¡Estamos felices!

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Benedicto XVI nos alienta a los dos mil millones de cristianos en el mundo a elevar oraciones y a comprometernos para superar las divisiones que aún hoy nos separan en confesiones diferentes.

Separados, en efecto, ortodoxos y católicos; separados también  los anglicanos y las distintas confesiones cristianas que surgieron en la reforma protestante y se fraccionaron después.

El Papa dedicó a la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos su catequesis de la Audiencia General de este miércoles 19, celebrada en el Aula Pablo VI con peregrinos procedentes de todo el mundo. La conocimos ese mismo miércoles en todo el mundo, según las diferencias horarias, gracias a las mejores agencias informativas,  ZENIT en particular: “Como discípulos del Señor tenemos una responsabilidad común hacia el mundo, debemos hacer un servicio común”.

Eco del tema de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos que se está celebrando del 18 al 25 de enero, destacó el modelo de los primeros cristianos según se refleja en los Hechos de los Apóstoles:  “Como la primera comunidad cristiana de Jerusalén, partiendo de lo que ya compartimos, debemos ofrecer un testimonio fuerte, fundado espiritualmente y apoyado por la razón, del único Dios que se ha revelado y que nos habla en Cristo, para ser portadores de un mensaje que oriente e ilumine el camino del hombre de nuestro tiempo, a menudo privado de puntos de referencia claros y válidos”.

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Para ello, indicó la importancia de “crecer cada día en el amor mutuo, empeñándonos en superar esas barreras que aún existen entre los cristianos; sentir que existe una verdadera unidad interior entre todos aquellos que siguen al Señor; colaborar lo más posible, trabajando juntos sobre las cuestiones aún abiertas; y sobre todo ser conscientes de que en este itinerario el Señor debe asistirnos”. E invitó a perseverar en la oración “implorando de Dios el don de la unidad, para que se cumpla para el mundo entero su designio de salvación y de reconciliación”.

El Papa se detuvo a explicar las cuatro características que definen a la primera comunidad cristiana de Jerusalén como “lugar de unidad y de amor” y extrajo lecciones para la actualidad.

Esa comunidad se caracterizaba por la “escucha de la enseñanza de los apóstoles” y la “comunión fraterna”, y en ella “era esencial también el momento de la fracción del pan” y “la oración” como actitud constante que acompaña la vida cotidiana.

Respecto a la fracción del pan, indicó que “la comunión en el sacrificio de Cristo [en la Misa] es el culmen de nuestra unión con Dios y representa por tanto también la plenitud de la unidad de los discípulos de Cristo”.

En este sentido, destacó que “durante esta semana de oración por la unidad es particularmente vivo el lamento por la imposibilidad de compartir la misma mesa eucarística, signo de que estamos aún lejos de la realización de esa unidad por la que Cristo oró”.

Destacó finalmente que “la oración es desde siempre la actitud constante de los discípulos de Cristo, lo que acompaña su vida cotidiana en obediencia a la voluntad de Dios”.

Concluyó con una invitación: “Abrámonos a la fraternidad que deriva de ser hijos del único Padre celeste, y por tanto a estar dispuestos al perdón y a la reconciliación”.

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"¡Estamos felices! Pocas veces un Papa manifiesta con tanta sencillez sus sentimientos. El pasado domingo 9 de enero lo hizo Benedicto XVI al recordar a miles de peregrinos que el 1 de mayo beatificará a Juan Pablo II. Después de que en este 14 de enero aprobara la publicación del decreto que reconoce un milagro atribuido a la intercesión de Karol Wojtyla, en su primer encuentro público del año el Papa no pudo ocultar "la alegría de proclamar beato al venerable papa Juan Pablo II, mi amado predecesor". 

Como ha explicado L'Osservatore Romano, se trata de un hecho sin precedentes, pues desde que tienen lugar los procesos canónicos de beatificación, en los últimos diez siglos nunca un papa había elevado a la gloria de los altares a su predecesor. 

Benedicto XVI explicó además que "la fecha escogida es muy significativa: de hecho, será el segundo domingo de Pascua, que él mismo dedicó a la Divina Misericordia, y en cuya vigilia concluyó su vida terrena".