Getsemaní

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Getsemaní
 
 



Fuiste mi Señor ¡Amor! al huerto,
y así se inició tu ansiado calvario;
¡Suspendido se detuvo el tiempo!
y, el Padre y el Espíritu miraban.
Vengo, Amor, a encontrarme contigo
para saber ¡Oh Cristo! por que vivo,
penetrando el dolor el agudo abismo,
para fundirme contigo en un abrazo.
El alma triste, vestida de angustia,
nadie te acompaña y calma tu dolor;
duermen los tuyos y el terror te acosa,
llora tu cuerpo sangre copiosa ¡amor!
En la noche fría del oscuro huerto,
vine a pedirte Oh Cristo del Olivo,
de Tu alma pura, un dolor puro,
que me transportara contigo al cielo.
Y al filo de la aurora cantó el gallo,
Amor que de noche y a oscura velas,
enséñame Oh Cristo a llorar contigo,
Tú, mi Señor, que de amores mueres.
Vivir contigo la noche de tu alma,
cuando pedías se apartara el duelo,
más no Tu voluntad, sino la Suya,
clamabas al Padre del universo entero.
Saber Oh Cristo, pedir contigo alivio,
para aceptar por siempre abnegado,
apurando hasta las heces el martirio,
y en amor morir, salvando al hermano.
 

El alma conturbada, triste y sola,
se eleva en ansias hasta el Eterno;
¡Padecer con Cristo, no es locura!
sino sublime elevación al cielo.
Para encontrarle sentido al duelo,
dolor que en mortal aprieto ciñes,
es preciso vivir horas de tinieblas,
porque su cruz es nuestro consuelo.
Fue tu dolor, Jesús, el dolor primero,
sabiendo que muchos no irían al cielo,
fue tu noche, Pasión, noche de entrega,
oblación de amor, sin queja ni estrella.
Hondo tiempo de sufrimiento intenso,
viendo el mundo padecer a Cristo,
cerró sus ojos sobrecogido el cosmo,
ante la tortura del manso Cordero.
Cordero puro sin mancha ni pecado,
solo te dejaron... los rindió el sueño,
por no verte en tan fiero, cruel estado
misericordioso los venció el cansancio.
Quiero amor mis ojos bien despiertos,
sufrir contigo cada instante silencioso, ¡que bien me hablan de tu tormento!
sometida tu alma en terror y espanto.
Vine a pedirte, Cristo del Calvario,
velar contigo en la noche de tu llanto,
sentir tu soledad invadiendo el alma,
y entregarme en abandono y calma.

Se retuerce el alma en agudo dolor,
verte, Amor, sufrir por mi desamor,
comparte conmigo tu cruel sinsabor,
llévame a tu espíritu, pozo de amor.
Antes de que llegue el día, Señor,
permíteme en Ti y contigo estar,
en esta silenciosa e infinita noche,
donde me enseñaste lo que es amar.
Saber contigo que todo lo puedo,
el tiempo en sus horas no volverá,
me anima contigo a oscuras velar,
en el sagrado huerto de la eternidad.
Antes de que el gallo cante ¡Amor!
¿Cuántas veces te habré de negar?
oscura noche de sombra y tinieblas,
pecado y perdón, tus ojos en los míos.
No me aparte Jesús mío del Calvario,
déjenme beber gota a sorbo Tu dolor,
que en cruz clavada quede mi pecado,
pues en ella vive la vida y el perdón.
Mansamente sometido espíritu y alma,
libremente en amor se entregaba el Hijo,
mientras del cielo manaba la esperanza,
preludio de gloria, redención del mundo.
Pase de mí la tristeza oculta ¡Dolor!
de no poder por ti, en ti y contigo velar,
y en la amarga hora tu cáliz beber,
todo consumado, Amor, al cielo volar.