Habla el hermano mayor.....

ImprimirImprimirEnviarEnviarPDFPDF


Es domingo por la mañana y podemos ver a la familia Martínez disfrutando de una película de matiné.

A la hora del intermedio, Miguel y Gaby -de cinco y tres años-
salen corriendo por los pasillos del cine, entre risas y uno que otro
grito, se ve que están muy divertidos, lo que se dice una infancia
feliz.

Eduardo, el hermano mayor, el primogénito, o sea el que tiene la
"enorme" cantidad de siete años, no puede resistir la tentación de
unirse a jugar con sus hermanos, pero... ¡imagínese! Ya son tres los
niños Martínez que andan corriendo por el cine entre gente, ruido y con
el peligro de empujarse y lastimarse.

Casi en el mismo instante en que Eduardo se levanta para jugar, se
escucha el siguiente grito por parte de sus padres, los dos a un mismo
tiempo: "¡Eduardo, Eduardo, ven para acá!".

¿Por qué nada más le hablan a Eduardo? Nada menos que por ser el primogénito. Escuchemos:

- Dime mamá.

- Hijo, ya siéntate, pareces un bebé corre y corre.

- Pero mamá... ¿por qué mis hermanos sí pueden correr y yo no?

- Porque tú eres el grande, el que debe dar el ejemplo, así que siéntate.

A Eduardo no se le hace nada fácil quedarse sentado, sencillamente
porque... ¡es un niño! aunque le haya tocado la casualidad de ser el
primero, sin culpa alguna, por cierto.

A pesar de lo que piensan sus padres, Eduardo hace más caso a sus
inquietos impulsos, se para encima de la butaca y por lo pronto se
contenta con echar porras a sus hermanos.

Los hacen crecer "a fuerza"

Muchos padres parecen ver a sus hijos primogénitos, mayores de lo
que en realidad son. ¿Por qué será que a los primogénitos se les trata
de diferente manera que a los hijos menores? ¿No seremos los padres los
que consciente o inconscientemente les impedimos ser niños por el
tiempo necesario?

En todas la familias, el primer hijo viene siendo el que convierte
en padres a la pareja, por lo tanto, es el que da las primeras
experiencias de entrega, sustos, desvelos y satisfacciones. Sin
embargo, ¿no será también el primogénito una especie de conejillo de
indias, el hijo con el cual aprendemos los papás a ser educadores?

El hecho de ser el primer hijo de la familia lleva consigo sus
ventajas y desventajas. Por ser el mayor, se le puede exigir mucho,
como cuidar de los hermanos pequeños o por otro lado darle ciertas
preferencias.

La verdad es que la mayoría de los adultos, a quienes les tocó ser
el mayor de los hijos, se queja de su "amarga suerte" pues sus papás
les prohibieron muchas diversiones y muchas conductas que a sus
hermanos menores... ¡ni en cuenta!

Por el solo hecho de ser el mayor, cualquier extremo parece malo a
los padres. Lo importante, entonces, es buscar el punto de equilibrio
para tratar, tanto al primogénito como a cada uno de los hijos, sea el
menor, el mayor o el "sandwich" (el de enmedio).

Definitivamente, el lugar que ocupan los hijos en nuestra familia
influirá grandemente en el desarrollo de su personalidad. El
primogénito, por ejemplo, puede ser o no un líder natural y eso, a
veces le trae frustraciones ya que los demás miembros de la familia
esperan demasiado de él y no siempre podrá cumplir con las expectativas
que sus padres le han trazado.

Es tarea de los padres sacar el mayor provecho de los hijos
primogénitos ya que se ha comprobado que poseen ciertas cualidades que
bien encaminadas los puede llevar a convertirse en unos triunfadores.