¿Existe el demonio? ¿No es un invento de nuestros miedos?

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RESPONDO con el resumen del Catecismo de la
Iglesia Católica nnº 391-395:

'Detrás de la elección desobediente de nuestros
primeros padres se halla una voz seductora, opuesta a Dios que, por envidia, los
hace caer en la muerte. La Escritura y la Tradición de la Iglesia ven en este
ser un ángel caído, llamado Satán o diablo. La Iglesia enseña que primero fue un
ángel bueno, creado por Dios. Diabolus enim et alii daemones a Deo quidem
natura creati sunt boni, sed ipsi per se facti sunt mali
(''El diablo y los
otros demonios fueron creados por Dios con una naturaleza buena, pero ellos se
hicieron a sí mismos malos'') [Concilio de Letrán IV].

La Escritura habla de un pecado de estos
ángeles. Esta ''caída'' consiste en la elección libre de estos espíritus creados
que rechazaron radical e irrevocablemente a Dios y su Reino. Encontramos un
reflejo de esta rebelión en las palabras del tentador a nuestros primeros
padres: ''Seréis como dioses'' (Gn 3,5). El diablo es ''pecador desde el
principio'' (I Jn 3,8), ''padre de la mentira' (Jn 8,44).

Es el carácter irrevocable de su elección, y no
un defecto de la infinita misericordia divina lo que hace que el pecado de los
ángeles no pueda ser perdonado. ''No hay arrepentimiento para ellos después de
la caída, como no hay arrepentimiento para los hombres después de la muerte''
[San Juan Damasceno].

La Escritura atestigua la influencia nefasta de
aquel a quien Jesús llama ''homicida desde el principio'' (Jn 8,44) y que
incluso intentó apartarlo de la misión recibida del Padre. ''El Hijo de Dios se
manifestó para deshacer las obras del diablo'' (1 Jn 3,8). La más grave en
consecuencias de estas obras ha sido la seducción mentirosa que ha inducido al
hombre a desobedecer a Dios.

Sin embargo, el poder de Satán no es infinito.
No es más que una criatura, poderosa por el hecho de ser espíritu puro, pero
sólo creatura: no puede impedir la edificación del Reino de Dios. Aunque Satán
actúe en el mundo por odio contra Dios y su Reino en Jesucristo, y aunque su
acción cause graves daños -de naturaleza espiritual e indirectamente incluso de
naturaleza física- en cada hombre y en la sociedad, esta acción es permitida por
la divina providencia que con fuerza y dulzura dirige la historia del hombre y
del mundo. El que Dios permita la actividad diabólica es un gran misterio, pero
''nosotros sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que
le aman'' (Rm 8,28)'.