La Fiesta de Pentecostés - Para restaurar nuestro rostro

ImprimirImprimirEnviarEnviarPDFPDF

 

1) Para saber

Después de cincuenta días de la fiesta de la Resurrección de Jesucristo, termina el tiempo pascual con la solemnidad de Pentecostés. Fiesta que nos habla de la llegada del Espíritu Santo y nos recuerda el papel insustituible que tiene en nuestras vidas para alcanzar la santidad a la que estamos llamados.

Nuestra vida espiritual ha de estar dirigida a parecernos cada vez más a Jesús. Sin embargo, es una meta muy alta. No podríamos alcanzarla jamás si no fuera por la acción de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, llamada también Paráclito.

Su acción sobre nosotros se compara a la de un escultor que plasma la imagen del modelo. En nuestro caso, el modelo es Jesucristo y el escultor el Espíritu Santo.

2) Para pensar

Cuando un gran artista logra crear una obra de arte que supera en perfección a todas las demás por su armonía, orden y belleza, se dice que es su "obra maestra". Por ejemplo, algunos críticos de arte señalan que la obra maestra de Miguel Ángel es "La Piedad", donde representa a la Santísima Virgen María, joven, bella y piadosa, que sostiene el cuerpo inerte de su Hijo Jesucristo bajado de la cruz. Es una composición triangular sosegada y llena de ternura en donde la juventud de la Virgen es muestra del idealismo renacentista. Se trata de representar el ideal de belleza y juventud.

Vasari, escritor de arte del siglo XVI, es célebre sobre todo por sus biografías. Cuando escribe sobre La Piedad, señala que «es una obra a la que ningún artífice excelente podrá añadir nada en dibujo, ni en gracia, ni, por mucho que se fatigue, en poder de finura, tersura y cincelado del mármol».

En una ocasión esta imagen fue llevada a Estados Unidos en donde la pudieron contemplar 27 millones de personas. En esa ocasión un fotógrafo pidió permiso para poder fotografiarla en privado bajo diferentes ángulos e iluminación. Sacó más de 5000 fotografías, cuando aún no había cámaras digitales.

Años después, en mayo de 1972, ya en Roma, un hombre perturbado golpeó con un martillo el rostro de la Virgen. Se recogieron todos los fragmentos y gracias a las fotografías que le habían sacado, pudo ser restaurada la imagen recuperando su belleza original.

Algo semejante sucede en cada uno de nosotros. Fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, pero el pecado nos ha desfigurado. Es preciso ser “restaurados”, recuperar la imagen de Dios. Y esa tarea la lleva a cabo el Espíritu Santo, al formar en nosotros la imagen de Jesucristo.

Pero a diferencia del mármol que es inerte, nosotros somos seres libres que hemos de contribuir con el Paráclito obedeciendo sus inspiraciones, para que también seamos una “obra maestra”, es decir, alcancemos la santidad.

3) Para vivir

Es conveniente, pues, examinarnos y mirar si estamos correspondiendo a la acción del Espíritu Santo quien nos ayudará dándonos luces a fin de detectar aquello que tengamos que quitar o cambiar para que pueda lograr en nosotros esa imagen de Cristo.

San Josemaría Escrivá nos aconseja: “Frecuenta el trato del Espíritu Santo –el Gran Desconocido– que es quien te ha de santificar. No olvides que eres templo de Dios. El Paráclito está en el centro de tu alma: óyele y atiende dócilmente sus inspiraciones.” (Camino 57).