarse como falsa.
Los promotores de ésta cometen pecado grave por atentar
contra la fe de los hermanos, sobre todo de los más débiles
y pequeños.

CUARTO: Las
profecías de Nostradamus lo mismo que las
profecías de "la Salette" son escritos no acreditados
y condenados por la Iglesia, que lo único que buscan es
arrancar la paz del corazón, creando angustia y temor
en el pueblo de Dios, por lo que deben considerarse como una
acción demoniaca.

Amados hermanos, nos
preparamos para iniciar un nuevo milenio,
una nueva oportunidad como nos lo ha hecho ver el Papa Juan Pablo
II (TMA),
para convertirnos a Jesucristo y a su Evangelio; para
enmendar nuestros errores, tanto los públicos como los
personales; para crecer en la fraternidad, en el amor, en la
caridad, en la construcción de un mundo más justo
y pacifico; en fin una nueva oportunidad para mostrarle a Dios
que lo amamos y que confiamos infinitamente en su amor que salva,
en su poder que construye en nosotros el Reino de los Cielos.

Convirtámonos no en profetas de la fatalidad sino
como
María, en profetas del amor. Volvamos nuestra mirada a
la Mujer que con su Sí total y definitivo
hizo posible
la salvación para toda la humanidad, hacia la Mujer que
con alegría visita a su primera para
hacerle saber que
el Reino es ya una realidad en su seno y darle gloria a Dios
con su vida; hacia la Mujer, que es
capaz de entregar lo más
valioso y preciado de su vida para que la salvación se
actúe, aunque con
ello se le atraviese el corazón
y se parta en mil pedazos; hacia la Mujer de la fe inquebrantable
que no
necesita de pruebas para creer que Jesús ha resucitado
pues le basta su palabra; finalmente hacia la Mujer que en
compañía
de los apóstoles supo esperar que las promesa del Señor
se realizarán y
unida a la oración de la Iglesia
pidió con ahínco que el Espíritu de Dios,
de la cual ella
gozaba en su plenitud, se derramara sobre toda
creatura par renovar al hombre y al mundo.

Sí hermanos,
María tiene todavía mucho
que decirle al mundo, pero lo que tiene que decirle está en
las
páginas del Evangelio. Imitémosla, amémosla
y busquemos como ella, hacer todo por Jesús y para
Jesús.
Ella no es portadora de mensajes terroríficos sino del
amor de Dios.

Que
Jesús, el Señor del tiempo y de la historia,
nos conceda iniciar un nuevo milenio vivido en el amor y la fraternidad;
que nos dé la plenitud de su Espíritu para que
el mundo, viendo nuestras buenas obras, dé gloria al
Padre
celestial; y así, unidos en un solo corazón, seamos
testigo de su misericordia en la tierra hasta
el día en
que su gloria irrumpa de manera definitiva en nuestra historia
y podamos ser todos una sola cosa en
Dios por toda la eternidad.

Como María, todo por Jesús y para Jesús.

9 de agosto de 1999

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