Exhortación a la oración común en tiempos de violencia e inseguridad

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Mensaje de Cuaresma de Mons. Ramón Calderón Batres, Obispo de Linares 

Nada de lo humano me es ajeno, decía un autor latino de la antigüedad. La fe nos enseña que nadie más que Cristo puede aplicarse esta sentencia en toda su extensión, pues Él ha padecido en todo semejante a los hombres, menos en el pecado, para ser el Sumo Sacerdote compasivo que nos convenía (cf. Hb 4,15). 

También nos enseña la fe que Cristo nos ha hecho partícipes de su sacerdocio cuando, por su sangre derramada en la cruz, hizo de nosotros un Pueblo de sacerdotes y reyes para nuestro Dios y Señor (cf. Ap 1,4-7). 

Ser pueblo que participa del sacerdocio de Cristo es ser un pueblo que, junto con los hombres y mujeres de su tiempo, padece las mismas dolencias y necesidades, las mismas alegrías y esperanzas y, por tanto, es capaz de acercarse al hombre para presentar juntos al Padre las necesidades comunes a todos para que él nos dé lo que más nos conviene. Dicho de otro modo, ser Pueblo Sacerdotal significa, entre otras cosas, ser un pueblo que intercede por todos los hombres ante Dios. 

En este año sacerdotal, convocado por el Papa Benedicto XVI a propósito del 150º Aniversario de la muerte de san Juan María Vianney, mi carta de cuaresma quiere ser una invitación a tomar consciencia de esta realidad bautismal de todos los fieles: que participamos del sacerdocio de Cristo. Al mismo tiempo quiere ser una exhortación a ejercer este sacerdocio en la oración a favor del pueblo mexicano y, particularmente, de los pueblos que conforman la diócesis de Linares, en nada ajenos a la ola de violencia que se ha desatado en todo el país. 

Las prácticas propias de la Cuaresma son el ayuno, la oración y la caridad. El ayuno nos ayuda a sentirnos unidos a quienes padecen más necesidades que nosotros, en la oración nos hacemos conscientes de que somos hijos del único Padre que nos concede más de lo que necesitamos, y en la caridad nos mostramos solidarios con quienes requieren de nuestro apoyo. Estas prácticas son expresión de aquello que hemos de hacer los seguidores de Jesús, nuestro maestro y hermano: 

«Han oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pues yo les digo: no resistan al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra; al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda. 

«Han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo les digo: Amen a sus enemigos y rueguen por los que los persigan, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos (Mt 5, 38-45). 

Con esto, el Señor nos recuerda que no es a fuerza de mal como acabaremos con el mal, sino que hay que vencer el mal mediante las buenas acciones que nos hacen comprobar que somos hijos del Padre que en todo obra el bien hacia nosotros. Lo mismo nos recuerda el apóstol Pablo cuando, invitándonos a ser humildes, dice en la Carta a los Romanos: 

Sin devolver a nadie mal por mal; procurando el bien ante todos los hombres; en lo posible, y en cuanto de ustedes dependa, en paz con todos los hombres; no tomando la justicia por cuenta de ustedes, queridos míos, dejen lugar a la ira, pues dice la Escritura: Mía es la venganza; yo daré el pago merecido, dice el Señor. Antes al contrario: si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber; haciéndolo así, amontonarás ascuas sobre su cabeza. No te dejes vencer por el mal antes bien, vence al mal con el bien (Rm 12, 17-21). 

El día en que Jesús fue consagrado por Dios como Sumo Sacerdote, fue el día de su pasión, el viernes Santo, cuando desde el altar de la cruz intercedió por quienes lo crucificaron y por todos nosotros diciendo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23, 34). 

Los invito, pues, a que el próximo Viernes Santo, 2 de abril, en las ciudades y pueblos, organizados por las parroquias, se tengan manifestaciones de oración mediante el rezo del viacrucis y portando cada uno signos de no violencia en sus manos. También hemos de aprovechar el tiempo de la Cuaresma para orar por la paz, no sólo en la celebración Eucarística, sino también en las diversas devociones como son: el Santo Rosario; el rezo del Viacrucis; la oración ante el Santísimo Sacramento, particularmente en las Horas Santas, las Horas Apostólicas y la Adoración Nocturna; la oración de intercesión a la que tanto recurre el Movimiento de Renovación Carismática, y la Salutación Sabatina, entre otras prácticas de piedad del pueblo santo de Dios. 

No desfallezcamos en la oración, no dejemos que el mal y la violencia amedrenten nuestro espíritu pues sólo en Dios encontrará descanso y seguridad nuestra vida. 

Que la intercesión de la Santísima Virgen de Guadalupe nos ayude a llevar a nuestra nación hacia el progreso por caminos de justicia y de paz. 

Esta circular ha de ser leída a los fieles reunidos en las celebraciones del Miércoles de Ceniza y del Primer Domingo de Cuaresma. 

San Felipe de Linares, 15 de febrero de 2010. 

 

+ Ramón Calderón Batres, Obispo de Linares