¿He tenido una experiencia de Cristo o qué puede ser?

ImprimirImprimirEnviarEnviarPDFPDF

Respuesta:

Estimada Adriana:

Tal como usted me lo describe no se trata de ningún fenómeno
sobrenatural. Dios es dueño del alma y, como dice San Ignacio de
Loyola, entra y sale cuando quiere y sin hacer ruido. Cuando una
persona se confiesa de sus pecados y pasa del estado de pecado al
estado de gracia, Dios Uno y Trino, comienza a vivir en su alma, como
enseña Jesucristo en el sermón de la última cena; pero física o
psicológicamente esa persona no 'siente' nada. Asimismo, cuando una
persona adulta se bautiza tiene una experiencia sobrenatural altísima:
Dios lo hace hijo suyo y comienza a vivir en su corazón... y no
'siente' nada. Dios no necesita hacer ruido para entrar y salir del
corazón. Más todavía: cuando comulgamos con devoción en la Santa Misa
recibimos el mismo cuerpo de Jesús y cuando oímos Misa estamos ante el
Sacrificio de Cristo en el Calvario... y ninguna sensación extraña en
nuestro cuerpo experimentamos. ¡No puede haber actos espirituales más
grandes (esencialmente hablando) que nuestra presencia a la Pasión y
nuestra unión con el mismo Cuerpo y Alma y Sangre y Divinidad de
Jesucristo, o tener la inhabitación de la Trinidad Santísima en
nuestros corazones!

San Ignacio en sus reglas de discernimiento de
espíritus (Ejercicios Espirituales) explica precisamente que es el mal
espíritu quien hace ruido y turba y confunde al entrar en el corazón
(por la tentación, la confusión), y muchas veces lo hace disfrazado de
bien, pero justamente lo podemos descubrir por su 'torpeza' al actuar.

Por lo que usted me explica, me da la impresión de
que usted ha sufrido un estado de sugestión colectiva, muy común en
algunos grupos de oración carismáticos. Esto no es bueno, y es una pena
que persona muy buenas (porque muchas lo son) se confundan sobre la
naturaleza de la vida espiritual y de las experiencias espirituales.

Recuerde las palabras de Cristo en la última cena
(que son muy serenas y aseguradoras): 'al que me ama y cumple mis
palabras (entiéndase 'mandamientos' o simplemente 'voluntad de Dios')
mi Padre y Yo vendremos a él y haremos morada en él'.