Hijos de la santa muerte

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Hijos de la santa muerte

 

Esta semana pude atender, una vez más, a otro hombre minutos antes de que muriera. Él trabajaba haciendo la limpieza en unas oficinas... las de la policía en San Pedro Garza García, Nuevo León, y como ha sucedido en otras ocasiones, unos cobardes lo mataron al disparar contra los policías que estaban a punto de hacer su cambio de guardia. Otro inocente más en una guerra sucia, muy sucia. 

Como sacerdote, creo en la Providencia Divina , y estoy convencido que Dios me permitió acercarme a Silvestre, en el hospital, para que se fuera al Cielo lo más pronto posible. No sé si esto les molestará a sus asesinos. Pienso que les tiene muy sin cuidado. Disparar armas de fuego de alto poder sobre un hombre que se ganaba la vida barriendo con una escoba no es de hombres. ¿Podrá alguien sentirse orgulloso de matar de esa forma? Definitivamente no. Bajo ningún esquema. 

Tal parece que a los narcos no les preocupa Dios. Hay quienes dicen que sólo le tienen devoción a la “santa muerte”, una devoción tan absurda como los negocios de estos pobres dementes. 

Supongo que los sicarios no son personas acostumbradas a leer las columnas de opinión en los periódicos. Además pienso que no deben escuchar consejos de quienes no pertenecen a su ambiente, por lo cual sería absurdo intentarlo. Pero quienes sabemos que Dios existe podemos entender que es conveniente rezar pidiendo por los narcotraficantes, los secuestradores, los asesinos y sus cómplices, pues se han dado casos de algunos a los que Dios les ha despertado la conciencia y han rectificado su camino. 

Podemos intentar sacar algo bueno de estas dolorosas experiencias. Creo que es un buen momento para reflexionar si nos estamos tomando a Dios en serio. Si lo metemos en nuestra vida y en nuestra familia, en nuestro trabajo y en nuestro descanso. Da la impresión de que hoy, en el mejor de los casos, se trata a Dios con prisa. 

Vale la pena analizar cómo nos planteamos la educación de los menores, pues todos los vicios debilitan la voluntad. Los vicios como las virtudes los formamos con la repetición de actos. Los vicios nos pueden resultar más atractivos porque producen placer. El hecho de cumplirles sus antojos y caprichos a los niños repercute en un debilitamiento de sus voluntades y la tendencia exclusiva al gozo; es decir, los estamos preparando para que se conviertan en viciosos del alcohol, de las drogas, del sexo o de la comida.

Sumemos: Olvido de Dios, más descuido de la familia, más búsqueda desmedida de placer, más falta de comprensión e interés por los demás, ¿puede dar algún resultado distinto a los desmanes que estamos viviendo? Sí, se lo pregunto a usted, estimado lector. Es un buen momento para pensar qué estamos haciendo para remediarlo.